La vida no es una abstracción
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
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En tiempos en que se debate la posibilidad de impedir que la vida se desarrolle en el vientre materno es necesario hablar con claridad. El lenguaje confuso oscurece también las ideas y las realidades, logrando que buscando a éstas (las realidades) nos quedemos solamente con aquellas (las ideas).La vida no es una verdad abstracta sino que acontece en un sujeto concreto. Ella —la vida— comienza en un momento puntual, se desarrolla y muere. Es un ciclo natural, como en otras especies. Puede crecer mejor o peor, según las circunstancias le sean favorables o adversas. Y también es factible que termine antes de tiempo si algo le adelanta o provoca la muerte.Cuando se habla de interrupción voluntaria del embarazo hay que evitar eufemismos. Se "interrumpe" lo que luego puede continuar. Si estoy leyendo un libro o una carta puedo interrumpir la lectura y continuarla luego. Si el embarazo se interrumpe ya no puede seguir en otro momento. Por eso, en realidad se debería decir conclusión o finalización, o simplemente terminar. Si más adelante la mujer vuelve a quedar embarazada, eso no es continuidad. Es otro embarazo, otra vida distinta.Acerca de lo "voluntario" de tal decisión en estos días también hemos escuchado varias reflexiones. Si de voluntad hablamos, nos encontramos con una realidad tangible: muchas mamás quisieran continuar con el embarazo pero la presión de la familia, si se da durante los estudios secundarios, o del varón golpeador en ámbitos de cultura machista mete mucho miedo. Algunas mujeres sufren incluso pánico que paraliza. Quienes desean continuar con su vida en gestación sufren estas presiones y no son protegidas por este proyecto de ley ni por la sociedad.
