Ojo con la casa
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.
Uno de los anhelos más deseado por cualquier familia es la casa propia. Y una vez que se logra alcanzarla hay que cuidarla. Es para toda la familia. Si alguien pretende usar como exclusivamente propio algo que es común, más tarde o más temprano termina perjudicando a otros miembros de la familia. Imaginemos si alguien dice "el baño es mío" (y hay sólo uno) o "yo quiero jugar fútbol en la cocina con mis amigos". En una casa puede haber espacios más privados —o de uso personal— como la cama, y otros que son para toda la familia. Con el Planeta sucede algo semejante. Es hogar para toda la familia humana. Pero lamentablemente sucede que una pequeña parte de la humanidad usa por demás, y la otra parte más numerosa se debe conformar con poco. Pongamos esto en números concretos. El 20% de la humanidad más rica, ubicada en el Hemisferio Norte, consume el 80% de las fuentes de energía disponible. Con lo cual, para el 80% restante de la población mundial queda solamente el 20%, que tampoco se distribuye equitativamente. El resultado de esta injusticia es claro: mientras algunos utilizan energía para calefaccionar o refrigerar amplios ambientes con pocas personas, muchos no tienen energía eléctrica ni para una heladera. Y lo que se da en el campo de la energía, también se traslada como inequidad en el agua potable, las viviendas, la alimentación. Por eso el Papa Francisco el miércoles pasado con ocasión del Día mundial del Ambiente dijo verdades claras y contundentes. Les transcribo algunos párrafos: "Quien hoy dispone no es el hombre, es el dinero, el dinero, la plata manda. Y Dios nuestro Padre ha dado el encargo de custodiar la tierra, y no el dinero, sino a nosotros: a los hombres y a las mujeres... a los hombres y a las mujeres se les sacrifica ante los ídolos del lucro y del consumo: es la 'cultura de lo descartable'. Si se rompe un ordenador es una tragedia, pero la pobreza, los necesitados, los dramas de tantas personas terminan siendo normales". "Esta cultura de los residuos nos ha hecho insensibles incluso a los desechos alimentarios, que son aún más desechados, cuando en todas las partes del mundo, por desgracia, muchas personas y familias sufren hambre y desnutrición." "Recordemos, sin embargo, ¡que la comida que se desecha es como si fuese robada de la mesa de los pobres, de los hambrientos! Me gustaría que tomemos en serio el compromiso de respetar y proteger la creación, de estar atentos a todas las personas, para contrarrestar la cultura de los desperdicios y descartes, a fin de promover una cultura de la solidaridad y del encuentro."El egoísmo, el afán consumista, la prepotencia están llevando al agotamiento de algunas fuentes de energía no renovables y a la pérdida de biodiversidad en amplios espacios del Planeta. Mirar para otro lado no soluciona los problemas. Debemos cuidar la casa común antes que se siga deteriorando y sea demasiado tarde. En nuestro país tenemos leyes de bosques, de glaciares, de minería... Algunas más completas que otras, pero no se cumplen acabadamente. Debemos ser más responsables como ciudadanía. Quisiera destacar también dos evocaciones de los días pasados. El lunes 3 se cumplieron 50 años de la muerte del Beato Juan XXIII, el Papa bueno que revolucionó la vida de la Iglesia. El P. Carlos Galli escribió un artículo en el cual recordaba una de sus Encíclicas: "La Pacem in terris (del latín, "Paz en la tierra") enseñó que la paz se edifica sobre cuatro pilares: verdad, libertad, justicia y amor. La convivencia nacional e internacional se funda en la verdad, debe respetar íntegramente las libertades, requiere el orden de la justicia, exige ser animada por la solidaridad. Analizó tres signos de esta época: el protagonismo de las mujeres, los derechos de los trabajadores, la emancipación de los pueblos. Anticipó cuestiones globales: el respeto a las identidades, la reciprocidad entre los Estados, los intercambios libres de bienes, servicios y capitales, la crítica al equilibro armamentista del terror, la necesidad de instituciones mundiales, la solidaridad internacional. Afirmó la dignidad de la persona como base de la sociedad, los derechos humanos, el equilibrio entre derechos y deberes en una ciudadanía responsable, el derecho natural de los migrantes a circular libremente, el control de los actos de gobierno en la democracia, el equilibrio republicano entre los tres poderes". Y nos transcribía algo hermoso dicho por el Papa Juan XXIII: "La Iglesia no es un museo arqueológico que debamos conservar, sino un jardín abierto. Es la fuente de agua fresca en medio de la plaza del pueblo para que todos puedan beber en ella". Y el viernes 7 se conmemoró el día del periodista. A todos quienes tienen esa hermosa profesión, un cálido saludo.
