Adviento. La alegría: no es lo mismo estar contentos que estar divertidos.
Decía hace algunos años el Monje Menapace: “Me gustaría ver si puedo explicarme bien- quiero hacer una diferenciación entre estar divertido y estar contento.
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Y voy a usar las palabras. Saben que verter significa derramar. Por ejemplo un agua divertida, es un agua desparramada, que no tiene límites, no tiene contenedor, pero que tampoco pretende llegar a ninguna parte. Sólo es algo que esta derramado. En cambio un agua contenta es un agua contenida que acepta los límites y que, por tanto, puede ser utilizada, transportada, puede abrevar, puede limpiar, puede refrescar(...) Pienso que lo mismo pasa con la alegría. Una alegría divertida es una alegría que se desparrama, que no tiene objetivos, no tiene metas, no tiene nada en particular, sólo se derrama, no tiene ninguna finalidad. En cambio una alegría contenta, contenida, es una alegría que se puede transportar, llevar y dura más allá del momento en que se vive".El tercer domingo de adviento se llama el "domingo del gozo" y es-para los católicos- una exhortación a recibir la alegría del Nacimiento de Jesús.Pero ¡cuidado! La modernidad reciente nos ofrece mucha diversión lo que significa mucha energía en divergencia, desparramada en mil distracciones, en imágenes del "zapping", en pequeños mensajes sin conexión o en simples y anodinos "me gusta" de las redes sociales.Se nos ofrece como diversión la velocidad, el ruido, la violencia en sus distintas formas, la sexualidad sin compromiso, la "timba", la droga y el alcohol, o el pensamiento mágico cuando "las papas queman".Y a veces como solución a todo esto se ofrece la espiritualidad de la meditación sin Dios, de la respiración sin el Soplo Divino del Espíritu Santo y la "era de acuario" sin el Agua Viva que nace del Corazón Abierto.Adviento nos llama a la "alegría contenta" la que nace de sabernos "contenidos" en el Amor Incondicional de un Padre que se manifiesta en la debilidad de un Niño.Esa alegría nace de los vínculos sólidos, sanos y sanadores que brotan en las comunidades familiares que rezan, aman y perdonan y en las ciudades que rezan, aman y perdonan.Nace también de sabernos perdonados y por eso deudores de la gratitud. (Sin gratitud no hay alegría verdadera, hay sólo lamentos por lo no vivido, por lo padecido).La alegría nace también de la contemplación de la belleza. Pero ¿de qué belleza? ¿la que procede de los cuerpos desnudos que ofrece la pantalla? Si la "belleza salvará al mundo" como decía Dostoievski ¿de qué belleza se trata? ¿qué belleza garantiza la salvación y la alegra?Adviento enseña que la belleza que salva y que alegra es la del amor entregado como decía el Cardenal Martini. La belleza que salva es la que proviene de la verdad. El esplendor de la verdad es la belleza. No podemos vivir sin la verdad. El relativismo de nuestros días en el que se ha diluido el límite entre el bien y el mal no conduce a la felicidad verdadera si no a la diversión de lo diversificado de lo que no tiene centro, de lo que no tiene unidad.El Corazón de María de Nazaret, la nueva Eva, es el corazón más feliz porque está unificado en la Belleza de la Palabra Encarnada, en la belleza del amor entregado hasta el extremo.Adviento y Navidad nos enseñan también que nos gozo verdadero sin celebración verdadera, la celebración que nace de los corazones que viven en comunidades "contenidas" que contagian "las verdaderas razones del gozo".
