17 de Septiembre: Día del Profesor
“Educar es mucho más que enseñar: es humanizar.”
En Argentina se celebra mañana el “Día del Profesor”, en honor al insigne profesor, orador, escritor, periodista y educador José Manuel Estrada, que nació el 13 de julio de 1842 y falleció el 17 de septiembre, de 1894. Desde muy joven colaboró en diferentes periódicos juveniles. Cuando tenía 22 años fue proclamado por Avellaneda como “el primer escritor del país” por su libro “Comuneros del Paraguay”.
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Estrada cautivó a los jóvenes por ser poseedor de una brillante oratoria. Fue profesor del Colegio Nacional y de la Universidad de Buenos Aires. En 1882, fundó el diario "La Unión", desde donde defendió la necesidad de lograr la unión nacional, bajo los ideales católicos. Destituido como profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires: "Con las astillas de las cátedras destrozadas por el despotismo haremos tribunas para enseñar la justicia y predicar la libertad"."La profesión de educador exige vocación,conocimientos, disciplina y respeto" Quizás dista mucho el concepto y la función del profesor que me tocó vivir como alumna y como docente, al que en estos días se "practica". Es cierto, el mundo ha cambiado, en muchos casos evolucionado, pero lamentablemente en otros, ha involucionado, sobre todo en lo que se refiere a valores y responsabilidades, y eso depende de todos los actores que conforman una sociedad. La profesión de educador exige vocación y conocimiento científico de la materia que se quiere enseñar y, de estos dos puntos claves, surge la disciplina y el respeto que se despierta en sus alumnos. Dije respeto, no temor, que también lo hubo, y hay en algunos casos, lo que considero que no es buen camino, ya que predispone mal al alumno y muestra la debilidad del docente. Los buenos profesores además de expertos en su disciplina y pautas pedagógicas, muchas de ellas surgidas de la necesidad y placer de transmitir, deben ser hombres y mujeres de bien, con valores éticos que constituyan un ejemplo, poseer una sólida formación en cultura general y... deben tener un sólido equilibrio emocional. Todo esto reunido genera un verdadero espacio de aprendizaje.Pero... ¿es nuestra sociedad actual consciente de estos requisitos? ¿Se difunde y promueve la necesidad de una verdadera vocación y sólidos conocimientos que cautiven a los alumnos creando un clima distendido y con espontánea disciplina? Suele ocurrir que la falta de posibilidades para cursar otros estudios superiores, como la necesidad de trabajo, hacen ver a la docencia como una salida laboral rápida, ya sea en lo estatal, en lo privado, como en lo particular, y quizá ahí radica uno de los problemas de este tiempo. El docente de los distintos niveles, y en especial el profesor del nivel medio que tiene a su cargo cátedras con adolescentes, hoy ve truncados muchos de sus proyectos porque por más vocación y conocimientos que posea, tiene a su cargo un asistencialismo y una presión devenida de programas educativos que empobrecen la calidad de los egresados ya que deben dejar pasar errores, faltas, inasistencias, desatenciones, agresiones, desinterés por el estudio y poca ayuda familiar. Es posible que muchos se sientan cansados, que el estrés los invada, que el dejar hacer haya ganado la batalla, y no quisiera estar en ese lugar porque lo considera angustiante. No lo viví en ninguna de mis etapas educativas, pero ahora sí lo percibo, lo palpo, lo sufro. Ser docente es una vocación, es entrega de saberes, es espontánea disciplina que despiertan la admiración por los conocimientos, es calidez, comprensión; es ser amigables, sin dejar de ser "el profesor", el guía. Tengo un recuerdo imborrable de los profesores que me enseñaron, los que me prepararon para superarme, me exigieron, me mostraron que el camino a seguir no era de rosas, sino que en él había y hay muchas espinas. También en ese camino hubo otros llamados docentes que perdían sus horas hablando trivialidades; esos no merecen nostalgia alguna. Desde mi lugar de docente jubilada que transitó caminos difíciles, de barro, lluvias, escuelas húmedas, frías, carencias, a las que tratábamos entre todos de darle calidez amasada con verdadera entrega, como también anduvo senderos florecientes al ver avanzar los alumnos por caminos de progreso y felicidad, y que aún recibe el saludo sincero de alumnos de hace muchos años, agradecimientos y abrazos de colegas, estrecho con esperanza a todos los profesores, deseando que el camino que eligieron sea el acertado, que el respeto lo ganen transmitiendo conocimientos con exigencia no exenta de calidez, que sean reconocidos como verdaderos, imprescindibles e insustituibles forjadores del mañana, para que cuando terminen la tarea se sientan que han contribuido a transformar la realidad, a cimentar el futuro, y puedan decir como yo lo dije al marcharme de la escuela: "¡Fui muy feliz!".Prof. Graciela Saavedra
