El Cordero
En nuestra zona de chacras hay quienes cuidan corderitos para el consumo familiar. Sucede que se encariñan con esos animalitos como con una mascota: mutuamente se conocen: el cordero gusta la voz del dueño y éste identifica a sus animalitos. Pero el dueño sabe que en algún momento el cordero será sacrificado; sabe que ese es su destino.
El chacarero sabe que todos los cuidados que recibe su animal son para luego convertirlos en alimento que de vida.Un cordero representa la humildad y la disponibilidad al servicio, al sacrificio.Su vida está marcada por el límite: el límite del sacrificio que lo convierte en alimento, en vida.En la antigüedad, sobre todo en medio oriente, era común que los miembros de los pueblos pastoriles sacrificaran en acción de gracias a sus dioses los corderos primogénitos en acto ritual.En el templo de Jerusalén, en los tiempos bíblicos, se sacrificaban corderos en acción de gracias a Dios que tanto había beneficiado a su pueblo.Juan Bautista que era hijo de un campesino sacerdote de la Antigua Alianza sabía muy bien todo esto.Cuando el Bautista presentó a Jesús de Nazaret a sus discípulos lo señaló justamente como el "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1) (Palabras que usamos los católicos en cada celebración de la Misa).El Bautista no ilusionó a sus discípulos cuando presentó a Jesús: no se trataba de recibir a un León que imperaría desde la manipulación que genera el miedo y desde la violencia; se trataba de salir al encuentro del que tiene disponibilidad humilde para el sacrificio para luego convertirse en alimento. Como los corderos de nuestras chacras.Ahora en tierras de Galilea y de Judea había aparecido el definitivo Cordero, prefigurado por los corderos inmolados en el Templo: El mismo Cordero se convertiría en Sacerdote, Altar y víctima.Ahora los discípulos del Bautista tenían que aprender de la disponibilidad al sacrificio por Dios Padre y por los hermanos con el ejemplo y con la Fuerza del Cordero sin mancha.Ahora los discípulos aprenderían del valor de la vida entregada, de la vida puesta al límite del servicio, de la adoración, del sereno abandono en las manos de la Providencia.En ese momento la historia comenzó a cambiar: la vieja soberbia que todo lo destruye se tornaría en humildad que permite la caridad. "Donde está la humildad está la caridad", decía San Agustín. Ahora los hombres y las mujeres de todos los lugares y de todos los tiempos comprenderían que el único camino de la alegría es confiar y abandonarse en las manos de Dios: de nada vale rezongar contra sus designios o preguntarle acerca de ellos con rebeldía desafiante.No basta estar bien para empezar a entregarse como se entrega un cordero. Hay que empezar a entregarse para recobrar la alegría: es una de las paradojas del ser humano. Sólo cuando se olvide de sí se encuentra a sí mismo. Sólo cuando el hombre "se interrumpe a sí mismo" para dar lugar a otros se re conoce a sí mismo. Sólo "cuando pierde su vida la encuentra", sólo cuando se ofrece en sacrificio se convierte en alimento para los demás es decir en portador de vida. Pbro. Jorge H Leiva
