El dolor y las reacciones
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A los gualeyos nos ha tocado convivir con el horror de los hechos que culminaron con la muerte de Micaela García; dolor y horror que ha trascendido el ámbito local para horadar los sentimientos y la sensibilidad del conjunto de la sociedad. Las vejaciones sufridas por la estudiante que perdiera la vida por la abyecta conducta del homicida conmueven el alma y las entrañas, generando reacciones que, en algunos casos, descienden a niveles no deseados.- Y seguramente no deseados por la propia víctima.-Pueden resultar comprensibles las exteriorizaciones que claman por la pena de muerte y que provienen de quienes profesan cotidianamente un irrestricto respaldo a la vida; o las de aquéllos que señalan como culpables a las autoridades, sean municipales, judiciales o policiales, a quienes les atribuyen omisiones que, también seguramente, han existido.- O actuaciones de difícil justificación, como la puesta en libertad de quien se ha confesado responsable, a quien la corporación se apresta a proteger, ayudada por la lavada opinión del colegio de abogados.- Pero acá hay que detenerse y entre la conmoción frente a lo aberrante, tratar de serenar los espíritus sin que el genuino dolor nos precipite al desenfreno de las bajas pasiones, que tiende a equipararnos con la bestia.- Que esperamos sea duramente castigada por quienes tienen la obligación de hacerlo.-La muerte -lo ha expresado con anterioridad algún pensador- es incuestionablemente igualitaria, aunque en ocasiones la vivamos como palmariamente injusta.- Y es igualitaria porque no hace distinciones de ninguna clase y en algún momento a todos nos llega.- Pero se nos aparece injusta cuando sorprende a un niño, a un adolescente, a una madre o padre joven. O a Micaela, porque troncha una vida en plenitud y en circunstancias incalificables, exacerbándose la injusticia porque tanto sus amigos, profesores y familiares la caracterizan como una excelente persona, responsable en sus estudios y con un compromiso social que la enaltece.-De allí que frente a tanta reacción desmesurada resulte sorprendente por conmovedora, la entereza, mesura y ecuanimidad de sus padres que, aún quebrados por el dolor, han reaccionado despojados de cualquier sentimiento de venganza, sin caer en el facilismo de considerar culpables a quienes, aunque puedan resultar responsables por la inexplicable libertad que gozaba el homicida o por fallas en la prevención o falencias en los elementos de seguridad, no han querido ni se les ha representado el horroroso desenlace.- Este facilismo estéril no puede visualizarse sino como una suerte de catarsis personal que dificulta o impide cualquier posibilidad seria de superación.-Por ello debe resaltarse el ejemplo de los progenitores de Micaela, que se han comprometido a luchar por los ideales de su hija para que todos vivamos en una sociedad mejor, sin pedir compartir líneas de pensamiento sino apuntando a la mejora social, desechando avivar las brechas o grietas que ya existen entre compatriotas.- Y que entre todos debemos tratar de obturar con nuestra conducta cotidiana, para que resulte difícil padecer -nuevamente- el drama que hoy nos toca vivir.- Caton
