El elogio del sacrificio
La palabra "sacrificio" proviene del latín "sacro" + "facere"; es decir, "hacer sagradas las cosas", honrarlas, entregarlas. En la antigüedad hacer sagrada una cosa tenía casi siempre relación con la privación. Por ejemplo en las tribus nómades la comunidad se privaba de la primera cría del ganado y se la dedicaba a los dioses como señal de gratitud, se la “sacrificaba”; lo mismo hacían los agricultores con la primera de las espigas recogidas en tiempo de cosecha. La comunidad se privaba de los primeros bienes en señal de gratitud.
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Nosotros vinculamos ese término con "dolor, pérdida". En este sentido es muy bello el término "abnegación". Se define como una absoluta y espontánea renuncia que alguien hace de su voluntad, de sus afectos, de sus gustos o de sus intereses personales, generalmente por motivos religiosos o por el bien común.Podemos decir que todo lo que conocemos está en un marco de "relación", de "comunión" y por lo tanto de "abnegación", es decir de "sacrificio".Se sacrifica un mineral para que exista un vegetal, éste se sacrifica para existan los animales, el agua se sacrifica y desaparece renaciendo en toda la cadena de la vida biológica. El ser humano en el vértice de la creación sacrifica minerales, vegetales y animales para tener vida.El trigo se tritura para ser harina y la harina se cocina para ser pan.En esa misma dinámica, en esa misma lógica relacional cada persona descubre tarde o temprano la necesidad y la obligación de sacrificarse por otros, de "interrumpirse a sí mismo" (como decía Levinás). Entonces lo "sacro" no está tan lejos de lo humano: está en la dinámica de toda la vida, de toda comunicación y comunión.Pero el hombre no debe sacrificar a otro hombre: eso sólo pertenece a la voluntad del Totalmente Otro. No hay razones para la pena de muerte: no hay absolutos que justifiquen la violencia o el asesinato. La educación para la paz consiste, justamente, en desactivar toda razón para la violencia, toda legitimación para la espada o el fusil que hiere."Cuando no se sabe morir para que otro viva, se hace morir al otro para sentirse vivo" decía un teólogo ortodoxo laico francés.Pero sí hay absolutos que justifican la "abnegación total" como la de Jesús de Nazaret, como la de Madre Teresa, como la de Gianna Bareta Mola. Hay razones para morir por amor, para morir por el que es Amor en su entraña más íntima.Aclaro quien fue santa Gianna (1922-1962): una médica pediatra y laica casada católica italiana, muerta prematuramente de un cáncer uterino: ella prefirió salvar la vida de cuarta su hija aún no nacida antes que la suya. Gianna "sacralizó" su vida hasta la libertad del martirio. Decía el papa Benedicto XVI: "el mártir es una persona sumamente libre, libre frente al poder, al mundo; una persona libre, que en un único acto definitivo da a Dios toda su vida..."Este "elogio al sacrificio" nada tiene que ver con la autoinmolación suicida, ni con la irresponsabilidad de la velocidad en las rutas o de las adicciones, ni con quienes se sacrifican en función de glorias pasajeras y de la "notoriedad".Este elogio quiere decir que en realidad nada verdadero, bueno y bello se consigue sin sacrificio: El pan para que llegue a todos debe ser partido; mi "carne mortal" para que llegue a todos en acto de caridad debe ser entregada. No existe encuentro con los otros sin ascesis. Cada encuentro con el otro es abnegado o no es.El pan se comparte, se sacrifica...en señal de gratitud.
