La última línea
Desde que comenzó la pandemia, por primera vez en nuestra ciudad dos agentes de salud resultaron contagiados de coronavirus en el marco de su trabajo.
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Desde que comenzó la pandemia, por primera vez en nuestra ciudad dos agentes de salud resultaron contagiados de coronavirus en el marco de su trabajo. Se trata de una médica oriunda de General Galarza y una enfermera de nuestra localidad. Ambas, se estima, contrajeron el virus en contacto con una paciente positiva con la que se relacionaron en el marco de sus funciones.
Mientras que en Galarza vecinos realizaron una caravana en apoyo a la profesional, otra parece haber sido la reacción en nuestra ciudad. Si bien la mayoría de la comunidad manifestó su solidaridad con las agentes de salud contagiadas, un grupo continuó la triste práctica de estigmatizar a personas que resultan infectadas con este virus.
Lejos parecieran haber quedado los aplausos que se brindaban al personal de salud al comienzo de la pandemia, cuando estos eran percibidos como la última línea de defensa frente a un "enemigo invisible" del cual poco sabíamos (y sabemos). Sin embargo, terminada la cuarentena estricta, estamos más expuestos al virus en la actualidad que en ese entonces. La habilitación de actividades y de la circulación, sin mencionar las reuniones sociales, constituyen una vía cierta de transmisión. El virus, asimismo, no se ha vuelto menos contagioso ni letal, continúa teniendo las mismas características que desde el comienzo.
¿Qué cambió entonces y por qué?
En nuestra ciudad, los más de cuatro meses sin nuevos casos de coronavirus ayudaron a distender la preocupación. Por otra parte, al igual que en el resto del país, la extensión de la cuarentena agotó a la comunidad por razones lógicas. Somos seres sociales, estamos hechos para relacionarnos con nuestros semejantes y con el entorno. La vuelta de las actividades laborales también contribuyó a restablecer lo vínculos presenciales y el usos de espacios comunes. Otra vez, como comunidad, volvíamos a encontrarnos.
Aunque el virus siga manteniendo sus características, lo que varió (para bien o mal) es la percepción que teníamos respecto a la situación generada por el coronavirus. Claro está, la peligrosidad del mismo parecía ser diferente durante la Fase 1, cuando la mayoría de la sociedad permanecía en su casas viendo por los medios el desolador panorama que en otros países dejaban el número de contagios y muertes por desborde de un sistema de salud que no se encontraba preparado para dar respuesta a una pandemia generada por un virus del que casi nada conocíamos ; y la percepción que se gestó meses después, con más información al respecto y tras reiniciar los contactos presenciales sin consecuencias aparentes por los más de cuatro meses sin casos en nuestra ciudad.
El equipamiento del Hospital con más camas, oxígeno y respiradores, como así también la creación de una sala de aislamiento ayudó también a aliviar la preocupación por la falta de posibilidades de contención de un brote por parte del sistema de salud en nuestra comunidad. Frente al temor de un contagio masivo que desbordara las posibilidades de atención del sistema sanitario, lo cual haría la diferencia entre recibir la atención necesaria, literalmente, para preservar la vida del paciente (y así lo señalaban las tristes experiencias sucedidas en países como España e Italia), la incorporación de equipamiento y los cambios en la estructura edilicia, junto a la descentralización de los servicios del nosocomio local, ayudaron en gran medida a transmitir tranquilidad.
Esta nueva percepción redefinió el lugar y la importancia de cada uno de los actores de este contexto. La "última línea de defensa" que constituía (y sigue constituyendo) el sistema de salud, y los profesionales que lo integran pareció ceder importancia ante la falta de un panorama percibido tiempo atrás como claramente alarmante. Claro que esto depende del lugar desde donde se lo mire porque, puertas adentro, desde el nosocomio se sigue realizando casi cotidianamente la toma de muestras y su envío para evaluación, como así también el trazado y aislamiento de posibles pacientes. Una tarea silenciosa, pero clave, para evitar la propagación del virus en nuestra ciudad, y así lo señala la escasa incidencia del número de casos en Gualeguay, frente a otras localidades.
La aparición de contagios en el personal de salud debería recordarnos más bien la exposición permanente que, desde el inicio de la pandemia, tienen tanto médicos, enfermeros, personal de mucamas, de limpieza, administrativos y mantenimiento de los centros de salud, ya sean el hospital, los CICs, la Asistencia Pública y los dispensarios municipales. No habían sucedido contagios entre sus filas, pero todo este tiempo han estado (y estarán) mucho más expuestos a ellos que otros debido a sus funciones, y esta labor, vale recordarlo, se realiza en condiciones que no son las óptimas en cuanto a equipamiento, insumos, infraestructura edilicia y cantidad de personal, sin mencionar las reivindicaciones laborales y salariales de larga data que, incluso, al día de hoy, no han sido atendidas.
Si como comunidad todos los días esperamos el parte que informe si en nuestra ciudad se cuenta con nuevos pacientes de covid-19, basta pensar la difícil tarea que enfrenta día a día un agente de salud sabiendo que uno de estos casos probablemente estuvo en contacto con ellos y la exposición inmediata a su entorno familiar que ello representa.
Empatía es el concepto clave, ponernos en el lugar del otro, del paciente contagiado y del personal de salud que todos los días contiene la situación. Esperemos poder ponerla en práctica con mayor frecuencia.
Rodrigo Cassella

