Las apariencias
Los que detentan el poder en cualquier comunidad tienen la propensión a no mostrar sus zonas débiles, sus heridas para que no queden fisuras en la imagen que proponen a los demás. Esta apariencia de puro éxito es la ilusión del poder que luego se transforma en delirio de grandeza. Quien tiene ese delirio se instala en una casta y en la necesidad de tener gente que esté por debajo de esa casta. A veces esa legitimación del poder van acompañadas de un pretendido respaldo de lo absoluto: ese absoluto puede ser una religión, el estado, la pompa y el poder que da el dinero, la moda, la protesta enfermiza.
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Por ejemplo cuando Jesús de Nazaret llegó a Jerusalén se encontró con una dirigencia socio-religiosa que en nombre de su falsa religiosidad se había encumbrado en el poder, poder que estaba legitimado con la impresionante simbólica del Templo (construido dicho sea de paso por un tirano llamado Herodes "el grande", algunos años antes).Estas autoridades religiosas se asemejaban a los niños caprichosos que dicen que van a colaborar en las tareas de la casa (por ejemplo en el trabajo de una chacra, de una viña) pero que al final se hacen de su libertad la excusa para encumbrarse por sobre sus hermanitos soñando que el poder da identidad. Soñando ilusoriamente; con una excusa para dejarse llevar por los antojos del momento.Esos "hermanos mayores" despreciaban a quienes habían sido antes ovejas descarriadas y ahora estaban en el buen camino.Esa clase dirigente vivía en el mundo de la apariencia.Hoy han cambiado las razones para enmascararse e instalarse en otros mundos de apariencias. Hoy los enmascarados ya no buscan aparentar desde prácticas religiosas (no está de moda la religión...al menos la cristiana).Si en la antigüedad, lo importante era el ser y se distinguía con cierta claridad el ser del aparentar ser, si luego el capitalismo impuso el imperio del tener, en la actual sociedad del espectáculo domina la importancia del parecer, de la apariencia. Ser ya no es importante. Lo que vale es que seas capaz de exhibir lo que eres o lo que tienes. Ahí está el ejemplo de Facebook, para capturar la atención: para que se te reconozca un valor tienes que exhibirte, colocarte en una vidriera. Y el mundo de la apariencia se nutre de las aportaciones de los medios de comunicación y el consumo.Y como lo que vale es aparecer ya no importa la fidelidad y ser como esos niños que le dicen a papá que van a colaborar en casa y efectivamente lo hacen. Vivimos en el tiempo de las decisiones a media, de las opciones parciales, de las apariencias. Nos hemos acostumbrado demasiado a la contradicción.Con facilidad decimos "Voy a trabajar en la viña", pero no vamos; total nos ocultamos detrás de la pantalla de nuestra computadora o del whatsApp para disculparnos sin necesidad de dar la cara, de ponerle el cuerpo a nuestras contradicciones. Lo peor es que terminamos encerrados en el aislamiento que nos deprime.Afortunadamente en el corazón de nuestros pueblos siempre hay trabajadores que habiendo dicho primero que no a la invitación de trabajar en la viña al final realizan su obra con empeño. Siempre hay conversos que superan la mera apariencia para llegar al fondo del corazón. Hay que estar dentro del corazón de las comunidades para conocerlos.Esa es gente que no vive de apariencias y no legitima sus desordenes desde los sistemas simbólicos de turno.
