En una expresión claramente desafortunada, en medio del conflicto de los docentes en la mayoría de las jurisdicciones provinciales, el Presidente de la Nación refirió a los que debían caer en la educación pública, haciendo una suerte de paralelismo contrastante con los que por diversas razones, entre las cuales la situación económica no es un dato menor, han podido o pueden acceder a la educación privada. La opinión presidencial motivó encendidas réplicas desde diversas expresiones tanto gremiales como políticas porque, según algunos, revelaba una postura elitista del primer magistrado.- Parece apropiado abordar la cuestión con la menor dosis de apasionamiento posible no porque el problema carezca de una profunda cuota de pasión, sino como presupuesto para formular un enfoque que permita adoptar los caminos más adecuados.-
Para intentar poner la situación en contexto debe señalarse que tanto Saavedra Lamas hasta César Milstein, pasando por Bernardo Houssay, Federico Leloir y Adolfo Pérez Esquivel, quienes fueron galardonados con los premios Nobel en distintas manifestaciones, nutrieron sus conocimientos en la enseñanza pública.- El exceso del señor Presidente denota torpeza, porque muestra una mirada por lo menos acotada, en el análisis de la educación en nuestro país.- Y en tal sentido resulta llamativo que se emita un juicio rayano en lo despectivo, en una actividad a la que se considera, sin excepciones, como pilar para la formación de nuestros hijos y a la que se vincula de manera directa con la superación de la sociedad.- Y que debe ser prioridad de cualquier gobierno, independientemente de su signo político o ideológico.-Seguramente muchos de los establecimientos privados de enseñanza cuentan con incuestionables grados de excelencia académica, lo que seguramente se vincula con el elevado estándar de vida de las familias de donde provienen los alumnos y los importantes aportes económicos a que están sometidos, lo que permite contar con cuerpos docentes seguramente calificados.- En esta cuestión no debe soslayarse que a dichos establecimientos contribuye económicamente el Estado Nacional, esto es la totalidad de los habitantes de la Nación, lo que diera lugar a disputas y enfrentamientos en el gobierno del Dr. Arturo Frondizi, cuando se implantó la denominada "enseñanza libre" en las escuelas.- En aquel tiempo la cuestión económica aparecía como secundaria porque lo central refería a los contenidos de los saberes y los derechos de sectores sociales, fundamentalmente religiosos, a imprimir determinada concepción en el aprendizaje, con independencia del histórico laicismo estatal.- Pero con posterioridad, la cuestión económica adquirió relevancia.-Para no caer en simplificaciones debe decirse que la mayoría de los galardonados probablemente adherirían a la línea de pensamiento que encarna nuestro Presidente, no resultando ocioso señalar el duro enfrentamiento que el Dr. Leloir protagonizara con el gobierno de facto de 1943 y que se prolongara hasta luego del golpe de 1.955, que le valiera su exilio forzado de la Facultad de Medicina de Buenos Aires.-Lo que aquí nos interesa señalar es la importancia de la educación pública para la igualación ascendente de los ciudadanos, para lo que hay que visualizar como principal parámetro el dinero que el presupuesto nacional le asigna, en todos los niveles (preescolar, primaria, secundario, terciario y universitario).- En tal sentido debe recordarse que el Gobierno del Dr. Arturo Illia no ha sido igualado en el aporte para tal cometido.- Y también en orden a la igualación no puede olvidarse que Don Hipólito Irigoyen impuso el uso del guardapolvo blanco, para que no hubiera distinciones en la vestimenta.-Porque la aludida torpeza presidencial viene acompañada con el silencio de ciudadanos de extracción radical, cuyas posturas serían de difícil comprensión para quienes privilegiaron el laicismo y la igualación.- Como se apuntara en el manifiesto reformista de 1.918 "los dolores que quedan son las libertades que faltan".- Catón