Mandamientos
En la Judea del siglo I los especialistas de la legislación religiosa -los llamados doctores de la ley - estaban enmarañados en medio de más de seiscientas prescripciones (ente prohibiciones y mandatos).
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En este marco, uno de los "notables" le preguntó a Jesús cuál de los mandamientos es el más grande de la ley.A la respuesta la conocemos: "Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón...y al prójimo como a ti mismo".Parece una pregunta retrógrada de una sociedad teocéntrica que consideraba ley religiosa desde los horarios y lugares de oración hasta el lavarse las manos antes de comer pasando por cuidadosas prácticas sociales (a menudo manipuladas para beneficiar ciertos beneficios de las castas superiores de turno).Parece una pregunta pasada de moda. Sin embargo hoy mucha gente-quizá sin darse cuenta- vive también en un enredo de mandatos que no puede ordenar.Existen el mandato de conocer todos los recovecos de un celular y el de re aprender al ritmo de consumo que los modifica; el mandato de conocer todos los jugadores de los equipos, los nombres de todas las películas, el mandato de no perder la última marca de ropa. Existe el mandato de conocer aquí y ahora donde hay más placer sexual, más placeres de las sustancias, más premios de sorteos o promociones.Hoy existe el mandato que viene del "eficientismo" del que supuestamente nadie debe bajarse.La hiperactividad, la aceleración, el rendimiento y la productividad son los grandes mandamientos de hoy que dejan a las personas de nuestro tiempo, aburridas, deprimidas o auto explotadas...etc.¿Cuáles de todos los mandamientos son los principales entre las leyes de esta modernidad reciente?La voz del Profeta de Nazaret sigue resonando por el Espíritu que resuena en el Pueblo de Dios:El corazón del hombre está llamado a amar al que es el Amor absoluto, está llamado a salir de su yo idolatrado para descubrir al otro como prójimo. El corazón del hombre está llamado a descubrir el rostro y el corazón del otro interrumpiendo en sí mismo la permanente demanda del ego.En las últimas décadas el mandato de amar a Dios se hizo sospechoso: muchos creyeron que amar a Dios es olvidarse de las personas, es opio, es droga.Hoy nos damos cuenta que el olvido del verdadero Dios predicado por Jesús nos ha llevado a nuevas idolatrías, nuevas esclavitudes; como no podemos vivir sin Dios lo reemplazamos por pequeños "dioses" a quienes rendimos reverencia. "Dioses" que nos prometen todo y al final nos quitan todo.Debemos volver a preguntar cuáles son los mandamientos principales y escuchar de nuevo la misma respuesta que oyeron aquellos estudiosos de la ley hace casi dos mil años.Debemos entrar en el silencio prolongado que nos ayude a escuchar de nuevo la maravillas de esos dos elementales mandamientos; tan bellos y tan desafiantes.
