Un beato en el templo San Antonio
Con motivo de la beatificación de los mártires riojanos Monseñor Enrique Angelelli, los padres Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias y el laico Wenceslao Pedernera, el presbítero Jorge Leiva, párroco de San Antonio, se refiere a la visita de uno de ellos a Gualeguay y nos entrega una profunda reflexión.
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"El 5 de enero del año 1964, en la parroquia San Antonio de Gualeguay, fue ordenado presbítero un hijo de Gualeguay llamado Carlos Fidel Rodríguez, de apodo "Cacho". Por entonces nuestro obispo diocesano era Mons. Jorge Chalup y el Padre Cacho era ordenado para la arquidiócesis de Paraná cuyo arzobispo era Mons. Adolfo Tortolo. Pero estos dos obispos estaban en Roma participando de uno de los acontecimientos históricos más importantes del Siglo XX, como fue el Concilio Vaticano II. Así fue que el obispo que vino a administrarle el sacramento del orden sagrado a Cacho Rodríguez fue el auxiliar de Córdoba, que por entonces era Enrique Angelelli. (Cuenta doña Olga Cantero que luego de la bella celebración hubo que esperar al Obispo E. Angelelli porque se había quedado administrando el sacramento de la penitencia a una pobre y apenada mujer y que cuando entró en la sala de la fiesta dijo que el encuentro con esa feligresa había justificado todo el viaje).El obispo Enrique fue destinado luego en 1968 a La Rioja donde se dedicó con celo pastoral a poner en práctica las enseñanzas del Concilio, especialmente en la evangelización y promoción de la gente más carenciada. En los difíciles años '70 fue acusado injustamente de ser un "obispo rojo", es decir simpatizante del marxismo. (Coincide con la acusación tuvo que soportar en Milán el Arzobispo Montini - luego papa Pablo VI, santo de la Iglesia - cuando manifestó su opción preferencial por la evangelización integral de los obreros, en el norte de Italia).En el año 1976 el obispo Angelelli, el presbítero Gabriel Longueville, el franciscano Carlos Murias y el laico padre de familia, catequista y sindicalista Wenceslao Pedernera, fueron asesinados entre los meses de julio agosto por disposición de algunos de los miembros del gobierno de entonces.La eficacia de la Pascua de Jesús se ve en la santidad de los hijos de la Iglesia y sobre todo en el martirio: la tragedia de la miseria humana es oportunidad para apreciar la maravilla de la gracia que da constancia a nuestras buenas opciones. Así es como el pasado sábado fueron beatificados, con autorización del papa Francisco, los mencionados cuatro mártires de La Rioja. El Cardenal Becciu en su homilía destacó que los cuatro mártires: "fueron testigos fieles del Evangelio y se mantuvieron firmes en su amor a Cristo y a su Iglesia a costa de sufrimientos y del sacrificio extremo de la vida", y subrayó: "Fueron asesinados en 1976, durante el período de la dictadura militar, marcado por un clima político y social incandescente, que también tenía claros rasgos de persecución religiosa". "Los cuatro beatos desarrollaban una acción pastoral abierta a los nuevos desafíos pastorales; atenta a la promoción de los estratos más débiles, a la defensa de su dignidad y a la formación de las conciencias, en el marco de la Doctrina Social de la Iglesia (...) Se trataba de una obra de formación en la fe, de un fuerte compromiso religioso y social, anclado en el Evangelio, en favor de los más pobres y explotados, y realizado a la luz de la novedad del Concilio Ecuménico Vaticano II, en el fuerte deseo de implementar las enseñanzas conciliares. Podríamos definirlos, en cierto sentido, como 'mártires de los decretos conciliares'". Estamos en estos días en el tiempo de Pascua, por eso cuando entremos en el templo San Antonio recordemos que bajo sus bóvedas una vez celebró Misa un hombre que ahora es venerado en los altares porque fue fiel a la gracia de la Pascua hasta derramar su sangre. Recordemos, además, que la misma eficacia de la pascua que tuvieron los testigos de la resurrección hace casi dos mil años, la tenemos hoy nosotros por el Espíritu que sopla a la Iglesia. Recordemos también que en todas las vocaciones estamos llamados a la santidad hasta el martirio como lo demuestra la diversidad de vocaciones de esta beatificación. Como una evidencia categórica, la Iglesia nos muestra, en este caso, la santidad de un obispo, de un fraile, de un cura y de un laico. Beatos Enrique, Gabriel, Carlos y Wenseslao; rueguen por nosotros."Pbro. Jorge H Leiva
