“Vita multa est”, un cuento de Alejandro Simonazzi
Un cuento no tiene que ser de autoría de un autor famoso o reconocido para considerárselo bueno. Es una agradable sorpresa que, de cuando en cuando, nos crucemos con algún relato como el que presentamos hoy. Las palabras tienen una preeminencia visual tan intensa que casi es imposible evitar la reminiscencia cinematográfica del texto que, a la vez, contribuye mucho al clímax de misterio y magia que se va creando. Además, la expresión latina da el toque de exactitud para entender el cuento: “Vita multa est” quiere decir “la vida es abundante” (también es legítimo entenderla como “inevitable”); es decir, prevalece la vida, más allá de las formas en que se manifieste, ya sea como hombre o…como gato.
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Prof. Graciela Saavedra"Me desperté en un baldío rodeado de basura e inmundos despojos. Los ácidos nauseabundos de los desechos me habían desvelado del mortal trance en un vasto vómito espeso teñido de sangre. Estaba desnudo, agonizando... solo podía mover los brazos y pestañar una y otra vez para repeler el agudo vahído que me ahogaba. Me toqué el pecho y recorrí con el dedo índice de la mano izquierda la húmeda perforación en mi cuerpo. La sangre discurría sin prisa por los surcos de la piel. La bala había entrado justo en el medio del tórax, sin dañar, en apariencia, el bombeador vital. Intenté levantarme ayudándome con los brazos, pero las piernas no me respondían y el abombamiento era cada vez peor. Comencé a arrastrarme entre los montículos de inmundicia, nadando entre el repugnante aglutinamiento de residuos. Pude alejarme lo suficiente para vislumbrar que me encontraba en una inmensa planta de reciclaje. Me quedaba poco... me estaba desangrando y mis últimas pinceladas de vigor se habían extinguido; no podía avanzar un centímetro más. Me recosté boca arriba, mirando el cielo... suspiré lentamente... y me desvanecí entre una inusitada jocosidad.Los ásperos lengüetazos de un negruzco felino me extirparon de la muerte. Abrí los hinchados ojos y lo vi... lamiendo mi herida con minuciosa dedicación. Su lengua repasaba la lesión de izquierda a derecha formando un óvalo vertical. Inexplicablemente sentí el perímetro de la figura dentro de mi esencia, eclipsándose con mi alma. El animal no cesaba su cometido; lamedura tras lamedura sus ojos se intensificaban en un resplandor inefable. Sus bigotes se rizaron y se le encrespó todo el pelambre... Clavó su vista en mis ojos mortecinos y exclamó:—Vita multa est.A continuación me besó la nariz, la frente y se esfumó entre la neblina condensada de la noche.Una trepidación indescriptible agitó todos mis sentidos revolviéndome las entrañas... girándome entre correosas espirales amalgamadas. Remolinos intangibles desfiguraron mis conocimientos, recuerdos y anhelos intrínsecos. Los primordiales ejes yuxtapuestos se encontraban en una muda sustancial, virados hacia sesgos impensados.Aquel tembloroso ajetreo me encontró parado... en cuatro patas. Mi vientre ronroneaba sin cesar y mis resplandecientes pelos anaranjados se abrazaban con la culminación de la gélida noche. Ante mí yacía el ajado y deslucido cuerpo de aquel hombre que había sido.""Así escriben nuestros alumnos" es un espacio del Instituto Superior de Letras Eduardo Mallea, de la Capital Federal, en el que publica obras de sus alumnos y ex alumnos. En él encontramos cuentos de excelente calidad como el que comparto hoy con ustedes, cuyo autor es Alejandro Simonazzi, quien además estudió Producción en ETER Escuela de Comunicación y Derecho en Universidad de Morón. Uno de sus programas radiales más reconocidos fue "Revuelto gramajo", emitido por Radio Nacional. En él se mezclaban el relato, la música, los comentarios cinematográficos, en un rico abanico de expresiones del arte.
