Angélica Valenti: Una vida al servicio de la comunidad
Colaboró durante 25 años en la gestión de la Procopa de Leche de nuestra ciudad, institución de la que fue electa presidenta en 1991. Siete años después, en 1998, fue elegida mujer del año por el Rotary Club debido a su obra benéfica por lo que recibió el premio J. Harris y en 2008 el Concejo Deliberante de nuestra ciudad le otorgó una distinción. En esta edición de “Soy Parte”, Angélica Valenti de Altinier nos cuenta sus experiencias en la centenaria institución.
-¿Cómo fueron sus inicios en la Procopa?Yo ingrese en 1.979 cuando era presidenta la señora Chinita Beracochea. Con ella estaba trabajando también mi hija Alicia y Chinita me invitó a que me sume. Empecé a ir pero duró poco porque las dos murieron a los pocos meses. Al año siguiente, el 26 de marzo, fallece la señora de Beracochea y el 12 de abril fallece mi hija por lo que la Procopa quedó muy mal en ese momento, sin la presidenta y la secretaria y tuvieron que reorganizarse. Las demás chicas de la comisión llamaron a una asamblea y en 1991 me eligen presidenta, pensaron que podía estar para recordar a mi hija y empecé a ir.-¿Cómo estaba la institución en ese momento?Lo que más me preocupaba eran los chicos que concurrían a comer. Iba todos los días a la hora del almuerzo para vigilarlos y ver la comida que le daban. No teníamos recursos por lo que hacíamos te canasta, vendíamos pollos asados y realizábamos cualquier festival que nos dejara algún beneficio para que a los chicos no les faltara nada. Allí no había ninguna sociedad o político que nos ayudara por lo que hablé con el señor José Jodor quien me consiguió que la institución ingresara en la denominación "Comedores Escolares", es decir que nos enviaban el dinero que le mandaban a las escuelas que no tenían comedor. Eso fue un gran alivio porque si bien no era tanto nos alcanzaba para comprar toda la comida para los chicos por lo que cambió la situación. La gente también nos ayudaba mucho mediante donaciones.-¿Las instalaciones se encontraban deterioradas?Había muchos gastos y la casa era vieja. Recuerdo que una noche en una fiesta para la que habíamos alquilado el salón empezó a llover mucho, caía agua en el living entre la gente y fue un desastre. Después también observé que el tapial que da sobre calle San Martín se estaba inclinando por lo que llamé al arquitecto Eduardo Echegaray, que soy amiga de la familia, y él lo solucionó con unos pilares que instaló. Mi anhelo siempre fue que pudiéramos agrandar el salón porque más de 120 personas no caben y en este momento lo están haciendo pero yo no he ido a verlo. La última vez que visité la Procopa fue hace tres años para una cena de la Liga de Madres pero en ese entonces todavía no habían comenzado con la ampliación del salón por lo que no la encontré distinta. Luego no pude seguir asistiendo por problemas de salud.-Recibió numerosas distinciones por su obra benéfica...En el año 1998 la Dra. Cristina Juárez de Demarchi, integrante de la Rueda Femenina del Rotary Club, me solicitó datos sobre mi vida benéfica para presentarla ante esa entidad con el propósito de premiar a la mujer del año y para mi sorpresa y alegría fue elegida entre 22 mujeres argentinas y uruguayas por lo que me distinguieron con el premio J. Harris. Luego, en 2008 el Concejo Deliberante me otorgó también un reconocimiento por mi labor. Me alegran mucho esas distinciones pero no sé si merecía tanto.-Colaboró durante muchos años en la institución, ¿cómo era el día a día?Estuve 25 años en la Procopa. Cuidaba mucho a los chicos y siempre los hablaba. Algunos se portaban mal porque molestaban a los de menor edad y no había disciplina por lo que la primera vez los suspendí por una semana con todo el dolor del alma pero viendo que la situación no cambiaba tuve que hacerlos retirar porque esos chicos ya eran grandes y eran un mal ejemplo para los demás. En aquella época iban muchos niños, unos 70 aproximadamente. Concurrían muchos del Hogar Escuela San Juan Bosco y también de la escuela Marcos Sastre y Castelli. Se necesitaban dos personas, había una cocinera y cuando yo fui llevé a una señora para la limpieza y para atender a los chicos, la cocinera aún sigue.-En tantos años debe tener muchas anécdotas ¿Recuerda alguna?Recuerdo una vez que habíamos hecho una buseca para vender. En esa época no había freezer ni ollas de teflón, y la presidenta de entonces, Marta Salem, fue la primera que llegó a la sede de la Procopa, abrió y sintió mal olor debido a que se había fermentado la comida por la falta de frio y fue una pena porque habíamos vendido todas las porciones. Fue terrible tener que avisarle a la gente que no podíamos entregarle la comida.-Muchos de los niños de aquél entonces ya son adultos ¿Ha vuelto a ver a alguno de ellos?Una vez vino un operario a arreglar algo a mi casa, era uno de los niños que concurría y me reconoció, ya era todo un hombre. Muchas veces me encontraba en la calle algún chico que pasaba con la madre que le decía que yo era la señora de la Procopa, porque los chicos me conocían, yo les hablaba a todos.-Por último, ¿hay algún mensaje que quiera dejarle a la gente?Siempre pienso que se necesitan muchas cosas porque hoy está caro todo, sobre todo la comida que día a día aumenta. Pido que la gente colabore porque en aquella época a mí me ayudó mucha gente. Le pido a la gente que recuerde que es una de las instituciones benéficas más antiguas de la ciudad.
