Convento de Nogoyá
Brassesco: “es bueno que la justicia investigue si se cometieron delitos”
El padre Pedro Brassesco, Vicario de Parroquia San José y actual Subsecretario de la Conferencia Episcopal Argentina, dialogó con EL DEBATE-PREGON sobre diversos temas de relevancia y actualidad: la situación judicial y religiosa en torno al Convento de Carmelitas de la ciudad de Nogoyá y, el traslado de Monseñor Jorge Lozano, quien se alejará del Obispado de Gualeguaychú para dirigir como obispo coadjutor el Arzobispado de San Juan.
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¿Es frecuente que ocurran estos movimientos dentro de la curia? ¿Para qué y por qué se producen?Sí, suceden cuando el Papa necesita nombrar un obispo en una diócesis. Entonces las alternativas son dos: traslada a un obispo desde otro lugar o a un sacerdote lo nombra obispo. En nuestra diócesis sucedió eso cuando a Mons. Eichhorn lo trasladaron a Morón y vino Mons. Lozano que ya era obispo auxiliar de Buenos Aires. Es lo que sucede también en las parroquias cuando el obispo traslada a los sacerdotes de acuerdo a las necesidades que existan. Por eso los obispos suelen estar disponibles y saben que en algún momento el Papa puede decidir cambiarlos. Por lo general, cuando se trata de un Arzobispado, que tiene mayor jerarquía, se suele seguir este camino de enviar a un obispo que ya tiene cierta experiencia.Los obispos a los 75 años deben presentar la renuncia a su cargo y el Papa decide cuándo se las acepta. Lo que están haciendo los obispos que están llegando a esa edad es pedirle al Papa que les nombre un obispo coadjutor, como en este caso con Lozano en San Juan. El obispo coadjutor tiene derecho a sucesión, es decir, que cuando el obispo titular concluye su período o fallece, automáticamente pasa a hacerse cargo de la diócesis. De esta manera la transición entre un obispo y otro es más ordenada y prolija. El nuevo obispo que va a quedar al frente de la diócesis tiene un tiempo para conocer el lugar, la gente, las costumbres y el camino que se ha venido recorriendo como Iglesia.¿Qué opinión tiene sobre el traslado del Obispo Lozano?-Creo que muchos intuíamos que en algún momento lo podían trasladar porque debido a sus cualidades el Papa lo podía necesitar en otro lugar. Hemos disfrutado de su presencia como pastor de la diócesis durante 10 años y hemos aprendido mucho de él. Nos anticipó el "estilo Francisco" de ser Iglesia, que él conocía bien por haber sido sacerdote y obispo en Buenos Aires junto a Jorge Bergoglio. De todas maneras, es prematuro como para hacer balances todavía.La noticia de su traslado igualmente nos sorprendió pero sabemos que es así. Uno tiene que tener disponibilidad para ir donde la Iglesia nos pida, por más que la misión sea difícil, sabiendo que estamos animados por Dios. Así que deseamos que Monseñor Lozano pueda tener una buena experiencia en la nueva diócesis. Hace unos días, hablando con él, me decía que él está muy contento por lo que ha vivido en nuestra diócesis de Gualeguaychú, por lo tanto eso también nos tiene que llenar de alegría.¿Qué se busca con este tipo de traslados?-El traslado no se hace porque sí, en razón de trasladar a alguien sólo para trasladarlo. Tampoco son un castigo o un premio. Como decía, el Papa va viendo la necesidad de cubrir las diócesis cuyos obispos alcanzar el límite de edad o han quedado vacantes por otra razón. Y, en el caso de nuestro país, como el Papa es argentino y conoce todos los lugares y todos los obispos, va viendo quién puede desempeñarse mejor en cada lugar. La Iglesia en Argentina es muy variada. Hay diócesis más urbanas y otras más rurales. Hay algunas que son más nuevas y otras de muchos años, con tradiciones arraigadas. Hay lugares del país que son más tranquilos y otros que presentan conflictos sociales, económicos, ambientales donde se requiere estar presente o una palabra desde la Fe. Por eso en cada caso se va viendo quién podría asumir esa tarea de acuerdo a sus características personales. A veces la experiencia desarrollada por un obispo en un lugar puede servir para desarrollarla en otra diócesis que tiene necesidades similares. Y en función de eso se va viendo quién puede ir mejor en cada lugar. Convento de Nogoyá: ¿qué opinión tiene de los sucesos ocurridos en el convento?-Es bueno que se investigue. Que la justicia investigue si se cometieron los delitos que se denuncian porque hay personas en el medio que deben ser cuidadas y protegidas. La Iglesia también, en este caso, puede realizar su propia investigación interna si así se dispone desde la Santa Sede. El asunto es que uno ve que se mezcla todo: la actuación de la justicia, de la prensa, la forma de vida de las monjas, las reglas, las disciplinas, etc. Todo es opinable. Pero en definitiva lo que nos debe preocupar son las personas, especialmente quienes han sufrido o sufren por todo esto. Creo que antes que escandalizarnos y rechazar todo lo que ocurre, debemos tomarlo como una oportunidad, un desafío para poder explicar el valor y las particularidades de las vocaciones religiosas, su estilo de vida, las diversas formas de vivir la espiritualidad. Por eso, antes de opinar, uno siempre tiene que poder informarse y, especialmente, tratar de comprender cada realidad en el complejo mundo histórico, cultural y espiritual que le da sustento. Instalados desde un solo punto de vista anclado en la cultura occidental de nuestro tiempo, todo lo demás en el mundo se hace incomprensible, pero sin embargo, existe.¿La Iglesia permite este tipo de auto-castigos o flagelos?-Son la expresión de una forma de espiritualidad. La Iglesia tiene una riqueza en su diversidad de vivir la espiritualidad para seguir a Cristo. Lo básico está en los Sacramentos, especialmente la Misa, y rezar. Pero hay algunos que prefieren rezar el Rosario, otros con la Biblia, otros cantando y alabando a Dios, otros en la oración y el silencio, etc. No se contraponen, se complementan. Y a medida que se va creciendo espiritualmente uno se va dando cuenta que el seguimiento de Cristo se vive de diversos modos, de acuerdo a la persona o al tiempo que se vive. Ese seguimiento implica asemejarse a Jesús en todo, incluso la cruz. Por eso la Iglesia no rechaza el sufrimiento sino que le da un sentido espiritual, un para qué. Jesús dijo "vengan a mi todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré". No dijo que nos iba a sacar todos los problemas sino que nos va a ayudar con su fuerza a seguir adelante. Los sufrimientos de la vida nos asemejan a Cristo y podemos transformarlos en oración ofreciéndolos por algo. No se trata de ser masoquista y sufrir por placer. Tampoco Dios se deleita con nuestro sufrimiento porque siempre quiere nuestro bien. Pero cuando te toca, hay que asumirlo como Jesús, cargando con su cruz. Hay una tradición espiritual que ve en la utilización voluntaria de elementos que provoquen algún sufrimiento, por ejemplo, una forma de asemejarse a Cristo y una ofrenda a Dios por alguna intención. Nunca se puede la justificar la autodestrucción o mutilación, ese es un límite claro. Podemos estar de acuerdo o no con esa forma de vivir la espiritualidad, pero tiene sus profundas raíces en la tradición de la Iglesia, en contextos históricos, culturales y espirituales que necesitamos conocer para comprender.
