Cuidemos la política
Recién iniciado el corriente año de elecciones presidenciales, los debates políticos parecen desplegarse más en los pasillos del Poder Judicial que en los espacios públicos de diálogo y discusión. En un 2019, donde estamos próximos a elegir quienes gobernarán nuestro país durante los próximos cuatros años, no se conocen propuestas ni plataformas programáticas de gestión de los posibles candidatos, sino que todo ronda alrededor de causas penales y denuncias por corrupción de unos y de otros.
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En este contexto, la república sufre y experimenta vejaciones en sus pilares fundamentales de transparencia y división de poderes. Todo el entramado judicial tras bambalinas que afecta e influye en la política vernácula veja continuamente los derechos ligados a la soberanía popular y al estilo de vida democrático. La mencionada política, como herramienta para transformar la realidad de las personas y como instrumento para mediar y tomar posición en las relaciones de poder, queda a merced de un grupo de inescrupulosos que buscan beneficios personales antes que colectivos, tanto en el oficialismo como en la oposición. Esta situación se presenta de tal forma que rememora aquellos tiempos de la antipolítica, donde el compromiso por una Argentina mejor queda desvanecido y es reemplazado por el sentimiento de angustia y cansancio con respecto al segmento de funcionarios que dicen representarnos. Muchos son los problemas que experimenta el país, de antes y de ahora, de todas maneras, la sociedad civil sigue sin encontrar la solución a sus problemas. Pareciera ser que la política la ha abandonado para divagar en los pasillos de tribunales. Actualmente, la Justicia es el faro en el mar político argentino. Pareciera ser que las decisiones electorales de los ciudadanos se movieran como hojas en el viento según lo que vaya disponiendo el aparato judicial de nuestro país. Los alegatos, discursos, fallos y argumentos de jueces y fiscales dispondrán quiénes son los candidatos disponibles para llevar adelante a la Argentina. Estos últimos no son víctimas, de ninguna manera, todo lo contrario, son victimarios. A causa de sus actos ya no interesan las propuestas y los proyectos de país. Pareciera que todo da lo mismo en ese sentido. Ahora sólo toma importancia determinar quiénes son los menos corruptos. Llora la república. ¿Qué régimen político puede funcionar en estas circunstancias? Tristeza absoluta por parte de quienes creemos que la política sigue siendo fundamental en el futuro democrático del país. Afortunadamente existe una solución en potencia a este caos: la juventud. Aquellos grupos de jóvenes, de todos los partidos y agrupaciones, formados en la militancia y en el compromiso social por una Argentina mejor. Aquellos jóvenes que van constituyéndose como plausibles candidatos y que hoy en día son la esperanza para rescatar a la política de lo que sus antecesores han hecho con ella. Nada ni nadie puede obstaculizar la voluntad de estas mujeres y hombres, ni siquiera aquellos viejos cuadros que nunca faltan y buscan inmiscuirlos en sus sucios juegos de poder. Finalmente recordemos en este año al momento de votar, no sólo guiarnos por los modelos de país con los cuales simpatizamos, sino también acordemos elegir gente nueva, novedosos aires frescos para quitar de cuajo aquello que actualmente le hace tanto daño a nuestra república.Julián Lazo Stegeman
