DÉFICIT Y ORDEN POLÍTICO
Las cuentas públicas arrojaron en mayo un superávit fiscal primario de 25.974 millones de pesos, que se compara contra un déficit de 7818 millones de igual mes del año pasado. El cambio de signo se produce a partir de un fuerte ajuste sobre el gasto público. Pero este torniquete no alcanza a amortiguar el efecto del exponencial aumento de los intereses de la deuda. Según informó el Palacio de Hacienda, en mayo esos compromisos saltaron un 231 por ciento interanual, provocando un aumento del déficit financiero de 41 por ciento para la misma comparación elevando el rojo a 38.634 millones. Ese incremento se explica por el impacto de la devaluación en el peso de la deuda. En los cinco primeros meses del año el déficit total acumula 219.489 millones de pesos (Fuente: Página 12). Dadas estas circunstancias, se vuelve imprescindible la comprensión y el entendimiento de lo que es el déficit primario, el déficit financiero y la composición de ambos dentro del déficit fiscal.
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Para comenzar, cabe mencionar que el déficit primario es la diferencia entre los gastos corrientes de un Estado y su recaudación de impuestos. Es decir, recoge los gastos menos los ingresos públicos sin contar los pagos de intereses de la deuda pública. La utilidad del déficit primario es que recoge los pagos y cobros sobre los que el gobierno tiene control. El gobierno puede variar su nivel de gasto y los impuestos que recauda a través de su política fiscal. Por ello no se recoge en el déficit primario el pago de intereses de la deuda, ya que no dependen de la actuación del gobierno en el periodo, sino que están comprometidos con anterioridad. Cuando los intereses se incluyen en el déficit hablamos de déficit fiscal. El déficit primario resulta importante a la hora de calcular la sostenibilidad de la deuda pública. Si un gobierno cosecha déficits primarios año tras año, deberá endeudarse para poder hacer frente a sus gastos. En cambio, si un gobierno obtiene un superávit primario(recaudación > gastos) generará recursos con los que podrá pagar los intereses de la deuda. Por otro lado, el déficit financiero ocurre cuando la necesidad de financiación de un país es mayor que sus recursos financieros. Es decir, los recursos existentes en la economía no bastan para la consecución de mayores niveles de rentabilidad. Se trata de una modalidad macroeconómica de déficit que aparece cuando se comparan niveles de ahorro en cuenta corriente de un estado con su déficit de capital, resultando una diferencia negativa. En otras palabras, esta última magnitud es mayor que la primera. Cuando un país participa de manera activa o se ve obligado a intervenir de algún modo en la vida de su economía puede darse el hecho de que se encuentre con una falta de recursos financieros hasta el punto que incluso llegue a imposibilitar su acción. Este hecho se refleja normalmente en el surgimiento de otros tipos de déficit atendiendo a la magnitud o naturaleza del problema de financiación. El empleo del déficit financiero se centra básicamente en conocer en cuánto tendrá que endeudarse un gobierno cualquiera para poder cubrir su exceso de gasto en relación con sus ingresos al llevar a cabo su labor. Finalmente, estas cuestiones nos llevan a comprender que el déficit fiscal se produce cuando en una administración pública los gastos son mayores que los ingresos en un periodo de tiempo, normalmente un año. Se origina cuando una administración pública no es capaz de recaudar suficiente dinero para afrontar sus gastos. Cuando hablamos del conjunto de las administraciones públicas de un país se conoce como déficit público, contexto en el cuál se pueden considerar sinónimos, ya que en cualquier caso se relaciona con la situación de la cuenta general de una administración pública (Fuente: www.economipedia.com). Este último concepto, el de déficit fiscal, nos transporta a un interesante trabajo realizado por Victoria Giarizzo (Economista. Investigadora IIEP-Baires. UBA y Conicet) en abril de 2018 para el Diario Clarín, titulado "Historia económica y déficit. La enfermedad económica de la Argentina: 107 años de déficit fiscal". Giarizzo explica: "el déficit fiscal es uno de los mayores problemas que tiene la economía argentina y una de las críticas más severas que recibe el gobierno actual es su imposibilidad de revertirlo. Una mirada por la historia argentina, sin embargo, revela que gastar por encima de los recursos ha sido un hábito de todos los gobiernos que pasaron por el país desde su fundación. Si se toman los últimos 117 años, desde 1900 hasta 2017, encontramos 107 años en déficit fiscal y sólo 10 años de equilibrio o superávit fiscal. Desde hace más de 100 años que los gobiernos vienen dilapidando los recursos del Estado. Guerras, golpes de Estado, empresas estatales deficitarias, campañas políticas, nacionalización de deudas, incrementos patrimoniales escandalosos de funcionarios, o empresarios enriquecidos bajo el ala del Estado, todo fue financiado por generaciones de argentinos. Y aunque haya pasado más de un siglo desde que comenzó esa poco feliz historia, Argentina sigue afrontando el costo de la irresponsabilidad con que cada gobierno que llega al poder administra los recursos. Porque si bien se puede observar al gobierno actual tratando de bajar por algunos frentes ese déficit, de alguna manera también heredado, simultáneamente se crean nuevas estructuras en el sector público, y se siguen malgastando recursos. Siempre hacia arriba La historia fiscal argentina desde mediados del siglo XIX revela cómo se gestaron las crisis económicas que vivió el país. Todos los presidentes que asumieron desde 1864 incurrieron en déficits fiscales crecientes. No por desconocimiento de las cifras: las estadísticas fiscales en Argentina permitían ya desde fines del siglo XIX conocer los movimientos de fondos anuales del Estado, precisar el nivel de recaudación y planificar los gastos. En los registros que fueron dejando los presidentes y ministros de Economía que se sucedieron, estaba latente siempre la preocupación por los desajustes fiscales. Aun así, como en los tiempos modernos, cada gobierno que asumía arrojaba culpas sobre la gestión saliente y mostraba los gastos ocultos, la deuda pendiente, los entreveros de fondos. Pero repetía la misma fórmula: usar recursos públicos con fines políticos, y dejarle un problema mayor al gobierno entrante. Nadie detuvo esa forma de gobernar. El déficit fiscal avanzó y avasalló las riquezas del país, dejando millones de argentinos en la pobreza, una deuda impagable que explotó en 2001-2002 y hoy vuelve a crecer peligrosamente, y una Argentina empobrecida". Entonces, ¿cómo repercuten estas nociones macroeconómicas en la realización (o no) de una buena gestión gubernamental? El déficit histórico que atraviesa al Estado argentino hace mella en, al menos, dos cuestiones importantes: en la política como actividad y en la construcción de un "orden político". En lo que respecta al primer asunto, el sociólogo alemán Max Weber expresaba que la política es la "dirección de la asociación política a la que hoy se denomina Estado, o la influencia que se ejerce sobre esta dirección". En este sentido, se puede afirmar que, ante la falta de autonomía económica dada la recurrente necesidad de búsquedas de financiación del déficit, los segmentos político-dirigenciales no poseen la facultad de autogestión que exige la acción de llevar adelante los mecanismos estatales. Es decir, que la influencia que estos pueden ejercer sobre los movimientos del Estado, o lo que plantean que realizarán en las campañas electorales, difícilmente se lleven a cabo eficientemente. En segunda instancia y ligado a esto último, se corrobora, como menciona el sociólogo argentino Juan Carlos Portantiero, "la convicción generalizada acerca de la carencia, desde hace tiempo, de un verdadero Orden Político en la Argentina; la obvia certeza sobre la incapacidad que ostensiblemente muestran sus clases dominantes para construir alguna forma de dominación legitima sobre una sociedad progresiva y dramáticamente desintegrada....". Este contexto desemboca en la imposibilidad de las cúpulas dirigenciales para asegurar un régimen político eficiente que promueva el bienestar de la sociedad civil en su conjunto. Los conceptos de déficit primario, financiero y fiscal no son simplemente nociones económico-financieras resguardadas únicamente para técnicos y teóricos. Claramente son elementos que repercuten históricamente en el cotidiano de nuestro país. Por esta razón debemos estar sumamente atentos a sus fluctuaciones y observar cómo afectan el andar gubernamental y político de la Argentina, como así también exigir soluciones sobre esta temática.Julián Lazo Stegeman
