El asunto de la seguridad
Dadas las sucesivas expresiones que se han oído en estos días desde los medios y las esferas públicas acerca de mejorar la seguridad ciudadana con el aumento de efectivos en las calles o la baja de la edad de imputabilidad, considero oportuno comenzar el artículo del día de hoy con las siguientes palabras del abogado y Doctor en filosofía jurídica Enrique Del Percio: “no hay mejor indicador del fracaso de una sociedad que la cantidad de presos que pueblan sus cárceles. Ni método más ineficaz para combatir el delito que limitarse exclusivamente a poner más policías en la calle.
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Esto pudo ser efectivo en el siglo XX pero hoy apenas sirve para el corto plazo. Al poco tiempo sólo genera un incremento del gasto público y una mejora en el nivel de respuesta del crimen organizado. Obviamente en el largo plazo lo más efectivo es seguir avanzando en la generación de las condiciones para que cada miembro de la sociedad pueda desarrollar plena y libremente sus capacidades. Pero como en el largo plazo estaremos todos muertos, es necesario adecuarse a las realidades producidas por el capitalismo globalizado con su demanda de hiperconsumo. El siglo XXI exige nuevas estrategias: ya no basta con prevenir o reprimir el delito, es necesario adelantarse, trabajar sobre su etiología. Para ello, lo más efectivo es generar equipos altamente capacitados en prospectiva criminológica o, como se los denomina usualmente con menor precisión, de inteligencia criminal". En este sentido continua agregando lo siguiente: "estos equipos están integrados por politólogos, sociólogos, contadores, antropólogos, filósofos, licenciados en seguridad y otros profesionales....". Con el objetivo de solucionar el problema de la inseguridad es imprescindible entender que una mayor cantidad de policías en la vía pública o bajar la edad de imputabilidad no resuelve la cuestión. Basta reflexionar acerca de la siguiente metáfora: el crimen y el delito son como los virus y las bacterias, evolucionan ante los obstáculos ambientales o "antibióticos" para sobrevivir y readaptarse. En el caso de que las fuerzas de seguridad vayan en aumento en la vía pública, los delincuentes siempre van a encontrar la forma de sortear estos escollos y seguir con sus lamentables acciones. Para terminar con el flagelo de la inseguridad es clave comprender que se necesitan correcciones que corten con la problemática desde su origen. En sintonía con este argumento, Del Percio dice lo siguiente: "Por ejemplo, es preferible seguir desde una computadora la ruta del dinero que meter preso a un transa que tantas veces es también víctima del mismo veneno que vende. No se trata tanto de hacer mapas de dónde se cometen los delitos sino de los lugares de donde proceden los delincuentes, para que el Estado actúe allí en forma directa e indirecta, apoyando la labor de iglesias, clubes y organizaciones comunitarias. En lugar de tener aviones artillados para derribar vuelos con cargamentos de sustancias tóxicas conviene limitarse a hacer el seguimiento de los vuelos no autorizados dando cuenta a los cuerpos policiales del lugar en que se efectúa la descarga. Si esto se realiza eficazmente, al poco tiempo los traficantes buscarán otro medio para ingresar las sustancias prohibidas, para lo que el analista de prospectiva criminológica deberá estar pensando en cómo adelantarse a esas posibles nuevas vías de ingreso". No debemos engañarnos con eslóganes falsos que sólo proponen soluciones a corto plazo. La inseguridad se combate fuertemente en el largo, no sirven respuestas endebles con intenciones electorales. Basta de querer solucionar esta contingencia social desde el apuro, la desorganización y la falta de políticas de estado eficaces.Julián Lazo Stegeman(Fuentes: Clarín, Página 12)
