El centrismo político
La efervescencia que genera la pandemia del COVID-19 provoca unos niveles de violencia dialéctica y retórica en la opinión pública que muchas veces se tornan preocupantes.
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En este contexto, sucede que cuando se intenta exponer una opinión para indagar en los matices de alguna situación política o socioeconómica de Argentina o del mundo (por ejemplo, la crisis económica que produce y producirá el coronavirus y las estrategias que lleva adelante el Gobierno Nacional para intentar contenerla), las respuestas suelen ser irracionales, agresivas y sin la mínima intención de intercambiar ideas en la disidencia. Por un lado, estas actitudes se explican en la lógica binaria que caracteriza a nuestra sociedad: o sos de un bando o sos del otro. Por otra parte, es momento que la sociedad civil en su conjunto reflexione y comience a mantener debates racionales y saludables, donde el análisis de los matices de cada fenómeno social, político o económico que ocurra en el cotidiano no se pierda en las barrancas de la agresión, la irracionalidad y la chicana barata.Fernando Pittaro ( consultor,analista político y especialista en estrategias de comunicación) realizó una breve reflexión sobre el usualmente denominado "centrismo político". Es decir, aquella postura o actitud que en nuestro país se encuentra propensa al agravio por parte de diversos sectores políticos. Pittaro expresa lo siguiente: " ¿Qué NO es "ser de centro"? No es la indiferencia política. No es la tibieza como marca ideológica. No es la indefinición como rasgo identitario. No es la "avenida del medio" como respuesta electoral a una fragmentación social. ¿Qué es "ser de centro"? Es el pragmatismo virtuoso que abandona los extremos y se pone en el medio para sintetizar posturas y arribar a consensos básicosEs gobernar (y hacer oposición) con responsabilidad institucional. Es dejar de hablarle (sólo) a los tuyos. Es aceptar los matices como pilares esenciales de la discusión democrática. Es el lugar donde se administran los conflictos, donde se debería gestionar lo público. Es donde se amasan los problemas, se leudan las diferencias y se cocinan los acuerdos. ¿Por qué nos vendría bien un poco de "centrismo"? Para abrir las ventanas de la política nacional y que entre aire fresco. Para lograr consensos mínimos que nos saquen de la mayor crisis que vamos a sufrir en un siglo. Para abandonar postulados moralizantes que construyen su identidad en base al rechazo al otro.Para que aparezcan nuevos liderazgos que le huyan al sectarismo. Para hablar desde la empatía y el entendimiento y no desde el prejuicio y el odio.¿Se puede estar parado siempre en el centro? Desde luego que no. El equilibrista, más pronto que tarde, termina inclinando su cuerpo hacia uno de los dos lados. Vuelve a su estado natural: su nido ideológico donde está calentito y nadie lo cuestiona. El problema no radica en hacia qué lado apoya el pie sino cuánto tiempo se mantuvo equidistante de los dos polos y qué logró durante ese lapso. El centrismo no es una ideología en sí mismo, es más una actitud que una declaración de principios, una predisposición permanente a tender la mano y a no construir muros. Se puede ser liberal, conservador, peronista o socialdemócrata y aspirar al centrismo como forma de conducción y ejecución política. No hablo de fundar la república imaginaria de "Corea del Centro". El país ya existe y se llama Argentina. Hay intereses, conflictos y disputas. Algunas irreconciliables, muchas otras no. Y ahí hay un enorme abanico de temas para acordar. Es una invitación a que reconozcamos nuestras debilidades y limitaciones. A que pongamos paños fríos a esa cabeza afiebrada que a veces delira y construye antinomias ridículas como si fuésemos un infinito campo que puede dividirse eternamente".En fin, como sociedad no podemos claudicar en antinomias insalvables, menos aún en estos tiempos de pandemia. En la puja de poderes e intereses que experimenta nuestro país, debemos hacerle lugar al intercambio racional y pacífico, a lo que el otro tiene para decir y, fundamentalmente, tratar de evitar los extremos y comenzar a analizar los matices. Julián Lazo Stegeman
