El modelo extractivista
Según los trabajos de Eduardo Gudynas, entendemos por extractivismo un modelo de acumulación basado en la sobreexplotación de recursos naturales no transformados o ligeramente transformados que son destinados principalmente a la exportación: extracción minera, producción de petróleo y de gas, monocultivos de soja.
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El desarrollo histórico del continente latinoamericano y su inserción en la economía mundial ha seguido siempre la lógica tradicional del modelo exportador de materias primas. Desde el comienzo del nuevo milenio, y a lo largo de unos diez años, independientemente del color político de los gobiernos, todos los países de la región participaron en el boom de las explotaciones, y de las exportaciones, de materias primas. En los países que giraron a la izquierda se consolidó el extractivismo en una forma "progresista", caracterizada por el rol central que jugaba el Estado ejerciendo un mayor control en el proceso -nacionalización del petróleo y el gas en Venezuela, Bolivia y Ecuador-, apropiándose de una mayor cantidad de los dividendos y reorientando las ganancias hacia programas sociales y políticas de lucha contra la pobreza. Actuando así, América Latina -y en particular, América del Sur- acrecentó su dependencia de los commodities, las materias primas. Las materias primas, que a inicios de los años 80 significaban el 27% de las exportaciones del continente, alcanzaron el 40% en 2009 y llegaron a ser el 42% en 2013. Ese año, el 73% de las exportaciones se dirigían a China, ya convertida en el segundo socio comercial del continente. Esas tendencias se vieron más acentuadas en América del Sur: en 2012-2013 el 75% de todas las exportaciones de América del Sur eran ya materias primas. China es la primera fuente de las importaciones que recibe Brasil, como también es el primer destino de las exportaciones de Brasil y de Bolivia, y es el segundo destino de las exportaciones de Ecuador y Venezuela. Y el 69% de todo lo que el continente importa del resto del mundo son productos manufacturados. Ese porcentaje aumenta hasta un 91% con respecto a las importaciones que llegan procedentes de China. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) habla de un proceso de "re-primarización" del sector exportador de América Latina y el Caribe, en el que China no es la causa, sino el catalizador. Venezuela, Brasil, Bolivia y Ecuador están particularmente envueltos en este proceso. Según datos de 2015 (de 2013 para Venezuela), el gas y los minerales representaban cerca de dos tercios de todas las exportaciones de Bolivia. El petróleo era el 36% de las de Ecuador y algo más del 85% de las de Venezuela. En Brasil la concentración de las exportaciones en materias primas era menor: la soja, los minerales y el petróleo representaban un 25% del total de sus exportaciones. Entre 2011 y 2015, los precios internacionales de los metales y de la energía (petróleo, gas y carbón) cayeron un 50%. En 2015 los precios del hierro (7.5% de las exportaciones brasileñas), del cobre y del zinc (10.6% de las exportaciones bolivianas) cayeron un 30%. Teniendo en cuenta que los recursos procedentes de la explotación y exportación de estas materias primas constituyen segmentos tan importantes en los presupuestos de estos países, es fácil imaginar la afectación que sufrieron. Esto es particularmente válido para Ecuador y para Venezuela, donde el rédito de los hidrocarburos representaba en 2014 alrededor de un 40% de los ingresos de ambos Estados (Fuente: Frédéric Thomas para www.cetri.be). Nuestro país no es la excepción al modelo extractivista. El intento de cambiar la norma 7.722 por parte del Gobierno de Mendoza mediante la ley 9.209 (lo cual no se pudo llevar a cabo gracias a la organización y movilización popular de los mendocinos) y así habilitar el uso de sustancias tóxicas como el cianuro (lo cual hubiera afectado los recursos hídricos de la región) o la pretensión del Gobierno Nacional de bajar las retenciones a petroleras y mineras, son dos demostraciones cabales de cómo el lobby extractivista opera con fuerza en la Argentina. ¿Se puede hablar de una continuación del modelo extractivista en nuestro país? La socióloga Maristella Svampa y el abogado ambientalista Enrique Viale acuerdan en que sí e introducen el concepto de "neoextractivismo". Desde 2000 en adelante, esta modalidad se consolidó, de la mano de los altos precios internacionales de los commodities e independientemente de la orientación ideológica de los gobiernos. Además de la megaminería a cielo abierto, otras formas que adquiere el fenómeno en nuestro país son la expansión de la frontera petrolera y energética a través de nuevas metodologías invasivas; la construcción de grandes represas hidroeléctricas al servicio de la actividad extractiva; la generalización del modelo de agronegocio; el acaparamiento de tierras y la sobreexplotación en el rubro pesquero. El (neo)extractivismo es una categoría de gran actualidad y capacidad explicativa que recorre tanto las ciencias sociales críticas en América latina como la gramática política de diferentes movimientos socioterritoriales y organizaciones indígeno-campesinas. Podemos caracterizar al mismo como un patrón de acumulación basado en la sobreexplotación de bienes naturales, cada vez más escasos, en gran parte no renovables, así como en la expansión de las fronteras de explotación de territorios antes considerados como improductivos. La intensificación de una dinámica mercantilizadora está asociada al metabolismo social, el que, en el marco del capitalismo avanzado, exige para su funcionamiento cada vez más materia y energía, presionando por ende sobre bienes naturales y territorios. En consecuencia, el extractivismo actual se caracteriza por la exportación de bienes primarios a gran escala, entre ellos, hidrocarburos (gas y petróleo), metales y minerales, y productos ligados al nuevo paradigma agrario. Otro rasgo inherente al neoextractivismo refiere al gigantismo o la gran escala de los emprendimientos, la cual nos advierte también sobre la envergadura de las inversiones (de carácter capital-intensivo y no trabajo-intensivo) y de los actores intervinientes -en general, corporaciones transnacionales-.Lea más en la edición impresaJulián Lazo Stegeman
