Fallas del Estado y violencia civil
Cuando el Estado y sus administradores ( es decir, los gobernantes) no resuelven las necesidades básicas de la población tales como educación, salud y vivienda para que los ciudadanos puedan vivir dignamente, los sujetos a menudo escogen entre dos caminos a seguir. Uno está ligado (pese a las condiciones de precarización, exclusión, hacinamiento, ignorancia y marginalidad) a continuar respetando el contrato social de convivencia pacífica intentando subsistir con los escasos medios que se tengan a mano.
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El otro sendero, el más peligroso, está marcado por aquellos individuos cuyas lamentables condiciones materiales de subsistencia alteran sus códigos y valores. Esta situación provoca el resquebrajamiento del contrato social antes mencionado, lo cual genera un profundo espiral de violencia donde la delincuencia posee el rol principal.El episodio que acaparó esta semana la agenda pública nacional, en el cual un hombre de 71 años, luego de ser víctima de cinco delincuentes, mató a uno de los ladrones que habían ingresado a su vivienda, es un reflejo más de cómo, ante la negligencia estatal, la sociedad civil puede llegar a convivir en un contexto de anarquía en donde la violencia se transforma en moneda corriente y, además, se convierte en la forma predominante de relación social entre los sujetos. La Justicia determinará el curso a seguir por parte de los implicados en este hecho. De todas maneras, como sociedad necesitamos reflexionar acerca de nuestros representantes y su ineficacia para resolver estas cuestiones desde un marco institucional para que no vuelvan a ocurrir. Es inconcebible que los políticos, luego de años y años, aún se desentiendan de las demandas sociales y no logren resolver las necesidades básicas de la población. Por esta grave impericia, convierten a la sociedad civil en un campo de batalla en donde los ciudadanos se sumergen en un espiral de violencia y se terminan aniquilando entre sí."No nací para matar a nadie" expresó el adulto mayor implicado en este acontecimiento. Precisamente, la impericia de nuestros funcionarios provoca que los ciudadanos experimenten situaciones para las cuales no están preparados y nunca se imaginaron vivir. Es decir, situaciones que nunca deberían atravesar.La mano dura y la justicia por mano propia nunca son la solución. Sin embargo, cuando el Estado y sus administradores fallan, los ciudadanos se ven empujados a tomar este tipo de acciones, inclusive a su pesar, como se exhibe en el testimonio del hombre citado en el párrafo anterior.Para finalizar, cabe resaltar que a menudo aparecen estos casos en nuestro país. Esto significa que existe una grave problemática sin resolver. Si los administradores estatales, que poseen la herramientas necesarias para ponerle fin a estos episodios, se mantienen inertes y pasivos ante este tipo de sucesos (como viene ocurriendo desde hace varios años), la violencia civil aparece para rellenar esos espacios donde debería estar el Estado y éste brilla por su ausencia. Sin políticas estatales de largo plazo que garanticen la seguridad de los ciudadanos mediante la satisfacción de las necesidades básicas de las personas, para que nadie contemple como posibilidad la alternativa de salir a robar y/o matar y otros, a su vez, se vean forzados a defenderse de éstos a través de la justicia por mano propia, este tipo de acontecimientos continuarán e, inclusive, aumentarán con el paso del tiempo. Evitar que esto ocurra, es responsabilidad absoluta de los funcionarios públicos a cargo.Julián Lazo Stegeman
