Hipótesis sobre la estabilidad nacional
A propósito de la inestabilidad política que se está presentado actualmente en diversas regiones de América Latina, María Victoria Murillo, Directora del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Columbia en Nueva York, expresa lo siguiente: “mientras que hoy Sudamérica parece estar desentrañándose, hace una década su futuro parecía brillante. Su economía estaba creciendo, mientras que la pobreza y la desigualdad de ingresos estaban en declive. La abundancia generada por los altos precios de los productos básicos incluso permitió políticas anticíclicas en el momento de la crisis subprime de Estados Unidos.
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Sin embargo, sus dificultades actuales se remontan a ese pasado reciente esperanzador. El nuevo milenio trajo a la región una combinación de rápido crecimiento económico junto con una redistribución socioeconómica y cultural, pero sin resolver su debilidad institucional endémica. A medida que el pastel dejó de expandirse, las tensiones crecieron a lo largo de dos patrones generales, que adoptaron diferentes expresiones y síntomas en todos los países. Primero, una reacción violenta contra las diferentes formas de redistribución aumentó la polarización social basada en la clase, el origen étnico o el género. Segundo, los escándalos de corrupción que se extendieron por toda la región contribuyeron a la decepción de una ciudadanía a la que se le había prometido igualdad democrática, pero descubrieron que las reglas del juego podrían ser diferentes para las élites políticas y económicas. Estas tensiones generaron diferentes divisiones políticas.Los primeros confrontaron a los sectores populares contra las clases medias; el último, todos contra las élites. De manera esquemática, la actual crisis boliviana ejemplifica la primera y la chilena, la segunda. Sin embargo, estas tensiones están presentes en diferentes grados en todos los países y surgieron cuando las protestas fueron provocadas por escándalos de corrupción, políticas de ajuste o resultados electorales disputados" (Fuente: Americas Quarterly). De todas maneras, en este contexto regional, Argentina pareciera ser la excepción, en el sentido de que no ha habido ningún cimbronazo profundo en el panorama político que haga tambalear o ponga en duda la legitimidad del Presidente Mauricio Macri hasta el 10 de diciembre. Al respecto, el periodista Fernando Rosso expone lo siguiente: "Al sur del sur de este polvorín, Argentina parece el nuevo "oasis" de la estabilidad democrática. A tal punto que no pocos encuentran en la quietud criolla una prueba de la maduración ciudadana.El viejo país contencioso habría encontrado el secreto de la Coca Cola para procesar ajustes y crisis de manera "civilizada". Se corona este optimismo de la política con la consumación del vigésimo nacimiento del sueño que alguna vez planteó Torcuato Di Tella: un sistema con dos polos, uno de centroizquierda y otro de centroderecha, base de una renovada estabilidad política. Un bipartidismo que doma la polarización: una grieta vestida con ropaje democrático. Nuestro país sería la excepción que confirma la regla. Sin embargo, dentro de su regla tuvo una excepción: las jornadas con ribetes revueltistas de diciembre de 2017 contra la reforma previsional fueron el inicio del fin de la utopía cambiemita" (Fuente: "El empate latinoamericano" para la publicación de la Universidad Nacional de San Martín denominada Revista Anfibia). Si bien las palabras de Rosso están configuradas bajo un metamensaje de tinte pesimista ante esta supuesta estabilidad, plantea una cuestión muy interesante: ¿Por qué nuestro país no es víctima de esta oleada de inestabilidad latinoamericana? Si bien el periodista antes mencionado retoma las revueltas del 2017 durante el debate legislativo por la reforma previsional en el 2017 para criticar la "grieta con ropaje democrático", es arriesgado vertir esta comparación con lo que sucede, por ejemplo, en Chile y Bolivia. Este paralelismo entre estos dos países y la Argentina se torna débil cuando se reflexiona acerca de la cantidad de muertos que hay en Chile o la salida antes de tiempo de un Presidente acusado de fraude, mediante injerencia militar, como pasó en Bolivia. Entonces, retomando el interrogante anterior, ¿qué es lo que mantiene a la Argentina estable políticamente hablando? Esta pregunta se vuelve aún mucho más sugestiva, sobre todo, si se toma en consideración lo que plantea Murillo no sólo para nuestra nación sino, también, para la región en general: "volviendo a las fuentes de la ira sudamericana, es notable que, con el crecimiento económico proyectado para este año, las tensiones que eran tolerables cuando crecía el pastel se han vuelto menos tolerables ahora, especialmente en una región caracterizada por un gran sector informal. Durante el auge, los contribuyentes de clase media aceptaron políticas sociales relativamente no basadas en contribuciones, como los programas de transferencias condicionadas de efectivo, que promovieron el consumo entre los pobres en el sector informal. Sin embargo, ante una economía estancada, se volvieron más reticentes a hacerlo... Estas transformaciones crearon tensiones, que aumentaron con la desaceleración del crecimiento económico y la explosión de escándalos de corrupción. La ciudadanía se enojó y las instituciones domésticas tuvieron dificultades para canalizar sus demandas. De hecho, el apoyo a la democracia ha disminuido en toda la región. Los límites de las instituciones políticas ya eran evidentes. Los conflictos entre las ramas fueron frecuentes, al igual que los cambios entre el plebiscitarismo y el estancamiento, lo que resultó en que los sistemas políticos ignoraran a las minorías o las mayorías. A medida que los escándalos resaltaban cómo la corrupción y la captura estatal por intereses económicos producían un trato diferencial ante la ley, las tensiones sociales y políticas aumentaron aún más. Los ciudadanos percibieron que la aplicación de la ley era desigual debido a los prejuicios en el poder económico (p. Ej. corrupción imprudente o colusión como en Chile) o poder político sin control (por ejemplo, presidentes que ignoran los límites de mandato como en Bolivia). Incluso el acceso a la seguridad del estado no era igual para todos, como lo demuestran las distintas geografías del crimen en muchos países" (Fuente: Americas Quarterly). Dado este escenario, escapa a los límites de la columna de hoy componer de manera tajante las razones de la estabilidad política nacional. De todas maneras, se pueden aportar alguna hipótesis al respecto:• La relativamente nueva recuperación de la democracia a partir de 1983, luego de la más sangrienta dictadura cívico-militar de nuestra historia, mediante los diversos organismos de DD. HH, el amplio consenso republicano que abarca a vastos sectores de las fuerzas políticas, desde el radicalismo hasta el PJ (y que derivaron en leyes en este sentido), la CONADEP y el Nunca Más, todos como ejes democráticos, han consolidado una conciencia democrática argentina que se viene fomentando de aquel 1983 y evita o diluye cualquier tipo de iniciativa golpista.• Si bien existe en nuestra sociedad una clara falta de legitimidad con respecto a la clase política, no sucede lo mismo con las instituciones constitucionales. Es decir, en Argentina los individuos muchas veces sienten un profundo malestar con los políticos, pero no así en relación a los poderes republicanos ni a las instituciones que estos sustentan. Por ejemplo, existen muchísimas personas que no toleran a diversos legisladores de diferentes agrupaciones, sin embargo, no pretenden disolver el Congreso.• La sociedad civil es un factor clave. Desde las ONG, los comedores y merenderos hasta los movimientos sociales desarrollan tareas y acciones fundamentales que contribuyen a mantener cohesionado el tejido social ante la fluctuante situación económica que atraviesa el país. Esto ayuda a evitar los estallidos sociales graves.En fin, estas son tan solo algunas hipótesis sobre el fenómeno actual que estamos experimentando. Nada indica que esto se mantendrá así por siempre por el simple hecho de que es imposible predecir los tiempos políticos. Las linealidades históricas son difíciles de marcar. Por lo tanto, siempre pero siempre debemos guiarnos, como ciudadanía, a partir de los marcos constitucionales y republicanos, en la medida en que tengamos conciencia sobre este asunto, la estabilidad democrática en Argentina no correrá peligro.
