Ideología, inconsciente, interpelación
Muchas veces creemos y sostenemos que al momento de ejercer nuestras acciones (desde optar por un canal de televisión, una determinada vestimenta hasta escoger un candidato electoral, entre otras) somos conscientes de las mismas y no hay nada ni nadie que nos indica cómo debemos actuar. Lo que sucede en realidad, según los diversos autores que iremos citando a continuación, es que estamos más influenciados e interpelados de lo que pensamos a la hora de movernos en el cotidiano. La ideología, por más que supongamos que no nos afecta en lo más mínimo, es inherente a todo contexto social en un determinado momento histórico. En este sentido, no somos ajenos a ella, la cual suele interactuar con nosotros de un modo inconsciente.
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En el artículo del día de hoy es pertinente diagramar un apartado que toque de lleno el efecto que la interpelación genera en los individuos, un efecto ligado a la ideología y al inconsciente en donde los sujetos se constituyen como tales. Es interesante establecer esto ya que los mencionados ejercen prácticas discursivas conectadas a una determinada interpelación ideológica. Valga la redundancia: la ideología interpela a los individuos como sujetos. Ésta sólo existe por y para los ellos. La categoría de sujeto es constitutiva de toda ideología sólo en tanto que toda ideología tiene como función la constitución de individuos concretos en sujetos. La evidencia de que somos sujetos es un efecto ideológico (Althusser, 2015). A su vez Althusser especifica que "la ideología tiene una doble función: reconocimiento (como sujetos) y desconocimientos (del mecanismo). Somos sujetos que practicamos rituales de reconocimiento ideológico que nos garantizan que somos sujetos, pero desconocemos el mecanismo del reconocimiento. La ideología recluta sujetos entre los individuos concretos por medio de la interpelación". En este sentido, la existencia de la ideología y la interpelación de los individuos como sujetos son una sola y la misma cosa (Althusser, 2015). Asimismo el reconocimiento de la interpelación lo convierte en sujeto.A su vez, la ideología en su eternidad siempre ha interpelado a los individuos como sujetos. En línea con Althusser, Pechaux dirá que "el rasgo en común de la ideología y el inconsciente es que ocultan su propia existencia dentro de su funcionamiento produciendo una red de verdades evidentes subjetivas, no afectan al sujeto sino que es el lugar donde el sujeto se constituye. En la ideología y en el inconsciente se constituye el sujeto como tal" (M. Pechaux, 2003). También hay que considerar que la interpelación de los sujetos supone la existencia de otro Sujeto, único y central, que interpela a todos los sujetos. Existe una mutua interdependencia entre el Sujeto y el sujeto. Existe una sujeción. Sujeción al Sujeto. Existe un mutuo reconocimiento: entre el Sujeto y los sujetos, entre los sujetos y entre el sujeto y sí mismo. Hay un reconocimiento universal. La interpelación es espectacular, en forma de espejo, y doblemente espectacular porque ese redoblamiento es constitutivo de la ideología y asegura su funcionamiento (L. Althusser, 2015).En esta lógica, los sujetos se reconocen, consideran la existencia y las prácticas como si fueran así dadas y las naturalizan, gracias a la operación de interpelación los sujetos se constituyen en la ideología y el inconsciente.Se presenta la siguiente paradoja: el sujeto es interpelado como sujeto (libre) para que se someta libremente a las órdenes del Sujeto, por lo tanto, para que acepte (libremente) su sujeción. Los sujetos solo existen por y para su sujeción (Althusser, 2015). Estas consideraciones desplegadas en los párrafos anteriores, si bien pueden parecer un tanto complejas ya que utilizan conceptos con los cuales, tal vez, no estamos tan familiarizados, marcan, básicamente, que no somos sujetos libres y neutrales ni tampoco individuos autodeterminados e independientes de los contextos materiales y culturales del momento histórico en el cual vivimos. Continuamente, jornada a jornada, en cada paso que damos, en cada decisión que tomamos, en cada mirada u opinión que tenemos sobre nuestras experiencias en la vida y en los fenómenos sociales que nos rodean, estamos siendo interpelados por la ideología del momento, la cual naturalizamos y no cuestionamos. Este efecto, a su vez, está ligado al contexto histórico y socio-cultural en el cual nos configuramos como sujetos. Como ciudadanos responsables, deberíamos ejercer una profunda reflexión sobre los discursos a los cuales les damos un status de verdades absolutas cuando ni siquiera sabemos de donde provienen. El efecto interpelante de la ideología muchas veces oculta desigualdades y miserias que a la hora de movernos en la vida pasamos por alto. Es fundamental analizar y, si fuese necesario, desaprendernos de aquellos postulados que sostenemos como dogmas incuestionables. Sin lugar a dudas esta práctica requiere muchísimo esfuerzo, pero claramente lo vale a la hora de manejarnos mejor como sociedad.Julián Lazo Stegeman(Fuentes: Louis Althusser; Michel Pechaux, Jacques Lacan)
