La “transparencia” de Alberto Fernández
A propósito de los conocidos dichos del participante de Gran Hermano sobre Alberto Fernández durante esta semana, la vocera presidencial, Gabriela Cerruti, manifestó vía Twitter sobre el Presidente que éste “ha hecho de la transparencia un propósito central de su gestión en la función pública”.
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¿Por qué este ahínco de Fernández, a través de un canal oficial como lo es la vocera presidencial, de destacar la “trasparencia” en sus años de gestión pública? Básicamente, porque es lo único que le queda. El Presidente Fernández dejó de tener legitimidad política (sólo electoral), no mantiene poder ni para afuera ni para adentro de su coalición, no puede ni pudo resolver las contingencias diarias de un amplio sector de la sociedad y ni siquiera es capaz de sostener un papel coherente en sus alocuciones públicas. En esta línea es que él necesita algún punto del cual sostenerse para justificar su rol en la política nacional más allá del contrato electoral (que ni siquiera cumplió y por eso generó el fastidio de una amplia mayoría de su base de votantes).
Ahora bien, ¿es justamente la “transparencia” esa isla en el desierto político que es su gestión una realidad para resguardar algo de su reputación? ¿O acaso si hilamos fino es todo una fábula del Presidente?. Por ejemplo, la fiesta de cumpleaños de su pareja en Olivos en el peor momento de la pandemia, de espaldas a la sociedad, ¿es sinónimo de transparencia?. O cuando en Ensenada en julio del corriente año, en un acto en homenaje al General Perón, Cristina Fernández de Kirchner cruzó irónicamente a los funcionarios albertistas: “Cualquiera puede leer mi celular, no sé si todos pueden decir lo mismo”. ¿Es esa la “transparencia” de la cual habla Cerruti?.
El reality show en cuestión es, ciertamente, un programa de televisión con bastantes puntos de rating. Pero, ¿qué legitimidad tienen los enunciados que allí se pueden oír o esgrimir?. El Presidente, de la mano de Gabriela Cerruti, legitimó con un manto de solemnidad, al utilizar canales oficiales como lo es su vocera, los dichos irrelevantes de un participante de Gran Hermano. Desde allí se comenzó a tejer una batalla dialéctica circense entre este show y la gestión gubernamental oficialista.
Muchas personas intentan justificar este accionar del binomio Fernández -Cerruti al decir o recordar cuando Néstor o Cristina Kirchner se sumaban y participaban de las imitaciones que se realizaban sobre ellos en los programas de Marcelo Tinelli en su momento, años atrás. ¿Acaso la relevancia que mantenía este conductor y su programa en aquel momento es la misma que tiene GH actualmente?.
Alberto Fernández surca entre una ineficiente construcción de poder y una “transparencia” que no es tal. El asunto importante de esta cuestión es que él es el Ejecutivo Nacional, es el que tiene que tomar las decisiones para transformar la realidad de las personas. Pero en este contexto, se ve imposibilitado para hacerlo. En este punto de su gestión ya es mejor hablar de una “presidencia testimonial”. Mientras él se encarga de discutir con Gran Hermano, el poder real pasa por otra parte.
En definitiva, las intentonas del Presidente y su vocera por salvaguardar la reputación del primero tuvieron el efecto contrario y legitimaron los dichos intrascendentes del participante de un reality show. Podemos decir que es un error comunicacional. Sin embargo, antes de todo, es un furcio político.
Julián Lazo Stegeman