Por Julián Lazo
Las fallas en los poderes del Estado
Mientras los poderes del Estado se endilgan culpas y responsabilidades entre sí, los sectores más vulnerados de nuestra sociedad continúan padeciendo los tristes avatares del COVID-19. Las demandas y posteriores muertes de Ramona Medina (vocera de la Garganta Poderosa) y Víctor Giracoy (llevaba adelante el comedor comunitario Estrella de Belén) , del barrio Padre Mugica en CABA, colocaron sobre el tapete las terribles condiciones de hacinamiento y precariedad en las cuales sobreviven estas poblaciones marginadas ante la desidia de las autoridades públicas. Esta situación se agrava en el contexto de una pandemia que golpea de lleno no sólo en las villas de emergencia de la Capital Federal, sino también en las de Provincia de Buenos Aires y en las del interior del país en general.
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El periodista Javier Borrelli para el medio Tiempo Argentino aporta unos datos preocupantes: " Según las últimas cifras del Indec, entre la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires vive el 45% de los argentinos y el 54% de los pobres. La densidad poblacional y las condiciones de vida deficitarias favorecieron que entre los dos distritos hoy tengan siete de cada diez infectados por coronavirus en todo el país y el 83% de los muertos. Pero lo más preocupante es la tendencia. Mientras que las infecciones nacionales crecieron un 33% en la tercera semana de mayo, en la Capital el aumento fue de casi el doble, 65%. Gran parte de esto fue arrastrado por la situación en los barrios vulnerables porteños". A estos aportes de Borrelli, es pertinente sumar las definiciones del periodista Mariano Roa sobre lo que acontece específicamente en la Provincia de Buenos Aires: "De los 2.668 casos de coronavirus en todo el territorio bonaerense (hasta el 17 de mayo), 193 corresponden a personas que viven en barrios vulnerables. Pero hasta el momento sólo se hicieron testeos en asentamientos de Quilmes, San Vicente y Lanús. Esta semana arrancan en villas de los cinco municipios con más contagios". De este modo, queda claro que aún resta aguardar por estos mencionados testeos para tener un diagnóstico más preciso de lo que está ocurriendo en relación al coronavirus en las villas de emergencia bonaerenses. Lo que queda en evidencia hasta el momento, es que las condiciones óptimas y esperadas en estos lugares extremos no se estaban cumpliendo por parte de los funcionarios estatales. Recién cuando los reclamos de los vecinos de estas zonas llegaron a los medios, por ejemplo el de Medina y Giracoy en el Barrio Padre Mugica de la Capital Federal o las demandas de los vecinos de la Villa Itatí de Quilmes, las autoridades públicas comenzaron a prestarle atención al complejo escenario que atraviesan estas personas.Ahora bien, ¿qué está ocurriendo en algunos territorios del interior del país? La provincia de Chaco nos brinda una lamentable respuesta. Las comunidades indígenas y el Área Gran Toba de Resistencia se convirtieron en un problema en sí mismo y de un alcance aún imposible de calcular dentro de la crisis sanitaria que enfrenta la provincia por el coronavirus. La situación es compleja: a las dificultades propias de una alta movilidad por necesidad económica, la circulación comunitaria del virus y las condiciones de precariedad en cuanto al saneamiento y a la infraestructura ambiental, en las populosas barriadas indígenas se suma la brecha cultural, que demanda un trabajo amalgamado, interdisciplinario, que respete por un lado los protocolos de salud y por otro, las prácticas ancestrales de la comunidad (Fuente: diario La Nación). De esta manera, al igual de lo que ocurre en CABA y Provincia de Buenos Aires, se confirma aquí también que en la medida en que no se resuelvan los problemas de fondo de estos sectores postergados, las acciones de contención que puedan tomar ahora los distintos poderes del Estado, si bien son necesarias, costarán en volverse eficientes dado que el COVID-19 expuso un escenario de precariedad de esas personas que viene desde hace años. Entonces, en este contexto actual, es difícil solucionar en semanas lo que no se hizo en mucho tiempo, esto es, asegurar las condiciones habitacionales, alimenticias y de salud para poseer una vida digna.Afortunadamente, el coronavirus no se ha propagado comunitariamente de forma intensa en todo el país, de todas maneras, si esto llegase a suceder, las villas de emergencia se encontrarían en una situación de vulnerabilidad inconmensurable. Es menester de los poderes estatales tomar las medidas necesarias para ejercer un especial cuidado sobre los asentamientos de sabida situación de vulnerabilidad . Asimismo, ya pensando más allá de la pandemia, es imprescindible que estos mencionados poderes reflexionen y replanteen sus accionares para generarle condiciones de vida aceptables a las personas que subsisten en la marginalidad.
