Atravesar las aguas de la pasión: ¿qué es el Síndrome de Estrés Postromántico?
Nos conocemos, pasan los meses, el romanticismo baja, cambian las hormonas y, ¿nos da miedo?
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En el comienzo de toda relación la intensidad del amor tiene sus variantes. Si bien la biología ayuda con el incremento de sustancias que favorecen el apego y el bienestar, el vínculo se ve influido por otros factores como el grado de atracción en otras áreas no afectivas y las experiencias amorosas previas. Los primeros sentimientos amorosos se recordarán de por vida, tanto por descubrir las mieles del amor, con mariposas en la panza incluidas, como por la desazón y el vacío de la pérdida. Todo lo que viene después intentará rescatar algo de esa intensidad, con las ilusiones, pero también con miedos y un poco menos de audacia.Emociones, hormonas y etapasLa pasión es una emoción que se sostiene por un tiempo para luego dar paso a un sentimiento más calmo y duradero. A veces nos damos cuenta y aceptamos que la transición entre el amor pasional y el compromiso romántico es parte de la naturaleza de este tipo de vínculo, y otras veces sufrimos, y nos preguntamos si ese "bajón" se debe a la pérdida de interés por el otro. Se denomina Síndrome de Estrés Postromántico ("Post Romantic Stress Disorder") al malestar que afecta a la pareja por sentir que algo importante se está perdiendo, que las emociones y la repercusión física de las mismas no tienen el ímpetu de antes, la energía propia de los estados pasionales.La biología que un primer momento acompaña con altos niveles de neurotransmisores (dopamina, noradrenalina) y hormonas (oxitocina u hormona del apego, hormonas sexuales, etc.) se vuelve perezosa, dando paso a sustancias (serotonina) que promueven un ánimo con menos fluctuaciones y estimulando la capacidad de anticiparnos a las cosas (generar proyectos). Si la pasión es lo inmediato, la urgencia, la necesidad de saber del otro, de extrañarlo como si viviera a la distancia, el sentimiento postromántico, en cambio, precisa de un nombre que dé cuenta de un tipo de relación (noviazgo, pareja, matrimonio) y del compromiso que supone cada una de estas instancias.El Síndrome de Stress Postromántico no se hace esperar, los tiempos son vertiginosos y el cambio en la intensidad del amor suele aparecer (según algunos estudios) entre los 12 y 18 meses. Si en los consultorios, hasta hace unos años atrás, eran las parejas con años de convivencia las que consultaban por este tema, hoy en día son las uniones más recientes las que han comenzado a sentir que poco queda del embrujo del comienzo. La primera reacción, casi natural o espontanea, es preguntarse por qué uno, o el otro, ha dejado de hacer aquellas cosas que antes encendía la chispa del amor y del sexo. El discurso se repite: "lx desconozco"; "ya no hay piel", "ninguno toma la iniciativa"; "me divierto más con mis amigxs"; "dejamos de besarnos"; "no lo extraño como antes", "antes hacíamos de todo en la cama, ahora solo lo indispensable". La impresión que provoca "darse cuenta de aspectos desconocidos del otro suele ser desconcertante. Algo de la realidad cae por su propio peso, como si un velo hubiera ocultado rasgos de personalidad o conductas (casi siempre negativas).Con respecto a las expresiones con referencia sexual, destaco dos: "ya no hay piel" y "ninguno toma la iniciativa". La primera pone en evidencia que no existe la "piel" de antes, pero existe otra forma de sentir que como no posee el mismo gradiente no se tiene en cuenta. Estas parejas añoran "el encendido" apenas los cuerpos se ponían en contacto; quieren que vuelva, se esfuerzan por repetir las mismas acciones pero no sucede lo mismo; ya el deseo no tiene esos picos de locura. Esperar que la pasión reaparezca es como un ideal a conseguir, se vuelve un desafío, una especie de obstinación que no ayuda, por el contrario, incrementa el malestar. Aparece la proyección de la culpa, el convencimiento de que lo perdido tiene una causa: el desinterés del otro. Y así se suceden las conjeturas y las discusiones.
