Brecha tecnológica: por qué hay muchos más hombres que mujeres en esta industria
Aunque hay una percepción de que es un ámbito equitativo y diverso, los datos demuestran lo contrario
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Desde que apretamos el botón de snooze en el teléfono y abrimos Instagram para chequear las últimas stories hasta el medio de transporte que usamos para ir al trabajo, la tecnología está entre nosotras. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que hay un universo de personas trabajando detrás de todo esto y, aunque hay una percepción de que es un ámbito equitativo y diverso, los datos demuestran lo contrario. Según un relevamiento de la ONG Chicas en Tecnología, el número de mujeres que se inscriben a carreras vinculadas con esa área es muy inferior al de hombres (15,08% contra 84,92%) y la brecha de género es cada vez más amplia.Es probable que si tenés alguna amiga o conocida que estudia Sistemas te haya comentado que en su entorno hay mayoría de hombres y que, con suerte, tiene tres o cuatro compañeras mujeres. No es de extrañar, tampoco, que se haya sentido menospreciada por sus pares. Profesores que le dijeron: "¿Entendiste o te lo vuelvo a explicar?". Familiares que las desalentaron: "¿Para qué vas a estudiar eso? Es una carrera de hombres. Hacé algo humanístico o social". Estos son solo algunos ejemplos que surgieron cuando hablamos con chicas jóvenes que estudiaron programación (y, spoiler alert, ¡sobrevivieron!). Sin embargo, la misma dinámica se repite incluso cuando se gradúan y acceden al ámbito laboral.Piedras en el caminoSegún UNESCO, las mujeres representan el 35% de las personas graduadas y el 21% de las personas en puestos de decisión. En los puestos de liderazgo la falta de mujeres es aún más notoria. Es más, las pocas mujeres que sí llegan a escalar realmente alto en el rubro cuentan que participan en eventos o cenas de sistemas en las que son todos hombres excepto ellas. Además, notan que los espacios predominantemente masculinos suelen tener ciertos códigos que no son inclusivos de otras diversidades y resultan expulsivos para las mujeres.Desde la niñez nos enseñaron que hay ciertas tareas, juguetes o actitudes que están asociadas a cada género: seguramente cuando ibas al jardín, los chicos jugaban en el rincón de los bloques, construían y trabajaban en equipo, mientras que las chicas jugaban a ser madres o a preparar el té. Este sesgo nos encasilló y generó la idea errónea de que las mujeres no tenemos la misma capacidad que los hombres para trabajar en lo que en el universo tech se conoce como "STEM" (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática).Otro factor que interviene son los estereotipos y role models. En los años 80, con el boom de los videojuegos, la imagen que se representaba de ellos en las publicidades contribuyó a alejarnos de la tecnología: estaban dirigidos a hombres blancos y norteamericanos. No es ninguna coincidencia que en la misma época se registrara una caída estrepitosa en la inscripción de mujeres a carreras vinculadas con la programación, que eran mayoría antes de este punto de inflexión. Según el Goethe Institut, aunque la mitad de la población gamer hoy está compuesta por mujeres, el género femenino representa una pequeña minoría entre creadores y desarrolladores de videojuegos, lo que resulta en una variedad de personajes, temas y diseños muy limitada.Por otro lado, nombres de referentes como Hedy Lamarr, la coartífice de un sistema de salto de frecuencias de comunicación precursor del wifi y del Bluetooth, no trascendieron como sí lo hicieron investigadores varones con descubrimientos similares. Si hoy nos ponemos a pensar en los popes de las compañías tecnológicas más poderosas, evocamos a Steve Jobs, Elon Musk, Bill Gates y Mark Zuckerberg. La falta de mujeres líderes que demuestren que es posible alcanzar un puesto jerárquico y destacarse no aporta a la causa.Por qué está bueno involucrarseSolo el 6% de las aplicaciones de todo el mundo fueron creadas por mujeres. ¿Cómo impacta esto en el diseño, desarrollo e implementación de la tecnología? En primer lugar, la subrepresentación de identidades diversas implica, además de inequidad, una oferta de trabajo que supera la demanda. Al ser la tecnológica una de las principales industrias que nutren de empleo a millones de personas alrededor del mundo, se convierte en una necesidad la generación de trabajo sin discriminar por género. De hecho, cada año, en la Argentina, unos 5000 puestos de trabajo quedan vacantes por falta de profesionales. Si las mujeres estudiáramos de forma más masiva este tipo de carreras, sería más fácil cubrir el déficit.En segundo lugar, se pierde la riqueza de perspectivas que conlleva la diversidad en cualquier equipo de trabajo y, en consecuencia, se ofrecen productos y servicios de más baja calidad. Por ejemplo, hace quince años, cuando se incluyó el reconocimiento de voz en los autos, era muy difícil para las mujeres hacerlos funcionar porque los sets de datos utilizados no incluían voces femeninas. Si llamabas al servicio al cliente para quejarte, la respuesta que recibías era: "Dejá que lo configure tu esposo".Por otro lado, l a tecnología es uno de los ejes estratégicos de la economía de un país y, según diversos estudios del Foro Económico Mundial, crece a mayor empleabilidad y empoderamiento económico de las mujeres.Otro tema preocupante es la inclusión digital. Se estima que en el mundo hay un 12% menos de mujeres que de varones que acceden a Internet, ya sea porque viven en zonas sin conectividad, porque no pueden pagar el servicio o porque culturalmente no está habilitado que hagan uso de Internet.Cómo achicar la brechaEsta desproporción se está visibilizando junto con movimientos como Ni Una Menos, Times Up y #Metoo, y la equidad está ganando terreno en todos los ámbitos. Hay muchas iniciativas del Estado, ONG y empresas con conciencia social que trabajan para eliminar los prejuicios y fomentar el interés por la industria. Lo más importante es que se está empezando a hablar de las mujeres en tecnología y sus logros, y eso es lo que inspirará a futuras generaciones a seguir esas carreras y sentirse aceptadas.Iniciativas argentinas. Ada ITEs la única escuela de programación exclusiva para mujeres en el país y un detalle importante es que entregan "préstamos de honor": el 60% de las alumnas devuelven el costo del curso ($45.000) una vez que están empleadas. Para que el emprendimiento sea rentable, brindan servicio de software a empresas y reciben el apoyo de partners como MercadoLibre, IBM y Accenture.. Chicas en Tecnología (CET)Esta ONG p romueve la programación entre adolescentes en escuelas de todo el país. A través del proyecto Programando un Mundo Mejor (PUMM), equipos de tres chicas por escuela identifican un problema en su comunidad y en 4 días, con la asesoría de mentores profesionales, lo resuelven a través de herramientas de programación. Además de aprender a programar, el intercambio con los adultos y la posibilidad de contar el proyecto en pocas palabras como cierre les brindan una formación integral. Además, tiene como objetivo que las egresadas del programa sigan profundizando el conocimiento con oportunidades de pasantías y encuentros con referentes.
