Mimi XXL: “Los gordos no tenemos que pedir perdón ni encajar”
En el Día Mundial de la Obesidad, la influencer española Miren Jaurne, Mimi XXL en las redes, cuenta su historia de superación y habla de la importancia de concientizar contra los mandatos de belleza.
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"Un día empecé a tener amor propio, a respetarme, a tratarme distinto, a experimentar una auto mirada diferente. Esto nació desde mi interior y fue una sorpresa. Antes había sido mi peor crítica y mi mayor enemiga".Para la española Miren Jaurne -quien en su cuenta de Instagram con el nombre Mimi XXL supera los 56.000 seguidores- ese antes y después es su gran orgullo y la prueba de su fuerza interior.La charla es a partir de su libro "La venus que rompió el espejo", publicado por Editorial Planeta en su país, donde Miren se animó compartir su historia y la transformación hacia la superación. "Era la única biografía que no quería contar y la que conté primero. Fue liberador y al mismo tiempo, terriblemente aterrador", dice esta guionista que trabaja en una empresa de monitorización de sistemas.El horóscopo semanal, moda, bienestar, pareja, género y todo lo que te interesa"Tuve que salir de mi piel y mi ser, y volver a enfundarme en la persona que fui, recrear y plasmar en papel lo que sentí y pasé", completa.Porque el primer sobrenombre supuestamente cariñoso dedicado hacia ella fue "gorda" y "ahí empecé mi camino por la vida", subraya. Siguieron agresiones y descalificaciones fuertes, y el emisor era su papá, quien justamente tiene sobrepeso."Mi gordura, de más pequeña, tenía que ver con un tema de desarrollo y después, con la condición de ovarios hipertróficos y poliquísticos. Además del sedentarismo y la alimentación. De todas maneras, conocer las causas no lo llevó a apaciguar sus comentarios. Con los años, pude sanar esa parte y mi relación con él. Hasta pudimos hacer viajes los dos solos".Las horas en el colegio tampoco eran su paraíso personal. "A los 13 años estaba más que acostumbrada a las burlas, a los pisotones adrede, a que hablaran por encima mío y a callarme porque nadie me prestaba atención". El panorama fue escalando, hasta llegar un día a su casa con un ojo negro, después de una paliza en grupo, por varones y mujeres. "El fin era humillarme, ridiculizarme".El único y real motivo: sus kilos de más, que en la adolescencia marcaron en la balanza 110 y después de una pelea con sus padres y una temporada en la casa de su abuela, llegaron "a los 135, constantes y sonantes". Esto la llevó a desórdenes alimentarios persistentes, autolesiones, encierros, sus propios insultos frente al espejo y otros maltratos a sí misma.
