Perderle el miedo al parto, en primera persona
Cuando se acerca la fecha del nacimiento, las experiencias ajenas y la incertidumbre pueden ser malas consejeras. En cambio, informarse y hablar de las dudas con un profesional permitirán liberarse de los temores típicos. Para eso, compartimos tres testimonios positivos.
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El embarazo es una etapa de ilusiones, pero también de incertidumbre. El miedo y el desconocimiento de lo que vendrá y especialmente del momento del parto pueden paralizar a la futura mamá. Sin embargo, más allá de las experiencias ajenas, muchas de las cuales pudieron haber sido traumáticas, cada una debe esperar con confianza su propio momento. Aquí, tres madres relataron a Entremujeres detalladamente sus maravillosos recuerdos."No me importó perder la dignidad dentro de una bata""El 12 de mayo de 2014 mi vida cambió por completo. Como esas frases hechas que siempre detesté, como esos lugares comunes que creí nunca repetir, la llegada de mi hijo determinó lo que realmente es la palabra "siempre". Sin dilatación alguna y pasando la semana 40 de embarazo, el momento llegó: cesárea programada. Con muchos (realmente muchos) kilos de más, pies hinchados como dos zapallos, gorro descartable y esa bata que dejó al aire todo menos mi dignidad, un enfermero me trasladó vía silla de ruedas hasta la sala de parto. Mi suegro oficiaba de fotógrafo para inmortalizar ese camino y mi polémica estética maternal. En el quirófano el tiempo se deshizo: con velocidad indescriptible se dio la secuencia anestesia-incisión-Manu. A las 13.30 mi bebé había salido al exterior y, no estoy segura en qué porcentaje tuvo que ver la anestesia y qué porcentaje derivó de mi indescriptible felicidad, pero el dolor pasó inadvertido por completo. El posparto fue rápido y sin contratiempos: a los dos días ambos obtuvimos el alta y, días después me retiraron los puntos. No hubo absolutamente nada traumático en la llegada de mi bebé (todo lo contrario)".Guadalupe AlcázarLas primeras lágrimas de "Marcelo, corazón de piedra""Hasta ese momento mi marido era conocido como "Marcelo, corazón de piedra". La llegada de Joaquín revirtió todo desde el mismísimo instante en que el muchachito asomó su cabeza por el canal de parto y, mientras yo pujaba y quizás también maldecía un poco, vi como ese supuesto hombre duro derramaba sus primeras y únicas lágrimas frente a mí. Debo decir que, previamente, buena parte de las tareas que nos dan en el curso de preparto fueron realizadas con la ayuda de mi mamá, que me acompañó hasta el límite de lo permitido... estimo que la emoción había dejado a mi marido en un estado algo confuso. ¿Dolió? Sí, claro. No me relajé lo suficiente, además; cuestión que descubrí recién cuando súper canchera tuve a mi segundo hijo. Pero no es el dolor lo que más recuerdo de esos momentos entre pujos y ansiedad... por algo me lancé a la aventura de un segundo bebé. Con una experiencia anterior, dar a luz a Octavio fue una cuestión de minutos. Y si fuera sólo por lo vivido en el parto, tendría muchísimos hijos más".Mariela Polimeni"Llegó decidida y sin anestesia""Fue una noche larga, entre contracciones y la certeza de que Layla estaba llegando. A las siete de la mañana desperté a mi marido para que vaya preparándose, me metí en la bañadera un rato y, de allí, a la clínica. La llegada ya era contrarreloj, yo no podía más. Bajamos del auto y, mientras estábamos por entrar, se vuelve porque no encuentra las llaves. Agarrada a un poste, enajenada, le dije yo voy yendo. Cuando me revisaron, ya tenía 10 de dilatación. El anestesista nunca llegó y la nena ya se abría paso sin pedir permiso. Y así fue: mi mujercita llegó decidida y sin anestesia".Claudia Lange
