Shampoo sólido en primera persona: la experiencia “low poo” que cambió mi pelo
Vegano y libre de agentes tóxicos, es una nueva tendencia de lavado capilar natural, saludable y amigable con el medioambiente. Dedicándole mucho tiempo y voluntad, la periodista Gabriela Bressan Camps hizo sus propias pruebas.
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Me metí en el mundo de la cosmética natural por mi pelo. Cuando era chica tenía parvas de cabello ondeado, grueso, que me resultaba indomable. Siempre deseé haber nacido con el pelo lacio y por eso, a lo largo de la vida usé planchita, secador y me hice algunos alisados, cada tanto claritos, pero nunca pasé demasiado tiempo en la peluquería.Hace unos meses, al ver mi pelo muy finito, sin fuerza y que se cortajeaba ni bien lo cepillaba (¡ni hablar de la poca cantidad!), empecé a investigar opciones de lavado menos nocivas con el cabello y con la propia salud. Opciones que descubrí, además, son biodegradables y no se prueban en animales.¿Qué es el low poo?En lo textual, es un juego de palabras: "low" significa bajo, y "poo", caca, en inglés, y pretende diferenciarse de los daños que le producen al pelo el uso de shampoo con agentes químicos, derivados del petróleo y agresivos. Entonces, el método de lavado low poo se hace con mayoría de productos naturales que no dañan ni "enmascaran" el cabello.Bajo este paraguas, hay shampoo líquidos de algunas marcas conocidas, desconocidas y otros sólidos, que por lo general son producidos por pequeños emprendedores en las distintas variedades de composiciones, calidad, color y perfume. Lo bueno del shampoo sólido es que no requiere de envases plásticos y una pastilla de 60 gramos rinde alrededor de 50 lavados y cuesta entre 200 y 300 pesos.También está el no poo o co-wash, un método de lavado sin shampoo, o solo con crema enjuague. Pero esa es otra historia.De las mil opciones, ¿con qué shampoo hago la prueba?Como el cuidado natural del cabello está a la orden del día, encontré muchas opciones diferentes y me mareaba elegir con qué shampoo sólido empezar este camino. Así que decidí leer los comentarios que hacían las usuarias en las redes sociales y fui entendiendo que cada pelo tiene su propio proceso de recuperación, por eso, no queda otra que tirarse a la pileta y dar lugar al ensayo y error.Comencé con uno que se veía como un jabón blanco oxidado, cortado con los dientes. Lo usé una semana y, como me dejaba el pelo pastoso, graso y sin brillo, lo abandoné por varios días.Al mes retomé mi intento con ChauPoo que, además de ofrecer el shampoo, tiene un blog con muchas explicaciones de composición, mascarillas y técnicas de lavado. La ventaja que le encontré, a diferencia del anterior, es que ofrece dos pastillas de shampoo: una más nutritiva y otra más limpiadora, entonces pude regular cuál usar según mi necesidad y el pelo no tenía porqué quedarme tan pastoso.Como explica ChauPoo en su página, el shampoo tradicional (hecho con sulfatos, siliconas y parabenos) "es detergente, como el del lavarropas, el lavavajillas y los productos para la limpieza del baño. Limpia la suciedad de tu pelo, pero es muy agresivo y también elimina los aceites naturales que hacen que el pelo esté brillante, suave y fuerte". Además puede generar caída del cabello, frizz, caspa y hasta dependencia.La adaptación (a los saponificados)Los shampoo sólidos hechos por saponificación requieren de un tiempo de adaptación. Pero, ¿qué es la saponificación? Es un proceso para hacer jabón, que en este caso surge de mezclar aceites vegetales con una solución alcalina (mezcla de agua y un álcali como por ejemplo el hidróxido sódico, también llamado sosa cáustica).Transitar este camino significó tiempo y voluntad, para que el pelo súper acostumbrado a recibir químicos, que lo hacían verse bien pero lo debilitaban internamente, fuera oxigenándose y recibiendo nutriciones naturales. Dicho blog explica que "el cabello usa el sebo como protección a tanto daño que le hemos hecho con los productos sintéticos; al dejar de usarlos, irá disminuyendo la grasitud y se mantendrá limpio más tiempo".Para atravesar ese proceso (en el que un día está muy graso, al otro muy seco o ¡todo junto!), hay miles de mascarillas naturales y enjuagues que colaboran. Lo que a mí mejor me funcionó fue, después del lavado, usar vinagre de manzana o jugo de limón diluidos en agua. Ambos son buenos desenredantes y aportan mucho brillo. Eso, más secador de pelo, lo hacían verse bien.Otra de las pruebas que hice cuando me lo veía muy seco fue usar aceite de coco, ya sea tipo baño de crema o como serum. Contrariamente, cuando me lo vi más graso probé lavarme con bicarbonato de sodio, es sorprendente su poder de limpieza, pero no hay que abusar ya que puede resecar el pelo.Al mes de uso y con mucha paciencia, el cabello empezó a tener mayor suavidad y brillo y ya no necesitaba lavarlo todos los días como antes.
