¿Silencio interno o diálogo tóxico? Las claves de Oriente para superar los pensamientos ansiosos
Nuestra mente está en contante ebullición. Si creemos que somos eso que pensamos, las filosofías orientales tienen algo para decirnos.
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Diálogo interno: dícese de esa voz que permanece activa en la mente, aunque nuestra boca no emita sonido. Para muchas tradiciones chamánicas y orientales, esa actividad constante podía ser tóxica, venenosa o alienante.Como parte de un entramado mayor, nuestra mente o manas, como se llama en filosofía vedanta, funciona armando líneas de pensamientos como olas en el interior que fluyen de manera constante. Es súper habitual conversar con nosotros mismos, analizando, sacando conclusiones y adelantándonos a lo que vendrá. En esos diálogos internos conviven distintas voces (positivas o negativas). Según el estado emocional o anímico que tengamos, y hasta por cuestiones físicas y químicas del organismo, variará la intensidad del movimiento mental generado.Podemos experimentar una catarata de palabras, reflexionar con mucha tranquilidad o gozar de unos instantes de silencio. Tanto influye esto en nuestro bienestar, que los antiguos se han dedicado a estudiar estos comportamientos, le han llamado "parásito" o "diálogo interno" a esa voz interna que muchas veces nos distrae de la observación de la realidad concreta que nos rodea.La mente utiliza un vehículo de proceso y almacenamiento de la información que es el cerebro, pero los científicos tratan de saber en qué parte del organismo se encuentra y no llegan a una respuesta.Además de la mente existe la conciencia individual, un "yo" que opera por sobre todo. La conciencia es la parte mental asociada con la voluntad de la persona y es la que decide con cuáles de esas líneas de pensamiento que la mente propone, se va a continuar el diálogo. Elije sobre qué tema se va a conversar, qué asunto se va a analizar. En ese sentido la conciencia es el estado superior de la mente concreta. Claro que durante mucho tiempo podemos pensar que estas partes que trabajan coordinadamente son lo mismo, pero no es así. Buena parte del entrenamiento en meditación es acerca de diferenciar estos dos aspectos de "uno mismo": uno es automático y el otro es voluntario.La mente utiliza pequeñas cantidades de energía en cada uno de los pensamientos que crea. Si esos pensamientos están en fuga permanente, desperdiciaremos buena parte de la energía de nuestro cuerpo: aquella que utilizan los pulmones, el corazón, los riñones y todos los órganos para funcionar.Si sumamos a esto el componente "emoción" según el tipo de pensamiento evocado, nos damos cuenta de que también se nos fuga energía de esa manera. Si tenemos un pensamiento de catástrofe, disparamos la emoción "miedo". Lo cual implica otra demanda energética mayor.Esto lo podemos observar cuando pensamos o nos juzgamos negativamente sobre algo, por ejemplo: "no voy a poder hacer ese recorrido", entonces, puede que ni lo comencemos ya que la frustración anticipada limita la acción. El diálogo interno construye realidades que viviremos irremediablemente y la única manera de dirigir ese diálogo hacia el lugar correcto positivo y creativo es observarlo y modificarlo desde su gestación.El arte chamánico del "acecho"Una de las forma de avanzar positivamente en el diálogo interno es a través de la técnica del "acecho" descripta por Castaneda en sus libros. En ellos, él cuenta como Don Juan, el mítico chamán, le enseñaba la práctica del acecho para lograr cambiar el punto de encaje de su mente y así, llevar el fluir de los pensamientos hacia el lugar que deseaba."Acechar" es prestarle atención a nuestro interior con la misma actitud que tendría un cazador o un pescador: serenamente y expectante. Observando el fluir del pensamiento como si se tratara del tráfico en la avenida, o como si se lo viera de lejos. En esa actitud podemos descubrir los pensamientos que nos enredan, que nos llevan lejos de nuestros objetivos, o que nos dejan pegados a antiguas problemáticas o peleas con otras personas. Y cambiarlos o simplemente "apagarlos". Lo que se obtiene con esto es un "estado de alerta" que permite estar más atento al entorno y sus posibles peligros u oportunidades.Esa primera fase del darse cuenta lo que habita en nuestra mente es fundamental para comenzar a modificarla.Desde India, las enseñanzas de PatañjaliLa siguiente fase está claramente explicada en los Yoga Sutras de Patañjali, allí se describen cuatro tipos de personalidades que podemos reconocer fácilmente, ya que viven en nuestro interior. También las podemos observaren otras personas que pueden estar transitando estos mismos estados.Los cuatro tipos de personalidades o de estados mentales son: la persona feliz, la sufriente, la virtuosa y la no virtuosa. Los Sutras nos dan herramientas que hay que cultivar para resolver y estabilizar nuestro interior durante el encuentro con esas personas o con esos personajes internos que nos habitan.
