Hoy…, “El paño maravilloso”
La literatura española se inició en la Edad Media, aproximadamente en el S XI; en primer lugar, con los versos que conformaban los antiguos Cantares de Gesta, obras anónimas, populares, de transmisión oral, recitadas por los juglares. En ellas narraban en formas de versos las vicisitudes de la guerra entre cristianos y moros. Estos cantares permanecieron en la memoria del pueblo, hasta que por el paso del tiempo los fragmentos más conocidos constituyeron los romances. De los cantares de gesta, llegó completo hasta nosotros “El Cantar de Mio Cid”.
Por su parte la prosa nació casi un siglo más tarde, en primer lugar con traducciones del latín realizadas en el margen de las obras, hasta lograr impulso extraordinario con Alfonso X, el Sabio quien se destaca por la obra literaria, científica, histórica y jurídica realizada en colaboración con el conjunto de intelectuales conocido como la Escuela de Traductores de Toledo. Entre ellas se encuentran "Las Siete Partidas" las que intentaron unificar un código jurídico en el reino, y muchas de normas fueron aplicadas en Iberoamérica hasta el S XIX. Pero Alfonso no fue ajeno a la lírica ya que nos legó las "Cantigas de Santa María", canciones líricas en galaico-portugués, acompañadas de notación musical.Ya hacia el S XIV se afianza la prosa con una prosa ya elaborada con la obra de Don Juan Manuel, nieto del rey Fernando III es Santo y sobrino de Alfonso X el Sabio. Nació en el año 1282, en Escalona. En casi todas sus obras se distingue el carácter didáctico o moral. Muchas de ellas se encuentran basadas en relatos de fuentes latinas, creó una obra personal, de intención didáctica, de gran unidad lingüística y estilística. Su obra más importante es sin duda el Libro de El conde Lucanor. La primera parte consta de 51 cuentos basados tanto en fuentes orientales, como cristianas. El Conde Lucanor pide consejo a su pedagogo Patronio sobre cierta inquietud o problema. Patronio ilustra su respuesta con un relato relacionado con la cuestión planteada para que su alumno saque la conclusión, cerrando siempre con una moraleja.De estos cuentos les entrego hoy "El paño maravilloso", texto que ha sido reproducido por infinidad de escritores, incluso Miguel de Cervantes Saavedra, y lo encontramos con asiduidad en libros para niños.El motivo de la elección de este cuento es la de reflexionar ante las múltiples formas en que pueden engañarnos, mostrando una realidad inexistente o una promesa irrealizable, la que puede caer en la tierra fértil de la ingenuidad, de la pereza del razonamiento, de la indiferencia ante los consejos o de la necesidad de seguir una vida de fantasía pretendiendo que esa chafalonía tape las miseria.Por eso, reflexiones, no vaya a ser que paseemos desnudos.Lo que sucedió a un rey con los burladores que hicieron el pañoOtra vez le dijo el Conde Lucanor a su consejero Patronio:-Patronio, un hombre me ha propuesto un asunto muy importante, que será muy provechoso para mí; pero me pide que no lo sepa ninguna persona, por mucha confianza que yo tenga en ella, y tanto me encarece el secreto que afirma que puedo perder mi hacienda y mi vida, si se lo descubro a alguien. Como yo sé que por vuestro claro entendimiento ninguno os propondría algo que fuera engaño o burla, os ruego que me digáis vuestra opinión sobre este asunto.-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, para que sepáis lo que más os conviene hacer en este negocio, me gustaría contaros lo que sucedió a un rey moro con tres pícaros granujas que llegaron a palacio.Y el conde le preguntó lo que había pasado.-Señor conde -dijo Patronio-, tres pícaros fueron a palacio y dijeron al rey que eran excelentes tejedores, y le contaron cómo su mayor habilidad era hacer un paño que sólo podían ver aquellos que eran hijos de quienes todos creían su padre, pero que dicha tela nunca podría ser vista por quienes no fueran hijos de quien pasaba por padre suyo."Esto le pareció muy bien al rey, pues por aquel medio sabría quiénes eran hijos verdaderos de sus padres y quiénes no, para, de esta manera, quedarse él con sus bienes, porque los moros no heredan a sus padres si no son verdaderamente sus hijos. Con esta intención, les mandó dar una sala grande para que hiciesen aquella tela.Los pícaros pidieron al rey que les mandase encerrar en aquel salón hasta que terminaran su labor y, de esta manera, se vería que no había engaño en cuanto proponían. Esto también agradó mucho al rey, que les dio oro, y plata, y seda, y cuanto fue necesario para tejer la tela. Y después quedaron encerrados en aquel salón.Ellos montaron sus telares y simulaban estar muchas horas tejiendo. Pasados varios días, fue uno de ellos a decir al rey que ya habían empezado la tela y que era muy hermosa; también le explicó con qué figuras y labores la estaban haciendo, y le pidió que fuese a verla él solo, sin compañía de ningún consejero. Al rey le agradó mucho todo esto.El rey, para hacer la prueba antes en otra persona, envió a un criado suyo, sin pedirle que le dijera la verdad. Cuando el servidor vio a los tejedores y les oyó comentar entre ellos las virtudes de la tela, no se atrevió a decir que no la veía. Y así, cuando volvió a palacio, dijo al rey que la había visto. El rey mandó después a otro servidor, que afamó también haber visto la tela.Cuando todos los enviados del rey le aseguraron haber visto el paño, el rey fue a verlo. Entró en la sala y vio a los falsos tejedores hacer como si trabajasen, mientras le decían: "Mirad esta labor. ¿Os place esta historia? Mirad el dibujo y apreciad la variedad de los colores". Y aunque los tres se mostraban de acuerdo en lo que decían, la verdad es que no habían tejido tela alguna. Cuando el rey los vio tejer y decir cómo era la tela, que otros ya habían visto, se tuvo por muerto, pues pensó que él no la veía porque no era hijo del rey, su padre, y por eso no podía ver el paño, y temió que, si lo decía, perdería el reino. Obligado por ese temor, alabó mucho la tela y aprendió muy bien todos los detalles que los tejedores le habían mostrado. Cuando volvió a palacio, comentó a sus cortesanos las excelencias y primores de aquella tela y les explicó los dibujos e historias que había en ella, pero les ocultó todas sus sospechas.A los pocos días, y para que viera la tela, el rey envió a su gobernador, al que le había contado las excelencias y maravillas que tenía el paño. Llegó el gobernador y vio a los pícaros tejer y explicar las figuras y labores que tenía la tela, pero, como él no las veía, y recordaba que el rey las había visto, juzgó no ser hijo de quien creía su padre y pensó que, si alguien lo supiese, perdería honra y cargos. Con este temor, alabó mucho la tela, tanto o más que el propio rey.Cuando el gobernador le dijo al rey que había visto la tela y le alabó todos sus detalles y excelencias, el monarca se sintió muy desdichado, pues ya no le cabía duda de que no era hijo del rey a quien había sucedido en el trono. Por este motivo, comenzó a alabar la calidad y belleza de la tela y la destreza de aquellos que la habían tejido.Al día siguiente envió el rey a su valido, y le ocurrió lo mismo. ¿Qué más os diré? De esta manera, y por temor a la deshonra, fueron engañados el rey y todos sus vasallos, pues ninguno osaba decir que no veía la tela.Así siguió este asunto hasta que llegaron las fiestas mayores y pidieron al rey que vistiese aquellos paños para la ocasión. Los tres pícaros trajeron la tela envuelta en una sábana de lino, hicieron como si la desenvolviesen y, después, preguntaron al rey qué clase de vestidura deseaba. El rey les indicó el traje que quería. Ellos le tomaron medidas y, después, hicieron como si cortasen la tela y la estuvieran cosiendo.Cuando llegó el día de la fiesta, los tejedores le trajeron al rey la tela cortada y cosida, haciéndole creer que lo vestían y le alisaban los pliegues. Al terminar, el rey pensó que ya estaba vestido, sin atreverse a decir que él no veía la tela.Lea más en la edición impresa en papel
