Hoy, leamos a Alfredo Veiravé
Alfredo Veiravé nació en Gualeguay, 1928. En 1957 se radicó en Resistencia, Chaco. Falleció el 22 de noviembre de 1991. Fue poeta, ensayista y crítico literario, autor de importantes y numerosos ensayos sobre escritores latinoamericanos. Ejerció la docencia en varias cátedras de la Universidad Nacional del Nordeste, de donde egresara como profesor de Letras.
Obtuvo importantes premios: Faja de Honor de la SADE; Premio Leopoldo Lugones de la SADE y el Fondo Nacional de las Artes (1960 y 1963); Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía. La Academia Argentina de Letras lo designó Académico en la clase correspondiente, con residencia en el Chaco.Quizá lo que acabo de transcribir es una simple y escueta biografía de un gran escritor gualeguayense, pero revolviendo páginas me encontré con una nota que Mempo Giardinelli publicara en el diario La Nación, en octubre del año 2011 y que tituló "Alfredo Veiravé: el rescate de un poema olvidado".Destaco algunas expresiones de Giardinelli que nos hablan del valor de Alfredo Veiravé y mucho del olvido en el que caen los grandes estudiosos y creadores como él.Dice Giardinelli: "La semana pasada, en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) me tocó evocar a uno de los más importantes poetas del Siglo XX argentino: Alfredo Veiravé. A casi 20 años de su muerte, y ante un auditorio con mayoría de jóvenes estudiantes que eligieron hacer de sus vidas un culto de la Literatura, intenté contarles quién fue ese exquisito profesor de Literatura Hispanoamericana con cuyos libros enseñé por años en la Universidad Iberoamericana, de México, donde mis alumnos se cansaron de fotocopiar una vieja edición de Kapelusz que aún conservo, deshilachada hasta el agobio, y que hoy, penosamente, quisiera no pensar que aquí casi nadie lee."......"Veiravé fue en varios sentidos mi maestro, y un amigo leal a quien siempre agradecí íntimamente el haber sido de los pocos que no tuvo miedo de escribir o recibir cartas desde México, cuando el exilio era una leve condena para nosotros los de allá, y una ardorosa espera para los de aquí."...Con respecto al olvido o a la poca difusión que tienen los grandes creadores como Veiravé, Mempo Giardinelli expresa: "...Y si Alfredo no sufría, o lo disimulaba, se debía a que era un maestro también para sobrellevar ninguneos, y por eso, como todo gran poeta, apostaba a la sencilla posteridad del recuerdo de sus versos en boca de las muchachas del país y en día domingo, como dice uno de sus más bellos poemas."Con referencia a su trascendencia, comparte: "Veiravé fue un hombre universal, enciclopédico, casi renacentista. Pero hoy, ¿quién lo andará leyendo? No digo en Gualeguay, digo en este Chaco plagado de lapachos, chicharras, enanos y aspirantes a glorias regionales, ¿cuánta gente lee hoy a Veiravé?"Y hoy le digo a Mempo: Vamos a leer algo de la obra de Alfredo Veiravé. Por eso les entrego el poema "La Plaza de Gualeguay".La Plaza de Gualeguay 1Es la luz misma, la que abrió mis ojosal resplandor de un cielo sosegado.Allí está mi corazón de desterrado,con nostalgioso y vívido volumen.Todo vuelve hacia ella, la lejanaresurrección de un sueño incorruptible.(En esa plaza nace la terribleforma del ángel que soñara Rilke.)Todo en esa plaza es un inventodel reposo que vence a la hermosura,jacarandá enhiesto, la dulzuradel ángel dormido entre sus torres.Se me juntan en él las duras floresde la ausencia, y el polen amarillode un verano, quebrado en ese brilloque nace en un ojo de paloma.(Ojo de paloma que conservo frescoen mi memoria, alto y penetradode un suave mirar ensimismadoque me miró en medio de su vuelo.)Aquella plaza está, paloma quieta,jacarandá de olvido y de secreto.Aquella plaza es, con el discretovaivén de las cosas de otro cielo. 2Llamo a su luz, convoco sus rumores.De una fotografía retiro lo derruido,palidez espectral que nunca ha huido,que allá está, lo veo, entre concretaslágrimas que embisten tumultuosasuna cara fugaz y sin apuro,de adolescente muerta en el maduroreino grave, en sombras, de las cosasque con sombrío aliento se aplacaronsobre el espejo oculto de mi casa.Sobre el trasfondo opaco de la plaza"la vida es breve", digo, y me pregunto:¿Qué busca el corazón del inocenteviajero, transhumante, desterrado,lejos de aquel pañuelo enamorado,raíz de ayer, atmósfera perenne?Navego en aguas de memoria lentay vuelvo a sus jardines donde arde la última estrella de la tarde,-encendida magnolia- que a menudocorre en el cielo con su estela fríay como sonrisa en un rostro bellose borra lentamente, y donde habíaun resplandor de luz, queda esta pena.
