Espacio Literario
Hoy, Los cien años de “Platero y yo”
tuvo transcurrió en diferentes regiones de España, visitó América, estuvo en la Argentina y en el Uruguay. Nuestra capital, Paraná, recibió su visita y así lo recuerda Jorge Enrique Martí: “…Ocurrió el 27 de agosto de 1948 en la Biblioteca Popular de Paraná. Ese día, a esa hora y en ese lugar, Juan Ramón Jiménez habló sobre el tema “La razón heroica”…
Allí estaba, en Paraná, genio y figura, con la extrema dulzura de sus poemas, la barba estirada en la pera con hilos que ya plateaban los ojos tiernos y melancólicos como los del precioso burrito de su relato inmortal, el autor de "Platero y yo"...67 años tenía entonces Juan Ramón, y ya había cumplido 24 el libro que le dio universal popularidad... Queda para testimonio de la historia literaria su encuentro con nuestro Juanele, a quien tanto se le parece por lo transparente, honda luminosa sencillez de su poesía."El poeta español, mirando la ciudad desde la zona de El Brete le expreso a Juan L. Ortiz que parecía: "una Zaragoza del alma".El poeta andaluz recibió en 1956 el Premio Nobel por su obra. Tres días después muere Zenobia, su esposa, con quien se había casado en 1916, su gran compañera a quien le dedica muchas de sus obras. En 1958 fallece el poeta en San Juan, Puerto Rico. Sus restos descansan junto a los de su esposa en el cementerio de Jesús de Moguer."Platero y yo""Platero es un burro pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Come de todo y los del pueblo dicen que tiene acero...". Estas palabras publicadas hace un siglo en "Platero y yo", son historia de la literatura universal. Es uno de los libros más traducidos en los últimos cien años, después de La Biblia y El Quijote. La primera publicación, con el título de "Elegía Andaluza", la realizó en 1914 la editorial La Lectura. En aquella ocasión se publicaron 63 de los 138 capítulos de los que consta la obra. La completó en 1917.Influenciado por Rubén Darío y los simbolistas franceses, Juan Ramón Jiménez contó en ese libro centenario la amistad entre un burro y un poeta. Es una fantasía andaluza en la que el mundo de los niños y de los humildes habitantes del pueblo de Moguer es pintado con tonos suaves y cálidos en una prosa sencilla y a la vez cuidada. Con la fuerza seductora de su prosa poética, Juan Ramón Jiménez logra transportarnos a un mundo mágico donde se destacan las precisas descripciones del paisaje, los sentimientos vagos, la melancolía, la música, el color, los recuerdos y ensueños amorosos y la muerte.Dedicatoria del autor:A la memoria de AGUEDILLA,la pobre loca de la calle del Solque me mandaba moras y claveles.Prologuillo (Fragmento)... Advertencia a los Hombres que lean este libro para niñosEste breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, está escrito para... ¡Qué sé yo para quién!..., para quien escribimos los poetas líricos... Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien!"Dondequiera que haya niños- dice Novalis-, existe una edad de oro". Pues por esa edad de oro que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca..."El Poeta- Madrid, 1914Cap. I- PLATEROPlatero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra...Cuando paseo sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:- Tien' asero...Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.Cap. XLIII - AMISTADNos entendemos bien. Yo lo dejo ir a su antojo, y él me lleva siempre adonde quiero.Sabe Platero que, al llegar al pino de la Corona, me gusta acercarme a su tronco y acariciárselo, y mirar el cielo al través de su enorme y clara copa; sabe que me deleita la veredilla que va, entre céspedes, a la Fuente vieja; que es para mí una fiesta ver el río desde la colina de los pinos, evocadora, con su bosquecillo alto, de parajes clásicos. Como me adormile, seguro, sobre él, mi despertar se abre siempre a uno de tales amables espectáculos.Yo trato a Platero cual si fuese un niño. Si el camino se torna fragoso y le pesa un poco, me bajo para aliviarlo. Lo beso, lo engaño, lo hago rabiar... él comprende bien que lo quiero, y no me guarda rencor. Es tan igual a mí, tan diferente a los demás, que he llegado a creer que sueña mis propios sueños.Platero se me ha rendido como una adolescente apasionada.De nada protesta. Sé que soy su felicidad. Hasta huye de los burros y de los hombres...Fuentes:Fundación Zenobia- Juan Ramón JiménezMartí, Jorge Enrique. "Platero en Paraná"- Agosto de 1979.
