Espacio Literario
Hoy…, “Mera sugestión”
Fernando Sorrentino, autor del cuento que comparto con ustedes hoy, nació en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1942. Es profesor de Lengua y Literatura, vinculado al joven Instituto Superior en Letras “Eduardo Mallea” (A-1369).
En 1993, el Prof. Sorrentino dictó una serie de conferencias sobre aspectos de la literatura argentina en once universidades de los Estados Unidos. Aunque es autor de una extensa obra ensayística, publicada en diversos periódicos y revistas, su género preferido es la narrativa y, dentro de ésta, especialmente el relato breve. Sus cuentos se caracterizan por entrelazar de manera muy sutil, y casi subrepticia, la realidad con la fantasía, de manera que el lector no siempre logra determinar dónde termina la primera y empieza la segunda. Suele partir de situaciones muy "normales" y "cotidianas" que, paulatinamente, se van enrareciendo y convirtiéndose en insólitas o intolerables, pero siempre recorridas por un arroyo sinuoso de espléndido y sorprendente sentido del humor.Entre otras obras de este escritor cito "Imperios y servidumbres", "El crimen de San Alberto" y "El centro de la telaraña".Hoy, para ustedes, el cuento:Mera sugestiónMis amigos dicen que yo soy muy sugestionable. Creo que tienen razón. Como argumento, aducen un pequeño episodio que me ocurrió el jueves pasado.Esa mañana yo estaba leyendo una novela de terror, y, aunque era pleno día, me sugestioné. La sugestión me infundió la idea de que en la cocina había un feroz asesino; y este feroz asesino, esgrimiendo un enorme puñal, aguardaba que yo entrase en la cocina para abalanzarse sobre mí y clavarme el cuchillo en la espalda. De modo que, pese a que yo estaba sentado frente a la puerta de la cocina y a que nadie podría haber entrado en ella sin que yo lo hubiera visto y a que, excepto aquella puerta, la cocina carecía de otro acceso; pese a todos estos hechos, yo, sin embargo, estaba enteramente convencido de que el asesino acechaba tras la puerta cerrada.De manera que yo me hallaba sugestionado y no me atrevía a entrar en la cocina. Esto me preocupaba, pues se acercaba la hora del almuerzo y sería imprescindible que yo entrase en la cocina.Entonces sonó el timbre.-¡Entre! -grité sin levantarme-. Está sin llave.Entró el portero del edificio, con dos o tres cartas.-Se me durmió la pierna -dije- ¿No podría ir a la cocina y traerme un vaso de agua?El portero dijo "Cómo no", abrió la puerta de la cocina y entró. Oí un grito de dolor y el ruido de un cuerpo que, al caer, arrastraba tras sí platos o botellas. Entonces salté de mi silla y corrí a la cocina. El portero, con medio cuerpo sobre la mesa y un enorme puñal clavado en la espalda, yacía muerto. Ahora, ya tranquilizado, pude comprobar que, desde luego, en la cocina no había ningún asesino.Se trataba, como es lógico, de un caso de mera sugestión.Fernando Sorrentino[De "El mejor de los mundos posibles", Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1976.]Así escriben los amigos del Instituto Mallea (I)Mis amigos dicen que yo soy muy sugestionable. Creo que tienen razón. Como argumento, aducen un pequeño episodio que me ocurrió el jueves pasado.Esa mañana yo estaba leyendo una novela de terror, y, aunque era pleno día, me sugestioné. La sugestión me infundió la idea de que en la cocina había un feroz asesino; y este feroz asesino, esgrimiendo un enorme puñal, aguardaba que yo entrase en la cocina para abalanzarse sobre mí y clavarme el cuchillo en la espalda. De modo que, pese a que yo estaba sentado frente a la puerta de la cocina y a que nadie podría haber entrado en ella sin que yo lo hubiera visto y a que, excepto aquella puerta, la cocina carecía de otro acceso; pese a todos estos hechos, yo, sin embargo, estaba enteramente convencido de que el asesino acechaba tras la puerta cerrada.De manera que yo me hallaba sugestionado y no me atrevía a entrar en la cocina. Esto me preocupaba, pues se acercaba la hora del almuerzo y sería imprescindible que yo entrase en la cocina.Entonces sonó el timbre.-¡Entre! -grité sin levantarme-. Está sin llave.Entró el portero del edificio, con dos o tres cartas.-Se me durmió la pierna -dije- ¿No podría ir a la cocina y traerme un vaso de agua?El portero dijo "Cómo no", abrió la puerta de la cocina y entró. Oí un grito de dolor y el ruido de un cuerpo que, al caer, arrastraba tras sí platos o botellas. Entonces salté de mi silla y corrí a la cocina. El portero, con medio cuerpo sobre la mesa y un enorme puñal clavado en la espalda, yacía muerto. Ahora, ya tranquilizado, pude comprobar que, desde luego, en la cocina no había ningún asesino.Se trataba, como es lógico, de un caso de mera sugestión.Fernando Sorrentino[De El mejor de los mundos posibles, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1976.]
