Hoy, “Sombra entre las sombras”
El libro de cuentos “Los brujos”, de Elsa Serur de Osman concitó, desde su primera edición, expectativa por su lectura, curiosidad por entrar al mundo de los sueños premonitorios, de los fantasmas, de las sombras, de los personajes y costumbres de lugares de nuestra provincia descriptos cual pinceladas llenas de matices y personajes típicos.
La difusión y crítica hicieron de "Los brujos" un libro leído por todas las edades, tanto en las escuelas, como en bibliotecas y hogares y despertó otras expresiones artísticas, ya que muchos se animaron a la dramatización y a la pintura.Su espíritu creativo le inspiró a la autora otras obras y otros géneros como la novela "Buenos vecinos", por la que obtuviera el Premio Fray Mocho en el año 2004, a lo que debemos sumar "Noche de Reyes" y otros cuentos infantiles, "Hal- Lhuzz y la lámpara de Ketrhin", una selección de cuentos árabes.Elsa recibió el legado de las obras de nuestro gran escritor Carlos Mastronardi y junto con su esposo Eise Osman han recopilado inmensidad de textos que habían quedado al azar, han organizado la obra, los diálogos y las cartas resultando de ello "Selección de Carlos Mastronardi", "Diálogos con Carlos Mastronardi" y nada menos que las "Obras Completas de Carlos Mastronardi", una verdadera joya de nuestra literatura que salvaguarda los textos de uno de nuestros exponentes literarios más notables.Cuando hablamos de Elsa Serur, no podemos dejar de pensar en Eise Osman porque se complementan con estrecha perfección. Los cuentos de Elsa tienen como introducción un aforismo de Eise, género del cual es referente. Y más allá de los cuentos, varias páginas de "Los brujos" están dedicadas a los aforismos, sentencias breves, concisas que despiertan profundas reflexiones para llegar a su esencia y que dejan siempre una puerta abierta para volver sobre ellos.El prólogo de "Los brujos" pertenece a Don Carlos Mastronardi y las ilustraciones a Raquel Melhem, hermana de Elsa.Comparto con ustedes el cuento:Sombra entre las sombras"El hombre busca una sombra que lo persigue"Eise Osman Cerró el libro y apagó la luz. Sintió que el sueño la iba poseyendo lentamente, con su presencia antigua de voces y pasos que se apagaban en una niebla sin tiempo. Algo la sustrajo de ese nirvana al que pretendía entregarse sin reparos. No podía precisar qué era. Aunque presentía cierta tenebrosa inquietud a su alrededor. Trató de contener la respiración. Sombríamente intuyó que alguien acechaba su descanso. Como una sombra entre las sombras. Sus oídos percibían con toda nitidez la respiración entrecortada de esa nada, que se acomodaba sutilmente entre la de su marido y la suya. Era imposible que hubiese alguien más dentro del cuarto. Sin embargo, había un aliento frío que se unía al de ambos, perturbando mágicamente su tranquilidad. Sobresaltada, encendió la luz y se apresuró a mirar. Necesitaba ver algo que justificara lo que oía. Pero sus ojos desorbitados no lograron detenerse ante nada que alentara las esperanzas desordenadas de su imaginación. Las puertas permanecían cerradas. Su marido dormía a su lado. Por un momento pensó que se movía agitado, intranquilo. Probablemente lo estaba molestando con la idea de querer encontrar algo que de alguna manera justificara esa respiración extraña que ella oía dentro de la habitación. Su mirada se alargó sobre los muebles y objetos conocidos, mientras sus dedos oprimían una vez más la pequeña perilla que colgaba de su cama. La oscuridad pareció alentar al extraño visitante. Se podía oír con toda nitidez sus casi soplidos propagándose sin reparos entre las viejas paredes del dormitorio. La mujer, tratando de controlar sus impulsos, se preguntaba qué podría ser aquello. Su imaginación le acercaba pacientemente viejas historias de voces, infinitas leyendas de fantasmas y aparecidos, mientras su cuerpo se aflojaba, se entregaba sin ninguna resistencia, al antiguo rito de los dioses, reclamando un descanso que ya resultaba inevitable. Y las tres respiraciones se fundieron en una sola. Hasta que las primeras notas del amanecer desvanecieron el sortilegio y la sorprendieron en esa casi alucinación de quien ha logrado dormirse luego de una afanosa lucha entre el miedo y el cansancio. Ahora se oía una sola respiración: la suya. Recién entonces pudo adivinar de quién era la otra respiración que la había atormentado toda la noche. La que, sin abrir ninguna puerta, había logrado avanzar sigilosamente, sombra entre las sombras, a dormir entre los dos. Como sucede siempre con la extraña visita de la muerte.
