Espacio Literario - Prof. Graciela Saavedra
Hoy, un cuento… encantado
“A cualquier hora que una se despertara, una puerta se estaba cerrando.” Virginia Woolf
Hoy les entrego prosa, un cuento breve, de autor anónimo, que encierra suspenso, intriga y una final en el que nos podemos detener a pensar y repensar. Quizá los niños le encontrarían muy rápido la explicación y nos asombrarían con un comentario inesperado, casi impensado por un adulto, con una cuota de ingenuidad irrepetible. También es posible que los más grandes, ya acostumbrados a los extraños vericuetos de la vida, volveríamos a repasar un párrafo, una expresión, para terminar en una conclusión práctica.Pero como a las obras literarias, como a toda obra de arte, hay que disfrutarla sin muchas explicaciones, les entrego el cuento, aunque con una recomendación que me hiciera Jazmín, mi nieta mayor: "...no es para leer antes de dormir".La casa encantadaCuento anónimo europeoUna joven soñó una noche que caminaba por un extraño sendero campesino, que ascendía por una colina boscosa cuya cima estaba coronada por una hermosa casita blanca, rodeada de un jardín. Incapaz de ocultar su placer, llamó a la puerta de la casa, que finalmente fue abierta por un hombre muy, muy anciano, con una larga barba blanca. En el momento en que ella empezaba a hablarle, despertó. Todos los detalles de este sueño permanecieron tan grabados en su memoria, que por espacio de varios días no pudo pensar en otra cosa. Después volvió a tener el mismo sueño en tres noches sucesivas. Y siempre despertaba en el instante en que iba a comenzar su conversación con el anciano.Pocas semanas más tarde la joven se dirigía en automóvil a una fiesta de fin de semana. De pronto, tironeó la manga del conductor y le pidió que detuviera el auto. Allí, a la derecha del camino pavimentado, estaba el sendero campesino de su sueño.-Espéreme un momento -suplicó, y echó a andar por el sendero, con el corazón latiéndole alocadamente.Ya no se sintió sorprendida cuando el caminito subió enroscándose hasta la cima de la boscosa colina y la dejó ante la casa cuyos menores detalles recordaba ahora con tanta precisión. El mismo anciano del sueño respondía a su impaciente llamado.-Dígame -dijo ella-, ¿se vende esta casa?-Sí -respondió el hombre-, pero no le aconsejo que la compre. ¡Un fantasma, hija mía, frecuenta esta casa!-Un fantasma -repitió la muchacha-. Santo Dios, ¿y quién es?-Usted -dijo el anciano, y cerró suavemente la puerta. -----------------------------------------------------------------
