Cómo mejorar los promedios y perforar los techos de rinde
Conocer el ambiente y aplicar las tecnologías apropiadas permiten soñar con altos picos de rinde en muchos lotes, y en otros defender buenos registros en soja y maíz. El aporte de los cultivos de servicio.
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¿Hasta dónde pueden trepar los rendimientos de soja y maíz aplicando la mejor tecnología junto al manejo más eficiente? No se trata de un solo factor, son varios y todos tienen que estar alineados para obtener el mayor potencial. Algunos requieren mayor inversión pero otros sólo demandan inteligencia aplicada. Tan o más importantes como los techos de rinde son los promedios. Para que cada ambiente dé lo mejor, hay que conocerlo y saber cuál es la llave para abastecerlo.Mientras las cosechadoras ya están surcando lotes en diferentes regiones productivas, dos referentes como Santiago Lorenzatti y Agustín Bianchini repasan a algunos resultados de ensayos que vienen llevando adelante hace unos años en los dos principales cultivos de verano. "Como punto de partida en soja tenemos grandes cuestiones que están sabidas, pero no está mal recordar como definición del ambiente, esto es, suelo, rotación previa, pronóstico climático e influencia de napa, que van a determinar un potencial para cada lote", explicó Santiago Lorenzatti.Y agregó: "Con ese escenario definido se arma una estrategia más ofensiva o menos ofensiva, apuntando a techos altos o a que no caigan mucho los pisos".Todos los años, en Lorenzatti y Bianchini ensayan con una variedad vieja y una nueva, tres estrategias de fertilización mas un testigo sin fertilización. La media es de 80 kilos de superfosfato simple (algo de fósforo y algo de azufre). En la dosis alta además de fósforo y azufre en dosis de reposición agregan zinc. Y todas las cruzan con y sin fungicida. "Entre el manejo más austero y el más ofensivo estamos midiendo entre 700 y 1.000 kilos por hectárea de diferencia", relató Lorenzatti.El director de Okandú advirtió que a diferencia del maíz, la soja es un cultivo muy elástico con gran capacidad de respuesta por lo que va "compensando" lo que no se le da.Sin embargo, cada vez están encontrando más respuestas. Por ejemplo, en buenos años con la fertilización. Lorenzatti consideró que "en años como este, con buenas condiciones hídricas, si en vez de confiar solo en fertilizar la rotación (o sea, trigo y maíz) y aplicás fósforo y azufre en soja vas a sacar un diferencial, por eso, para estos escenarios, la fertilización de la soja de primera está ganando adeptos".Volviendo a la plasticidad de la soja y su capacidad de adaptación, Lorenzatti hizo hincapié en las densidades. "El desafío es tratar de bajar la densidad para que no se caiga el rendimiento de manera que pueda ahorrarse en semillas y con ese ahorro adquirir la mejor genética de semilla fiscalizada y con tratamiento profesional", repasó Lorenzatti.Así las cosas, si en vez de poner 90 kilos de semilla por hectárea (400.000 semillas) se ponen 50 kilos pero de lo mejor que haya en el mercado, quizás el costo es similar, pero va a hacer girar la rueda de manera diferente.Así las cosas, hoy, en el mejor ambiente, con tecnología de punta, sin restricciones y con el mejor manejo, la soja puede alcanzar los 6.500 kilos por hectárea a nivel de lote (mínimo de 50 hectáreas) y hasta incluso más en parcelas puntuales."Pero a nivel productivo lo nosotros buscamos, lo que nos importa es lograr buenos promedios, medias aceptables que le aseguren al productor una rentabilidad ", confirmó Lorenzatti.
