ARRASA ALMADA
Hoy quiero hablarles de Selva Almada. Es una escritora entrerriana de Villa Elisa. Sunovela "El viento que arrasa" fue elegida como el libro del año por la Revista Ñ en2012. Antes, Beatriz Sarlo había escrito varios comentarios elogiosos en distintosmedios. Sarlo expresó en algún momento que Almada en su narración lograba ciertoclima homologable a las narraciones de Juan José Saer. En lo personal, como lectora alrecorrer su escritura he pensado o recordado las lecturas de Tizón.A la novela mencionada le siguió "Los ladrilleros" que al igual que los demás libros deSelva Almada fueron muy bien recibidos por la crítica. Reconocida en todo el país,España y Uruguay entre otros lugares, Almada también escribió un libro del género dela Crónica. Tras una larga investigación que llevó a cabo acerca de varias muertes deadolescentes en la década del ´80 cuando aún no existía la palabra feminicidio, ni sehablaba tanto de la violencia de género terminó la gestación de su libro "Chicasmuertas".El viento que arrasa es una novela con una historia mínima como se suele decir. Lahistoria de un Reverendo que viaja de acá para allá con su hija en su auto lleno deBiblias y con su misión. El encuentro en la provincia del Chaco, con un hombre, unmecánico y su entenado, acaso su hijo, Tapioca. Y lo que Reverendo ve en estemuchacho, un destino, el de ser su sucesor en la labor de evangelizar. Habrá que ver sisu padre opina lo mismo que el Reverendo quien quiere que siga de viaje con ellos yhasta que punto el hombre puede resistirse a su destino.Historias bastantes desdichadas donde juega un papel crucial el contexto, el clima y lanaturaleza tienen un rol preponderante. El hombre vive en contacto con la naturaleza,inmerso en ella hasta puede escuchar sus voces. Un padre que sólo quiere evangelizar,una hija a la que le reduce su vida a eso, una madre que ya no está, que abandonarono los abandonó, poco importa la diferencia.Personajes que no tienen paraísos a los cuales volver, escribe la autora en relación aLeni, la hija del Reverendo: "Pero enseguida dejó de tenerle lástima. Por lo menos élpodía volver a lugares llenos de recuerdos. Podía reconocer un árbol y reconstruir el díaen que él y sus amigos lo habían escalado hasta la copa. Podía recordar a su madredesplegando un mantel a cuadros sobre cualquiera de esas mesas ahora destruidas. Encambio ella no tenía paraísos perdidos adonde volver. Hacía muy poco que habíadejado la infancia, pero su memoria estaba vacía. Gracias a su padre, el reverendoPearson y su bendita misión, sus recuerdos de la niñez eran el interior del mismo coche,las habitaciones miserables de cientos de hoteles todos iguales, el rostro de decenas deniños que no llegaba a tratar el tiempo suficiente como para echarlos de menos alpartir, una madre cuya cara casi no recordaba."Alejandra Cordero.
