CARLOS MASTRONARDI
En el 40 aniversario de la muerte de Don Carlos Mastronardi, quiero recordarlo publicando la primera página de mi libro. Diálogos con Carlos Mastronardi
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Elsa Serur-Osman "La del alba sería" ..., a esa hora en que todo era quietud y penumbra en la vieja casona de Belgrano, me encontraba sentada junto al antiguo escritorio de la sala, leyendo y releyendo viejas cartas de amor, dirigidas a alguien, que alguna vez disfrutó de su soledad entre aquellas paredes, y que había muerto muchos años atrás. Concentrada en la lectura, y alucinada tal vez por tantas horas sin sueño, repasaba aquellas misivas que casi mágicamente habían llegado a mis manos mucho tiempo atrás y que, cada tanto, me agradaba releer. En ese momento justo en que la realidad se desvanece y la imaginación se adueña de nosotros, percibí un fuerte olor a cigarrillo que venía de las habitaciones oscuras y lo inundaba todo. Era una niebla espesa y perfumada que se expandía suavemente, envolviendo en ella la figura del viejo poeta que se acercaba con movimientos inseguros. Retorna por un momento de la morada eterna, con sus pasos lentos, apenas perceptibles, que hieren el silencio y recorren la vieja casa buscando algún libro olvidado. Ya está junto a su escritorio -porque yo estoy sentada junto a su antiguo escritorio. Enajenada, y sin poder creer lo me estaba ocurriendo, oigo su voz trémula: - ¡Mis papeles, mis libros, mis anotaciones, mis cartas! Todo lo dejé en esta antigua casa. Quiero verlos, recuperarlos por un momento. ¡Usted los está revisando, los está leyendo! -Recuerdo que yo se los entregué antes de morir, ¿lo recuerda?, en sus propias manos, y en esta misma habitación, donde me agradaba quedarme horas leyendo y escuchando el murmullo de la gente que pasaba por la vereda. Me traía recuerdos de mi niñez. "Así transcurrían las noches y me encontraban las mañanas. Vienen a mi memoria unas madrugadas de otoño en que la lluvia, regular y apacible como en el tiempo de la infancia, traía la eternidad al seno de las horas." El tiempo me esperaba desnudo como un grito... -susurró apenas-. ExhumacionesLas dádivas menores que el corazón olvida:Entre muchas, un viaje nocturno, el vago afectoDe una mujer sin magia, quizá un verso dilecto,Nada fueron en alas a la imperiosa vida.Perdido en esos bienes callaba mi destino,Pues solo eran burbujas del hombre venideroLos instantáneos dones que trajo el tiempo artero.Mis desligados pasos forman hoy un camino.En el creciente páramo paran fuerza y sentidoLos mínimos regalos que ayer cedí al olvido,Las tenues experiencias que hoy son mis alimentos.Más reales y más vividas las recupero, extintas,Porque solo de lejos las cosas son distintas, Carlos MastronardiLA LIBRETA DE BOLSILLOLas otras noches,en la soledad del café,después de hojear el diario y vaciar mi pocillo,extraje, distraído, la pequeña libretaen que anoto las direccionesy los nombres de amigos y conocidos,como se acostumbra en toda gran ciudad,donde los signos, las útiles convencionessustituyen a los árboles y las estrellasque orientan en el campo nuestros pasos.Comprendí entonces que en la libreta auxiliarpese a sus frías referencias, es mi concisa historia,pero está vieja y colmada de señasde modo que deberé reemplazarlapor si el porvenir aún me traepersonas o lugares agradables.(Al principio con aire negligentesin buscar nada precisoy después con espíritu (ánimo) curioso).Repasé sus viejas páginas,escritas por mi mano y que conservaninformes? que asenté hace muchos años.Estas hojas descoloridas y atestadasya no permite que el mundo irrumpa en ellas,y si en verdad se agotaron antes que mi vida,deberé acudir a otras,por si algo me acontece todavía.Mi lectura abarcaba muchos años,y así pude dar con gentes inciertas,como quien vuelve por un camino oscurecido.Nombres casi olvidados, señas de casasque visité sin dudas, hoy no me dicen nada:quedan en el papel, no en la memoria.(las retiene un papel?).Aquí hay un Alberto Amable que se borró por completo;quizá era el traficante de librosque mantuvo trato conmigopero del que nada recobro,y también doy con Laura,la muchacha que anduvo por mis añosa quien yo saludaba y única,hay apenas palabras sin imagen,pues todo lo olvidé, y ni siquierame es dado reconstruir su rostro lejanísimo,que se suma a este séquito de sombras.Incluye mi lista un Abelardo;pienso en aquel risueño condiscípulo.Esto es cuanto persiste de aquel lejano amigo,al que hace treinta años vi por última vez,y de quien no recuerdo (retengo) ningún (rasgo) distinto,salvo su fuerza y su audacia en el gimnasio,cuando dejábamos las atentas clases.Aquí hoy... no (recobro) otra cosa de aquel lejano amigo.No sé quién puede ser este Julio insondable,ahora convertido en inútil palabra;sospecho que el excéntrico, estudioso muchacho,que anduvo extintos reinos, brilló en antiguas guerras,y aplicado a la historia, ensueño hereditario,rechazó a la concreta joven que lo queríapues se había enamorado de Diana de Poitiers.Inocentes, precarios, distraídos y nostálgicos,quienes están ausentes de mi vidasin puñales me apagan y destruyen,pues también su memoria, como es inevitable,está llena de muertos insepultos.Así, mientras repaso tantos nombres ociosos,cuyos dueños salieron de mi ámbito,pienso que unos son polvo pero que otrosperduran como intrusos en el mundo,a la vez que vivientes (extinguidos), Carlos Mastronardi.desvanecidos, sueltos, vaporosos.Nada puedo decir, tampoco, de Rolando,de modo que deberé borra su nombre vano (inútil).Algo vuelve de él, ya sé, queda alguna huella (algún rastro),y es el hecho mortal que presenció en el campo,cuando era el más alegre de la fiesta.Recuerdo que furioso y absurdo en su justicia,mató al caballo que arrastró una leguaa su agónica hermana (novia) pisoteada.Sólo esa tarde negra, el resto se me escapa;su voz y sus facciones de perdieron.(Aquí hay gratas personas cuyos rumbos ignoro,pero que muchas veces caminaron conmigo).Residuos, letras vanas, precisiones sin nadie, amigos misteriosos.Tendré que desecharlos cuando llevea una nueva libreta las señalesde los que reconozco y puedo ver. Entoncesquedarán muchas páginas en blanco,tan despobladas como el presente del viejo.Seré en ese momento el capitán que vuelve de la batalla, y al frente de los suyoshace, grave, la cuenta de las bajas.Amigos invisibles y rostros olvidados,cuántos sepulcros, digo, cavamos en nosotros.Yo también seré un nombre sin sentidoen la libreta de otro, que algún díahabrá de suprimirme con una tachadura.
