El Evangelio y el Psicoanálisis
Continúo relatando algunas reflexiones de la Psicoanalista Françoise Dolto, en relación al Evangelio, precisamente la parábola del Samaritano, allí se sostiene que Jesús responde a dos preguntas, la primera “¿Qué hacer para tener el nombre inscrito en el cielo?” y la segunda “¿Quién es mi prójimo?”
Dice Dolto:-"Jesús las contesta refiriendo una parábola. En el camino de Jerusalén a Jericó, una banda de ladrones ataca a un hombre. Lo desnudan y lo dejan medio muerto. Llega un sacerdote y luego un clérigo; los dos, hombres de Dios para los judíos. Lo ven, pero se apartan de allí prudentemente.Pasa por el lugar un samaritano que va de viaje. Camina solo, quizá silbando, montado en su cabalgadura. Como enseguida va a montar al moribundo en "su propia cabalgadura", podemos suponer que se trata de un comerciante que lleva consigo un asno o una mula para transportar las mercaderías, mientras que él va en otro animal. Quizá estoy inventando, pero yo veo las cosas de esta forma.Es un samaritano... No es un intelectual de izquierda de su época ni un "santurrón". Pertenece al grupo de personas que no tienen de qué jactarse: nada de iglesia y poco de virtudes. Está muy cerca de la naturaleza, no es un hombre espiritual. ¡Es como es!Un hombre "material", práctico... ¡Sin duda, un comerciante!Ve al hombre abandonado en la orilla del camino. Se acerca. Lo ha visto porque tenía el espíritu alerta: como todos los viajeros de la época, sabe que está amenazado por los bandidos. Se reconoce en ese hombre que yace herido en la orilla del camino. Podría haber sido él. Tal vez lo será durante el próximo viaje. Ni el sacerdote ni el clérigo podían verse reflejados en ese hombre maltrecho... A los hombres del templo no se los atacaba para asaltarlos.Sin duda, el samaritano tenía algo de tiempo y valor para acercarse a ese hombre malherido. Lo cura con lo que tiene a mano: lo desinfecta con vino, le da masajes con aceite. Lo sube a su montura para dejarlo en la primera posada, donde también él pasa la noche. A la mañana siguiente deja un poco de dinero al posadero y le dice que volverá y pagará la posible diferencia.Ha visto al herido, lo ha socorrido, lo ha dejado en buenas manos y continúa su camino. Ahora piensa en sus asuntos personales. Se va. Jesús ni siquiera dice que el samaritano se despidiera del hombre que había salvado.Ha "perdido" o "dado" un poco de su tiempo montando a este hombre en su propia cabalgadura; lo cual significa simbólicamente que lo toma a su cargo corporalmente: lo lleva, hace con él las veces de madre. Y también de padre, pues le da dinero, lo que va a permitir que el herido se reponga.Jesús pregunta: ¿Quién se comportó como prójimo de este hombre que había quedado en una situación inhumana, reducido a la impotencia corporal y social y que, abandonado en el estado en que estaba, habría muerto sin remedio?El letrado le contesta: "El que tuvo compasión de él". Jesús añade: "Pues anda, haz tú lo mismo".En seguida su interlocutor le pregunta si no está de acuerdo con la explicación del sacerdote. Y ella afirma que el párroco decía lo contrario de lo que señala el texto evangélico: "¡Destrozaba la parábola! En primer lugar, Jesús no reprende ni al sacerdote ni al clérigo. Refiere unos hechos. No juzga. ¡Hagamos lo mismo!". A los hombres del templo no se los atacaba para asaltarlos. Sin duda, el samaritano tenía algo de tiempo y valor para acercarse a ese hombre malherido. Lo cura con lo que tiene a mano: lo desinfecta con vino, le da masajes con aceite. Lo sube a su montura para dejarlo en la primera posada, donde también él pasa la noche. A la mañana siguiente deja un poco de dinero al posadero y le dice que volverá y pagará la posible diferencia.Ha visto al herido, lo ha socorrido, lo ha dejado en buenas manos y continúa su camino. Ahora piensa en sus asuntos personales. Se va. Jesús ni siquiera dice que el samaritano se despidiera del hombre que había salvado.Gerard Sévérin, su interlocutor le pregunta: ¿Eso quiere decir que hay que tener misericordia, dedicarse a los demás, preocuparse por ellos, como hace el samaritano y como decía el párroco de que hablaba usted antes?__Jesús no dice aquí nada de eso.¿Quién es el prójimo? Para este pobre hombre molido a palos, robado y despojado, su prójimo es el samaritano. El samaritano es el que se comporta como su prójimo. Jesús le pide, pues, al hombre que yacía herido en el camino que ame al samaritano que lo ha salvado, y amarlo como a sí mismo.Jesús le enseña "qué es el amor" al que ha sido salvado. Durante toda su vida amará al hombre que le ha prestado atención, asistencia y ayuda material, a ese hombre sin el cual habría muerto. Nunca deberá olvidar al hombre que le ha permitido recuperar su salud. G.S. -¿Cabría decir que, en definitiva, Jesús nos pide reconocer una deuda con respecto al otro, con respecto a los samaritanos de nuestra vida?-Según Jesús, durante toda la vida hemos de reconocernos deudores de quien nos ha ayudado en un momento en que, solos, no habríamos podido continuar nuestro camino. Lo sepamos o no, siempre estamos en deuda con quien nos ayuda en momentos de apuro.G. S.- ¿Eso significa que somos eternamente deudores, esclavos dependientes de quien nos ha sido de alguna utilidad?-No. Ni esclavos ni dependientes, sino seres que aman libremente por gratitud. El samaritano que aparece como modelo de este relato evangélico, deja libre al otro. Se retira de nuestro camino y continúa el suyo. La deuda de amor y de reconocimiento que tenemos con el conocido o desconocido que nos ha ayudado sólo podemos saldarla haciendo lo mismo con otros.G.S.-De este modo, aquellos a quienes hagamos el bien y a quienes ayudemos en un apuro nos servirán para saldar una deuda y para tener buena conciencia.Lea más en la edición impresa en papel
