Evaristo Carriego
Nació Evaristo Carriego, poeta el día 7 de mayo de 1883, en la ciudad de Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos. En la política y en el periodismo entrerrianos, a fines del siglo último figuró con singular relieve un Evaristo Federico Carriego, afamado, sobre todo –y también temido– como polemista. Era el abuelo del poeta. Tuvo un hijo, llamado Evaristo Federico también. Casó este último con doña Angela Giorello, en la misma ciudad de Paraná, y de esa unión nació nuestro poeta, que como el padre y el abuelo, se llamó Evaristo Federico.
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El clavelFue al surgir de una duda insinuativa,cuando hirió tu severa aristocracia,como un símbolo rojo de mi audacia,un clavel que tu mano no cultiva.Quizás hubo una frase sugestiva,o viera una intención tu perspicacia,pues tu serenidad llena de graciafingió una rebelión despreciativaY así, en tu vanidad, por la impacientecondena de un orgullo intransigente,mi rojo heraldo de amatorios credosmereció, por su símbolo atrevido,como un apóstol o como un bandido,la guillotina de tus nobles dedosRevelaciónLujosamente bella y exquisita,con aire de gitana tentadora,llegaste, adelantándote a la hora,rodeada de misterios a la cita.El salón reservado oyó la cuitade una cálida noche pecadora,y el amor de tu carne ofrendadorareventaron las yemas de Afrodita.Fue en esa breve noche de locuras,propicia al Floreal de tus ternuras,que, cual glóbulos de ansias pasionales,tu sangre delictuosa de bohemiainfiltró en el cansancio de mi anemia¡El ardor de los fuertes ideales!En silencioQue este verso, que has pedido,vaya hacia ti, como enviadode algún recuerdo volcadoen una tierra de olvidopara insinuarte al oídosu agonía más secreta,cuando en tus noches, inquietapor las memorias, tal vez,leas, siquiera una vez,las estrofas del poeta.¿Yo? Vivo con la pasiónde aquel ensueño remoto,que he guardado como un voto,ya viejo, del corazón.¡Y sé, en mi amarga obsesión,que mi cabeza cansada,de la prisión de ese ensueñocaerá, recién, libertada!¡Cuando duerma el postrer sueñosobre la postrer almohada!Tu secreto¡De todo te olvidas! Anoche dejasteaquí, sobre el piano, que ya jamás tocas,un poco de tu alma de muchacha enferma:un libro, vedado, de tiernas memorias.Íntimas memorias. Yo lo abrí, al descuido,y supe, sonriendo, tu pena más honda,el dulce secreto que no diré a nadie:A nadie interesa saber que me nombras.Ven, llévate el libro, distraída llenade luz y de ensueño. Romántica loca¡Dejar tus amores ahí, sobre el piano! De todo te olvidas ¡Cabeza de novia!• EN EN EL BARRIO•eeeeeeeeeeeRIOEn el barrioYa los de la casa se van acercandoal rincón del patio que adorna la parra,y el cantor del barrio se sienta, templando,con mano nerviosa la dulce guitarra.La misma guitarra, que aún lleva en el cuellola marca indeleble, la marca salvajede aquel despechado que soñó el degüellodel rival dichoso tajeando el cordaje.Y viene la trova: rimada misiva,en décimas largas, de amante fiereza,que escucha insensible la despreciativamoza, que no quiere salir de la pieza...La trova que historia sombrías pasionesde alcohol y de sangre, castigos crüelesagravios mortales de los corazonesy muertes violentas de novias infieles...Sobre el rostro adusto tiene el guitarreroviejas cicatrices de cárdeno brillo,en el pecho un hosco rencor pendencieroy en los negros ojos la luz del cuchillo.Y muestra, insolente, pues se va exaltando,su bestial cinismo de alma atravesada:¡Palermo le ha oído quejarse, cantandocelos que preceden a la puñalada!Y no es para el otro su constante enojo...¡A ese desgraciado que a golpes maneja,le hace el mismo caso, por bruto y por flojo,que al pucho que olvida detrás de la oreja!.¡Pues tiene unas ganas su altivez airadade concluir con todas las habladurías!...¡Tan capaz se siente de hacer una hombradade la que hable el barrio tres o cuatro días!......Y con la rudeza de un gesto rimado,la canción que dice la pena del mozotermina en un ronco lamento angustiado,como una amenza que acaba en sollozo!
