Falleció el escritor victoriense Carlos Sforza
1El viernes por la noche falleció el reconocido escritor entrerriano Carlos Sforza, un gran hacedor de la cultura de la provincia, informaron desde la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Paraná. El amigo, el escritor, el compañero de tantas jornadas compartidas en el camino de la creación, que nos encontró unidos, para enaltecer el sendero de las letras entrerrianas. El espacio de la ausencia, será el de una ausencia irreemplazable. Hasta siempre Carlos Sforza, con su bonanza y sus medidas palabras en el camino de la amistad.
La casa antigua La casa esa debía ser, si no la más antigua, una de las más antiguas en el pueblo. Apenas habían transcurrido 38 años desde que el Cura de la Bajada del Paraná, Antonio Gil y Obligado, celebrara la primera misa un 13 de mayo de 1810, cuando ya se había terminado la construcción. Yo la había visto de paso. Sin ochava era la casa. De gruesos ladrillos asentados en barro pero de una consistencia que mucho hormigón armado moderno desearía tener. La fecha lucía sobre una reja, en forma de arabesco, con volutas, que estaba encima de la puerta de entrada, sobre una de las dos calles que ocupaba la casa: 1848. También lucía el año en fierro forjado. Las ventanas eran de una seguridad a prueba de ladrones y salteadores. Hierro trabajado tenían las cuatro ventanas amplias del lado de la puerta de entrada. Hierro trabajado tenían las cuatro ventanas amplias del lado de la puerta de entrada. Hierro trabajado las tres restantes que daban sobre la otra calle. La esquina, sin ochava dije, era como cortada a cuchillo. Dicen que en este pueblo, en los años cuarenta del siglo pasado, y en estos pagos también, se vivió la violencia como en muchos otros lugares de la provincia. Los asientos parroquiales anotan muertes violentas en el campo, en las orillas de los arroyos y hasta en el pueblo mismo, aunque éstos casi siempre fueron fusilados. No sé por qué asocio eso que leí por ahí en las crónicas del pueblo, con la casa de 1848. Yo me imagino que para entonces, apenas si habría pocas construcciones en el pueblo incipiente que comenzaba a crecer en torno a la plaza, el oratorio, la comandancia. La casa está a unas diez cuadras del lugar. En cierta ocasión, por esas coincidencias que suelen darse, vi el título de propiedad original. Decía algo así como "Primera clase - Medio Real. Para el Bienio Tridécimo. Gobierno Constitucional de Entre Ríos. 35 y 36 de la Libertad. 1845 y 1846. ¡Viva la Confederación Argentina! Mueran los Salvajes Unitarios. Juzgado de la Victoria. 10 de abril de 1845...". Ignacio Espíndola firmaba el documento. Lo perdí de vista. Pero supe, con certeza absoluta, que ese documento se refería a esta última casa de las primeras construidas en el pueblo. Todos esos elementos: el ver el año, el saber que era de las más antiguas (si no la más vieja) de las existentes, el haber visto y perdido de vista el documento que fue el primer título de esa propiedad datado tres años antes de la terminación, me indujeron a conocer por dentro lo que para mí era pura fachada y una serie inconexa de datos. El 18 de marzo de 1840 José María Britos y Tomás Santa Cruz, ambos casados, murieron de puñaladas en el campo. En junio del mismo año, se asentó en los libros parroquiales, un correntino murió de lanzazos en el campo. Y el 8 de agosto, también del mismo 1840 y en el campo como los anteriores, José Lorenzo López, casado con María Escobar, murió degollado. Comenzaba la década del cuarenta y las muertes se enhebraban una tras otra. Fue entonces cuando Leoncio Carranza, que vivía en el campo, soltero y sin compromisos, era hombre agalludo y de larga fama, decidió venirse al pueblo. Crecía la incipiente ciudad con paso lento. El primitivo oratorio era apenas un rancho con algunas mejoras; a su vera estaba el cementerio, la plaza, la comandancia, las casas de los primeros pobladores que se habían arracimado para formar el cuadriculado del poblado puesto bajo la advocación de la Virgen de Aránzazu. Los vascos, que eran unos cuantos, encabezados por el guipuzcoano Ezpeleta, así lo habían determinado apoyados por otros lugareños. Las muertes en el campo, violentas todas, decidieron la cosa. Algunos decían que Leoncio Carranza algo tenía que ver con esas muertes. En la ciudad parecía como querer sentar cabeza o echar al olvido, si es que algo tenía que echar al olvido, de su vida en el campo. Cuando llegó al pueblo lo primero que hizo fue adquirir una finca no muy cerca de la plaza pero, con sentido de equidistancia, no muy lejos tampoco.Lea más en la edición impresa en papel
