CULTURA ÁRABE LATINOAMERICANA
Gibran Jalil Gibran y su proyección actual (última entrega)
“En estos días de confusión de los valores, o de la pirámide invertida de los mismos, Gibrán resonaría como el agua incontaminada y cristalina de una cascada.”
Proyectar a Gibran a nuestros días, sería como una linterna para alumbrar el camino. En estos días de confusión de los valores, o de la pirámide invertida de los mismos, Gibrán resonaría como el agua incontaminada y cristalina de una cascada, que nos concedería la frescura de los verdaderos valores. Para el mundo hedonista del presente que proclama el valor superficial de la imagen, Gibran nos propone la profundidad donde podremos encontrarnos y la trascendencia donde nos reconoceremos, nos permitiría superar este pragmatismo donde el cambio constante de fines nos impide la permanencia de los principios. Nos confundimos con las coyunturas de las circunstancias para ser una hoja en el vaivén de los intereses materiales. Frente a la falta de reconocimiento del otro en la actualidad, Gibran nos propone un mundo solidario, basado en el amor y la justicia. Antes la soledad, ese espejo de la muerte, por ausencia de nosotros mismos, preocupados por la apariencia de los objetos del mundo, Gibrán nos propone la unión de todos los hombres, liberados de la posesión que nos posee, para reencontrarnos en los valores del espíritu. Porque encontrarnos más allá de los objetos es reconocernos en los valores. Gibrán nos habla del arroyo contaminado, del aire venenoso de las grandes ciudades, de la destrucción de las especies en "La Voz del Maestro". Gibrán es actual en las verdades que nos angustian, en los problemas que nos acucian y en al soledad que nos amenaza, convertidos en símbolos ausentes de nuestros propios destinos. Quizás volver a Gibrán sería reencontrarnos ante la encrucijada de dos caminos, uno que quizás nos hubiese salvado de esta deshumanización por un equilibrio entre la razón y la emoción. Y este otro que transitamos, donde el hombre avanza más lejos de lo que puede elegir o pensar, ignorando las consecuencias ulteriores, y de esta forma despilfarra el futuro de las nuevas generaciones, deslumbrado por el avance científico y tecnológico, que entiende pero no comprende, porque comprender es con el otro, que es una de las formas de la sabiduría. De esa manera actuamos sin tener tiempo de pensar en las consecuencias, ya que anteponemos la acción al pensamiento humanístico. Se rompe la alianza entre la ciencia, la técnica y los valores, pues estos son una rémora para el avance científico y tecnológico, y no hay tiempo para sedimentar principios, ni sentimientos perdurables. Madura el hombre por la emoción que acepta, no por la razón que entiende. Por eso el hombre actual está fraccionado por un reconocimiento racional de lo tecnológico y por un reproche emocional del corazón, que no acepta por sentimiento lo que entiende por razonamiento. Este el dilema de nuestro tiempo y en Gibrán se vislumbra esta alternativa. Para Gibrán todas las religiones conducen a un ser supremo. Sabiduría de comprender, que el todo no puede desechar ninguna de sus partes, sin dejar de ser el todo. Aspiro a que Jalil Gibrán sea leído para poder encontrar el equilibrio entre las verdades de la razón y las del corazón, donde habita la sabiduría.EISE OSMAN
