BOCETOS PARA UN LECTOR
RELATOS INCONCLUSOS
“Lo que nos sostiene en la inquietud y en el esfuerzo de escribir es la certeza de que en la página queda algo que no ha sido dicho.” Cesare Pavese. Ficciones, crónicas y memorias por Alejandra Cordero.
INSOMNIOCuanto más se enredaba en las sábanas, en las mantas tejidas en telar y en el acolchado, mejor se sentía. Sus noches de insomnio se habían vuelto recurrentes en este último tiempo. Desde muchos años atrás sólo muy cada tanto perdía el sueño varias noches seguidas; hasta que alguna noche rendida caía en la cama y volvía a dormir.Recordaba noches de verano en otra ciudad con calor y sin ventilador. Entonces un ruido por minúsculo que fuera la perturbaba y alejaba el sueño de su cabeza. Una de esas noches, entró un saltamontes a la casa y luego a su cuarto puesto que todas las ventanas quedaban abiertas a la espera de una gota de aire que corriese. Pasó una hora, plena madrugada, y ella tratando de sacar el insecto. En realidad para muchos de los que leen esto ahora no parece una situación que ofrece ninguna dificultad. Un saltamontes entra, uno lo saca con un palo, una escoba o algo similar, lo lleva afuera o lo mata si le tiene menos piedad. Pero ella les tiene y les tenía mucho miedo. No puede dormir con el saltamontes ahí al acecho y mucho menos puede sacarlo. El miedo que la habitaba la mantenía inmóvil sentada en la cama de al lado contemplando al saltamontes.Ahora recordaba la imagen con perfección: una funda color celeste bastante subido, con flores pequeñas de dos o tres colores y tallos y allí el saltamontes completando esa estampa de naturaleza. No recuerda cuánto tiempo pasó, ni recuerda cómo se fue o qué sucedió para finalmente dormir.Esta noche es distinto. El miedo es otro. Días pasados se le antojó la idea de que aparecería una mujer o la imagen de una mujer cuasi flotando en el pasillo que da al cuarto. Una mujer vestida de negro, con ojos ahuecados, cabello largo, descuidado y peinado o abierto más precisamente con raya al medio. En su mente la vio. La mujer no hacía nada, simplemente permanecía suspendida. En el caso de que apareciese Lucía no necesitaría que hiciese nada para temerle, su sola presencia sería suficiente. Es más, el solo hecho de pensarla, de haber sido capaz de imaginarla, la asustaba tremendamente. Como si al pensarla le hubiese otorgado entidad y ahora tal el saltamontes estuviese en algún rincón al acecho. Claro que si la mujer llegase a aparecer era un caso bien distinto al del saltamontes. No alcanzaría en ese caso con coraje y un palo o una escoba. Tampoco sería la solución sentarse a contemplarla y esperar que decidiese irse. Sin darles más vueltas al asunto el saltamontes era por lejos un caso mucho más sencillo.Varias noches la pensó y no pudo quitarse la imagen de su cabeza. Le costaba conciliar el sueño y cuando dormía no lo hacía bien. Hacía dos noches había comenzado a dejar la luz prendida y esto en definitiva era peor. Le molestaba la luz para dormir y apagarla era encerrase en un ahogo de oscuridad insoportable. Ahora sentía miedo de permanecer a oscuras. Algo así como si dejar la luz prendida diese algo de ventaja, la posibilidad ínfima de estar alerta y adelantarse al momento de la llegada de la mujer. Intuir algo en el aire, un leve refresco en la atmósfera, un movimiento imperceptible, la huella de una luz que se cuela y se esfuma en milésimas de segundos.Cuando uno está en la cama a la espera de dormirse siente ganas de orinar a cada rato, tiene sed y entonces se levanta y tiene que salir del cuarto para ir al baño o llegarse hasta la cocina por un vaso de agua. Si el desvelo se prolonga aparece el hambre, si se ceno temprano más aún y hay que ir y traer dos o tres bizcochos porque no hay mucho para comer de manera práctica. Luego tratar de que las migas no queden en las sábanas. A veces también algún ruido y entonces levantarse y ver si anda alguien en el patio o merodeando la casa. Y para entonces ya se tiene ganas de orinar de nuevo.Todo el tiempo presentía que la mujer aparecería y aunque no le hiciese daño, la visión sería suficiente. Cerraba la puerta del cuarto y se tapaba casi hasta la totalidad de la cabeza. Y así en esa maraña trataba de pasar la noche.Para el que no duerme la noche se hace larga. A la mañana siguiente el cuerpo duele, los ojos arden, la mente se presenta confusa, los músculos y los miembros están cansados, los órganos adormecidos y el cuerpo se arrastra cumpliendo a lo largo del día con las obligaciones.Esta noche en particular de la que les hablo, Lucía no temía que el espíritu con forma de mujer apareciera sino que podría decirles que casi lo esperaba. Rato después, cuando abrió la puerta para ir al baño, con la vista baja alcanzó a ver un pollerón negro, voluminoso, suspendido a unos veinte centímetros del suelo.Antes de subir la vista supo qué más verí[email protected]
