BOCETOS PARA EL LECTOR
RELATOS INCONCLUSOS
“Lo que nos sostiene en la inquietud y en el esfuerzo de escribir es la certeza de que enla página queda algo que no ha sido dicho.” Cesare Pavese
EN LAS COMARCAS DE LA MEMORIALlega a su casa tras caminar de prisa la última cuadra. Los charcos que ha olvidadosaltar han mojado no sólo sus zapatos sino también el algodón de sus medias. La lluviaes ahora más intensa. Arroja el bolso sobre una silla y se saca decididamente el piloto.Se siente más liviana. Si fuese tan fácil_ se dice_ si para quitar la pesadumbre que sufrenuestra alma alcanzase con sacarse una prenda o arrojar un bolso, con desprender yquitar de nuestro cuerpo un raído piloto. Ni siquiera con arrancarlo hasta convertirloen jiras de gabardina _ agrega mentalmente_. No se trataba de quitarse una prenda,se trataba más bien de arrancarse la piel, de un despellejarse, un dejarse desangrargota a gota hasta agonizar. Un despedazarse que no ofrece respuestas, como no lasofrece la soga, ni el verdugo, ni el filo de la navaja a la piel de la naranja. Detiene suspensamientos un momento y se sonríe. No le ha dado la razón a aquellos labios que seempeñan en insistirle que las cosas pesan. Nunca les dio la razón, ella no loexperimentaba así. Sabía sí, que pesan los besos que se dan por besar, las lágrimasque se vierten nada más que por llorar y las noches compartidas con el único afán dellenarlas. Aquellos labios le reiteraron que las cosas pesan, luego... después pesan...Pero no los quiso escuchar y atrevidamente los cerró. Los usurpó, los saboreó, losintimidó. Sabios trataban de enseñarle algo que ya sabe: no es fácil mirarse a los ojoscuando amanece.Se acerca a la ventana y deja que su mirada se esfume detrás del vidrio. Sus ojosse pierden en aquella imagen. El agua impía azota la tierra, se junta sobre el pasto yatraviesa todo. Aquella imagen se ha venido repitiendo desde su niñez. El aguadevorándolo todo. La tierra que deja de ser tierra, diluyéndose en el agua, pierdeidentidad. Se mezclan, se funden. Librarse de la responsabilidad de ser tierra, volversenada, saberse nada y regocijarse de ello. Aquella imagen le devolvía el miedo quesentía cuando niña. En aquel tiempo ella temía que lloviese demasiado y al igual comose inundaba el patio, se inundara su casa. Entonces la lluvia, devoradora deesperanzas, gigante insaciable, cruel, la atemorizaba. En el presente era ya un miedoestúpido, sin sentido que se había trocado más bien en desolación, ausencia,manifiesto de ausencia, absurda ausencia. Así se siente. Como el húmedo ladrillo deuna casa abandonada que no le basta con no ser el único sino que extraña el vibrar delas voces que ya no están. Desolado, empeñado en rescatar el eco de aquellas vocesinaudibles. Percibe el musgo y las enredaderas que impune trepan, invaden y tapantodo. Presiente tras las paredes derruidas un patio en ruinas. El cemento cuarteadopor los yuyales y en un rincón el naranja brillante de las taco de reina. Bellas y nítidaslas flores. Se sonríe para sí y piensa que no son tan faltas de sentidos sus asociacionesmentales de imágenes. Los hombres suelen parecerse más de lo que creen a esosladrillos de construcciones abandonadas que añoran cosas que fueron y ya no son.Después se esfuerzan por rescatarlas del olvido y almacenar sus huellas, rastrosefímeros de gritos que han desaparecido. Los almacenan para contemplarlos hasta elfin y celebrarles rituales, estúpidos rituales para una realidad inventada.Vinieron a su mente numerosas imágenes, vagas y fugaces. Pinturas sutiles quese han volado. Así, una tras otra sucedían en su pensamiento."Cuatro de la mañana. Afuera una noche de tormenta, el viento sopla con fuerzay arremolina la lluvia. Con él y un amigo en un bar. Beben cervezas. Reencuentro, risas.El miedo a quedarse a oscuras, un relámpago. Y de repente, siente frío. Prestame tupiloto. Gracias""Llueve. Imposible tomarse un remís. Varados en el medio de la ruta. Dos de lamañana. Camiones que pasan y salpican. La ropa mojada se adhiere a sus cuerpos.Deciden caminar. El agua que chorrea por las mejillas, por el cabello y llega a los labios.Se detienen. Un beso. Sus cabellos se enredan, se confunden. Las luces de un auto quelos ilumina, pasa y los salpica.""Ya están en casa, afuera llueve. Se queda a medio vestir y prende una míseraluz. Luego la apaga y enciende la radio. No te vayas, quédate. Le hace un lugar".De noche, las diez, quizá un poco más. Ha llovido todo el día. Cuatro personas enun bungalow. Vísperas de un cumpleaños. Se sacan algunas fotos. Luego siguenbebiendo vino tinto. ¿Llueve? No. Vamos afuera entonces. Los sigue un perro. Quizámañana podamos acampar"."Llueve. Se acabaron las fichas. Seis de la tarde, con amigos tomando mate. No lepegues a la máquina o te vas. ¿Jugamos un pool?"."Medianoche. Baja del colectivo. No están. Llueve. Sola emprende el camino.Llega a su casa y se prepara una taza de café"."Algunas pinturas. ¿Qué hiciste últimamente? Estos collages. ¿EscuchamosRedondos? Dos de la mañana, sigue lloviendo"."Ese es el Shin y el Sshan. Y esa es la historia de Saya_ Sisí y el círculo de baba.Empezó a llover. Diez de la noche, pleno invierno. ¿Tomamos algo?"."Un amigo lee, mientras ella observa alucinada los numerosos dibujos. Seleccionaalgunos. ¿Qué tal lo de la radio? Bien. ¿Seguís escribiendo? Sí. Pasame algo"."Noche de tormenta. Tres personas en una casa. Tirados, charlan, se ríen, seolvidan. Son las tres de la mañana, son tres. Tres vasos y una botella de whisky o quizácafé al coñac. Sí, café al coñac"."Duermen. Media mañana. Despiertan. ¿No fuiste a trabajar? No, decidíquedarme con vos. Afuera empieza a llover. Duermen. Despiertan. Llueveintensamente. Se van a la tarde. Se mojan. Se separan. De nuevo la noche. Ha cesado lalluvia y sus cuerpos se extrañan".Alejandra [email protected]
