Boca apuntó alto y terminó ahogado en un mar de dudas
Incorporó bien salvo en el lateral izquierdo y con el salto de calidad de Daniel Osvaldo se propuso ganar la Libertadores y dominar el frente local. Su cruce copero con River le trajo consecuencias irreversibles
Para Boca fue un triunfo y nada más. La goleada ante Newells, impensada, casi ilógica por lo poquito que ofreció en el campo de juego, apenas sirvió para cerrar la primera parte del año con tres puntos necesarios en el objetivo de mantenerse en la pelea por el título del torneo local. Pero nada cambió la ecuación final, en un semestre que se fue con un claro sabor a decepción, por la eliminación de la Copa Libertadores a manos de River, por el escándalo que rodeó a la misma y también por un equipo que prometió más de lo que cumplió.Arrancó el año como para quedarse con todo y se fue quedando sin combustible con el correr de los días, con un quiebre marcado por el cimbronazo tremendo de lo ocurrido en el Superclásico copero de la Bombonera del que jamás se pudo recuperar. De allí en más, bajaron notablemente los rendimientos individuales, y con ellos el funcionamiento de todo Boca.El fenómeno Osvaldo duró la luz de un fósforo, la que terminó encendiendo una mecha que hizo estallar una bomba. El refuerzo estrella debutó con todas las luminarias, encandilando con su juego y con su potencia goleadora, pero ese perfil mediático que tanto preocupaba a la hora de su llegada acabó rápidamente con todas las expectativas. Su vida privada lo perjudicó en lo deportivo y el mismo delantero que pintaba para ídolo quedó en medio de las sombras, sin saber a ciencia cierta que pasará con su futuro.En este mercado Boca compró mayormente bien, salvo en el puesto de lateral izquierdo, y armó un equipo competitivo, de buena presión, con juego en el medio y contundencia en ataque. Sin embargo falló en un aspecto fundamental ligado a la historia del club, el que tiene ver con la entrega, la garra y la personalidad. Fue superado en ese aspecto en los cruces con River, y tras la eliminación no tuvo la respuesta necesaria para salir rápidamente del golpe anímico.Fallaron los referentes, desde el arquero Agustín Orión, pasando por el Cata Díaz, siguiendo por Fernando Gago y terminando por el mencionado Daniel Osvaldo. Y aunque el Cata levantó en el último choque ante Newells, quedó la clara sensación de que este Boca es frágil desde lo anímico, tal como lo reconoció su propio entrenador. A la primera contrariedad, se derrumba. Un defecto que no pudo solucionar en todo este lapso.Y hablando del técnico, también vale un párrafo aparte para él. Supo armar una formación interesante, con una buena idea de juego, pero falló en la elección de los jugadores en momentos claves, como los dos choques ante River. Arriesgó demasiado en su movida de rotación, no se la jugó por un once titular y terminó devorado por su propia confianza de creer que tenía más recambio del que en realidad contaba.Ahora es tiempo de descanso. Sin embargo hoy son más las dudas que las certezas en cuanto a lo que pueda venir en la vida de Boca, porque aún no se sabe que jugadores seguirán, quienes se irán y cuales pueden venir. Demasiadas incógnitas para un equipo que necesita de manera urgente reencontrarse con el éxito.
