Boca-Chicago, el fútbol ilógico
El puntero e invicto, con un plantel millonario en dólares, no pudo con el modesto y laborioso Chicago. Una constante de Boca en el torneo, que esta vez vivió de manera cruda en la propia Bombonera
El final del partido dejó marcada a fuego, una vez más, una frase tan remanida como cierta, la que habla de que el fútbol a veces no respeta ninguna lógica. El Boca poderoso, invicto y puntero, con un plantel armado en base a una inversión millonaria en dólares, con figuras de jerarquía internacional como Osvaldo y Lodeiro; no pudo ante uno de los más modestos del torneo, Nueva Chicago, forjado en jugadores de sus divisiones juveniles y refuerzos con cartel de "ascenso".Y tal vez allí, aunque parezca una contradicción, estuvo una de las claves para entender el 0 a 0 que decoró de manera increíble el cierre del encuentro. Ese Boca desbordado de lujo careció del hambre que le sobró a Chicago. Salió a la Bombonera como si ya tuviese ganado los tres puntos, entendiendo que la victoria se iba a dar por el simple peso de sus nombres sumada a la escasa jerarquía del rival, y en esa idea renunció a una de sus principales virtudes de este año, la de la intensidad de su juego, la de pelear cada pelota como si fuese la última. Argumento que pareció pasar de manera mágica a la vereda de enfrente, con un conjunto de Mataderos que sabiendo de sus limitaciones corrió los noventa minutos, sin renunciar al orden defensivo, y hasta animándose a ir por más.La displicencia del local lo condenó a la frustración, ya que cuando quiso reaccionar fue demasiado tarde, porque las ideas se nublaban cada vez más, las piernas no respondían y el rival ya se sentía dueño impensado de la tarde.Una señal preocupante para este Boca sensación, que domina el torneo y la Copa, al que le viene costando superar a este tipo de rivales, que se le agrupan bien atrás y equiparan fuerzas con el simple argumento de correr y luchar. Así sufrió ante Rafaela y Defensa de local, a los que venció con dificultad; y así padeció ante Temperley, Colón, San Martín de San Juan y Huracán. Todos con antecedentes frescos de ascenso y un denominador común, el de pelearle los partidos con sacrificio.Cuando no logra abrir el marcador rápidamente, el equipo del Vasco sufre, se obnubila, va ciego, confunde las ideas y termina sumergido en la impotencia, atrapado por la telaraña que tejen sus adversarios. Situación a la que esta vez contribuyeron también los bajos rendimientos individuales de sus figuras clave, como Lodeiro, Osvaldo, Pérez y Meli, entre otros.Tal vez el inminente regreso de Fernando Gago le abra una alternativa distinta para superar en el futuro este tipo de escollos, pero lo cierto es que hoy parece ser un tema sin solución, preocupante, para un equipo que quiere dar pelea en el torneo y la Libertadores.Debe aprender a jugar partidos así, con esta dificultad, si quiere colgarse la chapa de candidato. En caso contrario, la maravillosa ilógica del fútbol lo seguirá castigando sin reparar en el peso de los dólares ni en el brillo de sus figuras.
