Historias Mínimas Deportivas
El deporte, los hijos y los padres
Compartimos una nota de c olor sobre cómo viven los grandes el deporte de los chicos. Las buenas y las malas costumbres, el juego y la competencia.
por Santiago Joaquín GarcíaCada semana, clubes, gimnasios, potreros, y espacios de los más variados, reciben a cientos de niños que practican deportes. La mayoría de ellos, lo vive como un juego, porque ése es precisamente el sentido del deporte en la niñez. Lamentablemente, muchos adultos no se dan cuenta de esto, no lo saben o no les importa, y lo que debería ser el acompañamiento de una actividad formativa, la transmisión de valores, muchas veces se convierte en una carga, una presión más para los chicos que suele tener en la enorme mayoría de los casos consecuencias negativas."Que ella sepa que la acompañamos"Juan Manuel y Mariela vivieron su bautismo el fin de semana pasado. Acompañaron a su hija mayor, Juana, a jugar al básquet a Gualeguaychú. "Dejé mis cosas, mis partidos de paleta y de fútbol, como no lo hubiera hecho por otro evento, para el primer partido de mi nena" -nos cuenta él. "Desde la noche empezamos a aprontar todo en familia, con la idea de estar ahí, que ella sepa que la acompañamos". Ella es chiquita, entonces "no lo toma como una competencia, es una forma de juego, aunque uno ve que ellos quieren ganar y festejan". Todos los padres del mismo equipo "estuvimos juntos, y por supuesto que hay gritos de aliento, mucha adrenalina cuando entraron a la cancha" y lo más importante de todo es que "a ella le gustó, sabía que se iba en colectivo sola, no hubo ningún problema, la llevaron al cole, se pegaban a la ventanilla, saludaban". Y uno de los denominadores comunes que muchos padres comparten, es que los chicos "hacen grupo, se relacionan, que es la idea, tener vivencias con su profe, lo que queremos como padres es que los chicos se críen en un club, porque por ahí eso se ha perdido". Finalmente, dejaron en claro que "tratamos de inculcar eso y acompañarlos y no estar exigiéndoles nada"."Ni pienso si me gusta"Dos que tienen más años de experiencia son Gisela y Sebastián. Ella nos cuenta que "desde chiquito, cuando tenía dos años iba a Central a práctica, al principio era toda una experiencia y el profesor no les exigía". Luego por diversas cuestiones "siguió yendo, pero se me complicó cuando quedé embarazada" y tuvo que cambiarse porque necesitaba "que lo vengan a buscar". Ellos ahora están en otra etapa, porque "todos los fines de semana hay diferentes torneos, con otros clubes, empezaron a jugar acá, a viajar a Mansilla, medio cerquita, pero también es una linda experiencia para ellos". Y un gran mensaje: "él está muy entusiasmado, y yo como mamá lo sigo lo apoyo, es cansador el ambiente, pero ni pienso si me gusta o no, porque lo veo entusiasmado". Otro valor importante que destacamos de esta entrevista, es que llegado cierto momento "es una responsabilidad ya, porque si falta a un torneo, se descompagina todo". No está bueno presionarlos, pero enseñarles el valor de la responsabilidad es muy importante. Además nos cuentan que "se hacen de un grupo de amigos desde chiquito", y algunos padres "los cambian de club porque tiene problemas con el entrenador, o con alguna persona del club, y se llevan a su hijo a otro club, pero siguen tan amigos, que algunos terminan volviendo". Vemos en esa anécdota que hay que correrse del centro y comprender que lo importante son los chicos. Sebastián también destaca un aspecto muy importante ya que "así como muchos padres usan a sus hijos para obtener un beneficio, otros trabajan mucho para poder comprarles botines, camisetas, venden cosas, ayudan haciendo pollos, tortas fritas, y todo lo hacen a pulmón, para que los gurises tengan una ayuda para comprar lo que sea". Lógicamente, el acompañamiento es también anímico, porque hay alegría o amargura "junto con ellos de acuerdo al resultado". Finalizando, otro gran valor propio del aspecto formativo de los clubes es que como no sucede casi en ningún ámbito de la vida "se mezclan todas las clases sociales, todos son iguales y hay mucho compañerismo".Las malas experienciasHasta ahora hemos compartido dos relatos que destacan, fundamentalmente, las buenas costumbres. Lamentablemente, algunos padres han vivido experiencias negativas. Sin dar nombres, para no herir susceptibilidades y porque el sentido de la nota no es "denunciar", vamos al caso en sí. "Me tocó hacer de árbitro en algunos partidos de fútbol infantil, como una forma de colaborar con el club", nos cuenta el padre de dos chicos. Por cuestiones laborales, "se me complica ayudar con la venta de pollos, entonces me pidieron si podía dar una mano dirigiendo algunos partidos de los chicos". No fue poca su sorpresa cuando se encontró con "padres que te putean si no cobrás lo que a ellos les parece". Y nos aclara que "seguramente me puedo haber equivocado, pero por empezar no soy árbitro, y además el resultado no me beneficia ni me perjudica en nada, no me importa, traté de cuidar a los chicos". Sin embargo, desde afuera el mensaje a veces es otro, porque "algunos le piden a los chicos que vayan fuerte abajo, les exigen que se tiren, que peguen, que hagan goles, como si fuera una cuestión de tener ganas de hacer un gol". Y esto no es una cuestión de género, porque "algunas madres dicen peores cosas que los varones". En conclusión, "mi experiencia fue muy mala, no me dan ganas de dirigir nunca más, pero si lo tengo que hacer, lo hago por mis hijos".Frustración y formaciónLa nota nos deja el lugar para ciertas reflexiones finales. Entre los derechos del niño (lamentablemente, al igual que el de los hombres no suelen ser muy respetados), el de realizar actividades recreativas y el de una educación gratuita aparecen juntos. Esto lejos de ser una casualidad, tiene que ver con el valor que tiene el juego en el aprendizaje. Los padres que no respetan esto, y que cargan el peso de sus frustraciones (económicas, deportivas o ambas) sobre las espaldas de sus hijos, le efectúan un enorme daño, que muchas veces no tienen la capacidad de comprender. Estos tiempos que vivimos en los que el éxito aparece como un valor supremo, sin importar el mecanismo con el que se alcanza, han enfermado al deporte que originariamente fue entendido como la educación del cuerpo. No es lo mismo inculcar la pasión, que fomentar la locura. Afortunadamente, la enorme mayoría de los padres que acompañan a sus hijos para que practiquen deporte en nuestra ciudad, tienen clara esa diferencia, y no solamente les hacen un bien a sus propios hijos, si no que directa o indirectamente, colaboran para mejorar el futuro de nuestra sociedad.
