Fútbol, negocios y política
Mario Alarcón Muñiz El fallecimiento de Julio Grondona reactualizó el debate sobre el autoritarismo y la excesiva permanencia en el poder. La vinculación del fútbol con otras actividades no precisamente deportivas también está en tela de juicio.
En mayor o menor medida, ya sea de manera directa o marginal, en la actualidad el fútbol forma parte de nuestra vida. Se ha inmiscuido en ella de tal forma que sólo una ínfima minoría puede considerarse ajena a las cuestiones del fútbol. Es muy difícil -si no imposible- aislarse hoy de este fenómeno cultural de nuestro tiempo, más allá de lo específicamente deportivo. Si algo faltaba para comprobarlo, quedó en evidencia en ocasión de la reciente copa del mundo, de la que nadie estuvo al margen. Las razones de esta incorporación a la vida y costumbres de la gente, las sabrán explicar los sociólogos. Mientras tanto, es innegable que se trata de uno de los importantes cambios de efectos contradictorios, alcanzados por el mundo durante el reciente siglo XX "cambalache problemático y febril", acentuados y expandidos en el siglo XXI. De ahí que no resulte extraña a la vida nacional, la muerte de un importante y longevo dirigente del fútbol. Menos aún cuando ha permanecido al frente de esa actividad por el término de 35 años, sin abrir espacios para su relevo. Es el caso de Julio Grondona. El impacto que produjo su deceso confirma lo que arriba señalamos. Se abre una nueva etapa -hasta ahora desconocida por inexplorada- en el mundo del fútbol y en su relación con la política, la economía y muchas otras actividades. Hasta el miércoles a nadie se le había ocurrido pensar cómo seguiría la historia cuando faltara Grondona. No sólo su poder en la AFA, sino también su vicepresidencia de la FIFA durante 28 años y su manejo mundial de las finanzas del fútbol y los negocios con la televisión en este máximo organismo, lo presentaban como irreemplazable. Su capacidad nunca estuvo en duda. Su autoritarismo tampoco. Según dicen quienes lo conocieron, manejaba todas las cosas -inclusive sus negocios particulares- a la manera de los caudillos o de los antiguos patrones. Sonrisas, palmaditas, pero "se hace lo que yo digo", en todo caso aflojando algunos pesos u otros favores.Sin oposición Así mantuvo el poder. Nadie se le opuso en los 35 años de la AFA. Los muy pocos que lo intentaron terminaron mal. Su palaba siempre fue la definitiva en todos los casos. Manejó los hilos a su antojo, desde la designación de un árbitro cuando había controversia, hasta un contrato de millones de dólares. Los temas se trataban en el consejo directivo, pero todo estaba sujeto a "lo que opine don Julio". Así se produjeron aciertos como el torneo Nacional B (hasta ese momento casi todo estaba circunscripto a Buenos Aires) o la construcción del complejo de Ezeiza (entre los mejores del mundo, dicen) y mamarrachos como el descenso por promedio, la prohibición de público visitante o el campeonato de 30 equipos. Mientras tanto, el manejo financiero también ha sido ejercido por Grondona hasta el miércoles pasado. Revelan las estadísticas que los clubes, en general, están peor que hace 30 años. Salvo un par de excepciones, todos le deben a cada santo una vela. Y cada vez más velas. La AFA tiene plata. Los clubes no. A la chequera la maneja el patrón. Es el método más antiguo para conseguir adhesiones y reelecciones.Las cuentas oscuras El fútbol argentino es deficitario por donde se lo mire. Para tratar de revertir los balances negativos, don Julio arregló la televisación de los partidos en la década de los '90, con el grupo Clarín y TyC, vanagloriándose entonces de haber alcanzado la solución. En 2009 un proyecto del gobierno para transmitir los partidos a través de la TV pública anulando aquél convenio, movió el sillón de Grondona. Pero los viejos caudillos de esto saben mucho y don Julio, sin inmutarse, acomodó las piezas. No sólo aceptó el Fútbol para Todos, sino que se puso al frente, denunciando el acuerdo anterior como el peor que había firmado en su vida. Es una buena iniciativa el Fútbol para Todos. Sólo se objeta su costo, que este año se calcula en 1.500 millones de pesos, suma que aún puede ser mayor y la pagamos todos porque apenas tiene un anunciante. Eso de la gratuidad es un cuento. Supuestamente la cifra, como la anterior que abonaban Clarín y TyC, está destinada a los clubes participantes. Puede ser. La verdad es que los clubes están cada vez más endeudados.Violencia, muertos y barras En general fueron buenos los resultados deportivos de la gestión Grondona. Un campeonato del mundo (1986), dos subcampeonatos (1990 y 2014), medallas de oro en dos juegos olímpicos (2004 y 2008) y seis títulos mundiales juveniles (1979, '95, '97, 2002, '05 y '07), respaldan al dirigente fallecido. Pero fueron 35 años. Un lapso muy superior al común en cualquier actividad. Los problemas que se transfieren a la próxima administración del fútbol, son muy pesados. Y no sólo el económico. Alguien tendrá que resolver una cuestión grave a la que Grondona no le otorgaba mayor importancia: la violencia y la acción de las barras bravas. Durante su gestión hubo 171 muertos en el fútbol. Se dirá también que son 35 años. Pero sólo el año pasado, ya impuesta la absurda restricción al público visitante, fueron 14 las víctimas fatales. Poco se duda de la vinculación de este asunto con la política, la relación de las barras bravas con dirigentes políticos y deportivos y la vigencia de una red delictiva que abarca desde "trapitos" hasta narcos, pasando por policías y funcionarios. Va mucho más allá del mundo del fútbol y es la negra herencia de Grondona.
